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¿El demonio existe? ¿Qué dice la Biblia?

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Algunos dicen que el Antiguo Testamento no habla de él

En síntesis: El presente artículo examina los fundamentos bíblicos y tradicionales de la creencia en la existencia y en la actividad del demonio, visto que en los últimos tiempos se está negando con énfasis tal artículo de fe. La negación procede de preconceptos o también del deseo de disipar caricaturas del ángel malo existentes en la creencia popular.

El asunto no es del área filosófica, sino que es estrictamente teológico; por tanto la explicación del mismo depende de la Revelación oral y escrita, que la Iglesia, como Madre y Maestra asistida por Jesús, ha transmitido a los fieles.

En las últimas décadas, especialmente en los años más recientes, autores cristianos han negado la existencia del demonio a través de la prensa escrita y de otros medios de comunicación. Algunos lo hacen superficialmente, casi en un estilo de impacto y sensacionalismo. Otros pretenden probar que el demonio no existe, sino que fue introducido en la Biblia y en la Tradición cristiana por influencia del paganismo.

Más recientemente aún, Geraldo E. Dallegrave, muy conocido por sus obras de apologética católica, escribió al respecto en la Gazeta do Povo de Curitiba, edición del 23/8/92, un artículo superficial e incorrecto, que dejó perpleja a una parte del público. Es posible que las deformaciones del concepto de demonio hayan llevado a Dallegrave a una posición extrema, posición, además, muy mal fundamentada y poco acorde con el pensamiento cristiano.

En verdad, ningún teólogo tiene interés en detenerse mucho en la existencia y acción del demonio. Este es “un perro encadenado, que puede ladrar violentamente, pero sólo consigue morder a quien se le acerca” (S. Agustín).

Sin embargo, por respeto al patrimonio de la fe, el teólogo está obligado a tratar el asunto cuando se levantan cuestiones al respecto. Los criterios para abordar tal tema no son los de la Filosofía, sino los de la Revelación Divina, o sea, la Palabra de Dios oral y escrita (S. Escritura) tal como nos llega a través de la Iglesia, Madre y Maestra.

Comencemos, pues, por examinar el testimonio bíblico, teniendo en cuenta en especial el artículo de Geraldo E. Dallegrave.

¿Qué dice la Biblia?

1. Geraldo E. Dallegrave da a su artículo un título infeliz: “el término “demonio” no aparece ni una sola vez en el original del Antiguo Testamento”.

– Ahora bien, el texto original del Antiguo Testamento fue casi todo escrito en hebreo, lengua sagrada de los judíos; en griego tenemos sólo los libros deuterocanónicos¹: Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, ½ Macabeos, Sabiduría, además de fragmentos (Daniel 3,24-90; 13,1-14,42; Ester 10,4-16,24). En consecuencia, se comprende que el texto original (hebreo) del Antiguo Testamento no puede presentar el vocablo daimon o daimonion (= demonio), que es griego. ¿Será que Dallegrave no percibe la incoherencia de su título?

Aunque no existe la palabra griega daimon en los escritos hebreos del Antiguo Testamento, existen palabras hebreas equivalentes, como son:

a) Satán = Adversario. Este es un ángel que aparece en el libro de Job como detractor del hombre y causante de sus desgracias; cf. Job 1,7; 2,2; ver también 1Rs 22,19-23. Más claramente en 1Cr 21,1, donde Satán es visto como el que instiga al hombre al pecado;

b) Belial, beliyya’al (= ¿sin utilidad?) es el ángel malvado, mencionado en 2Sm 23,6: “Los hombres de Belial son todos como la espina rechazada…”; Job 34,18: “Dios, que dice a un rey: “Belial (…)”.

San Pablo designa como Belial al jefe de los espíritus malos, que se opone a Cristo y se manifiesta en la vida de los paganos:

“¿Que acuerdo hay entre Cristo y Belial? ¿Que relación entre el fiel y el infiel?” (2Cor 6,15).

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