Aleteia

¿Acumular bienes o «volver a Dios»?

Comparte

El testamento espiritual del genial cineasta ruso Tarkovski

El cineasta ruso Andrei Tarkovsky aseguró que una bruja le había profetizado que sólo realizaría siete películas pero que las siete serían importantísimas. Y así fue. Cada uno de sus títulos es material para cinéfilos: ‘La infancia de Iván’ (‘Ivanovo detstvo’, 1962), ‘Andrei Rublev’ (‘Andrey Rublyov’, 1966), ‘Solaris’ (‘Solyaris’, 1972), ‘El espejo’ (‘Zerkalo’, 1975), ‘Stalker’ (1979), ‘Nostalghia’ (1983) y ‘Sacrificio’ (‘Offret’, 1986). Filmó también un mediometraje en Italia: ‘Tempo di viaggio’ (1983).
 
Su padre, Arseni Tarkovski, era un importante poeta, que además traducía poesía del turco, del georgiano, del armenio y del árabe. Abandonó a Andrei cuando tenía tres años. La sombra del padre persiguió siempre al hijo: Andrei, de hecho, murió en 1986, tres años antes que su padre. No llegó, pues, a ver la Caída del Muro de Berlín. Andrei siempre envidió y admiró a los poetas, y llegó a declarar que “si yo escribiera poesía como la de Pasternak, no me habría hecho cineasta”. En cuanto a su madre, fue una mujer de firmes convicciones cristianas, con quien mantuvo un vínculo estrechísimo.
 
Formado en la escuela de cinematografía de Moscú, muchos consideran que el cine de Tarkovski es el paradigma del cine lento, de autor, muy libre en las formas y narrativas, lleno de elementos oníricos y psicológicos, incomprensible para el gran público.
 
 
 
Un fotograma de la gran película de 1966 Andrei Rublev
 
Para colmo, desde que dirigió la monumental película "Andrei Rublev" en 1966 sobre el famoso pintor medieval de iconos (santo para la Iglesia Ortodoxa desde los años 80), las autoridades soviéticas pasaron a vigilar su obra con lupa, sospechando críticas detrás de cada escena y símbolos ocultos. También en occidente, cuando dejó la Unión Soviética en 1980, los críticos decidieron buscar simbolismos abstrusos tras cada fotograma, que a veces existían pero otras muchas no. Si era difícil entenderlo a ojo desnudo, con mentalidad conspirativa lo era más.
 
Hay críticos que no han entendido la obra de Tarkovski porque no han visto que sus personajes, sumidos en una búsqueda interior estéril y vacía, pese a todo sospechan que hay esperanza, pero está más allá del mundo, en Dios. Tarkovski busca impactar mediante la belleza, romper las formas establecidas y despojar al espectador para que se acerque a lo divino. Amaba la naturaleza (viento, fuego, agua…) pero a menudo le servía para expresar la parte oscura del hombre: la naturaleza es hermosa, pero silenciosa ante las grandes preguntas; en cambio, Dios, de alguna manera, habla.
 
Un profeta contra el materialismo

Tarkovsky siempre denunció la grieta entre el materialismo y la realidad del hombre, que es un ser espiritual. Como un profeta, avisaba de que esa grieta destruiría las sociedad materialistas, fuesen comunistas o consumistas. El arte era para él el primer paso para escapar de esa dictadura materialista. La verdadera belleza del arte, insiste, está más allá del hombre, es liberadora porque evoca otro mundo superior.
 
 
 
El cineasta en los años 80
 
Sus últimos seis años vivió a caballo entre Europa y Estados Unidos; Italia, con su infinito caudal artístico, lo acogió de modo particular.
 
Su película "Sacrificio" se estrenó después de su muerte. El periódico italiano "Il Sabato" publicó en esas fechas, el 30 de mayo de 1987, un texto póstumo de Tarkovsky que todos consideran el testamento y la profecía espiritual del genial artista, poco antes de fallecer con 54 años, que había penetrado en el alma del vacío comunista y en el occidente materialista. Este es el texto que queremos ofrecer aquí.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.