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Mexicana con discapacidad crea exitosa cadena de favores

© trueqmx.org
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“Soy un instrumento de Dios”

“El sufrimiento humano puede mostrar la bondad de Dios. Es posible que la experiencia del sufrimiento desanime y deprima a mucha gente, pero en las vidas de otros puede crear una nueva profundidad de humanidad: puede traer nueva fuerza y nueva intuición. El camino para comprender este misterio es nuestra fe” (san Juan Pablo II).
 
San Juan Pablo II, quien a imitación de Cristo supo abrazar con amor los tremendos sufrimientos que marcaron su vida –desde su niñez hasta su partida a la Casa del Padre– inspiró la obra que, desde su propio sufrimiento físico, realiza Maite Ibarra García.

Al momento de nacer, a los médicos se les pasó la anestesia, y a Maite le faltó oxígeno, lo que le provocó parálisis cerebral; esto afectó su capacidad de movimiento físico y el habla, pero “gracias a Dios”, no afectó su coeficiente intelectual, y mucho menos su capacidad de amar y de darse a los demás, que en su caso es muy superior a la de muchos.

Conocer a Maite es una experiencia gratificante que nos llama a la reflexión sobre nuestro papel en la sociedad. Es pequeña de estatura y tiene dificultad para desplazarse y expresarse, pero también una sonrisa y una alegría que contagian, especialmente cuando habla de la satisfacción que siente de aportar algo a la sociedad a pesar de su discapacidad.

No desprecien ningún sufrimiento, hagan el bien a través de ellos”, decía el Padre Pío a sus hijos espirituales. Esto, Maite lo pone en práctica cada día, porque decidió darle un sentido a su sufrimiento y abrazarlo con amor, como le enseñaron sus padres desde niña.

“Para mis papás, el momento de mi nacimiento fue muy duro; no sabían si iba a poder hablar, si iba a poder caminar o si iba a ser un vegetal”, relata en entrevista para el semanario Desde la fe.

Pero como ella misma dice, “soy un instrumento de Dios” y gracias a eso ninguna meta ha sido imposible de alcanzar: es Licenciada en Filosofía, tiene una maestría en Desarrollo Humano y otra en Psicopedagogía, y especialidades en Grafología y Terapia Conductual.

“Mi familia me educó con mucha fe; mis padres siempre me dijeron que podía hacer todo si me esforzaba, que no se iba a caer el mundo por la discapacidad que tengo, que tenía mucho que dar y mucho que hacer; me enseñaron a darle gracias a Dios porque al final de cuentas Él me permitió estar aquí para muchas cosas buenas”, cuenta Maite.

Y a eso precisamente se dedica. Nadie, al ver su fragilidad física, podría imaginar la gran fuerza interior que la impulsa: su amor a Dios y el inmenso deseo de dejar huella en este mundo haciendo el bien.

Gracias a eso ha logrado crear una gran cadena de favores a través de Trueqmx, una fundación que creó a finales de 2010, sólo con las ganas de querer aportar algo a la sociedad. “A pesar de mi discapacidad, yo sabía que tenía mucho que dar, que todos tenemos mucho que dar”.

Su inspiración fue el Papa Juan Pablo II: “Él es filósofo como yo –dice sonriendo– pero lo admiro porque era muy humano, alguien muy cercano a Dios, pero también muy cercano a la gente”.

“Desde el primer día que empecé con esto, dije: ‘Dios mío, aquí estoy, Tú haz lo que quieras conmigo, yo le voy a echar ganas, si tengo que pasar por circunstancias difíciles, ayúdame”.

Con la ayuda de Dios y su inagotable entusiasmo, Maite ha creado una exitosa cadena de favores. Todo empezó con la organización de una posada para los niños de un albergue. “Publiqué en mis redes sociales la solicitud de ayuda, y fue tal la respuesta que me alcanzó para hacer cinco posadas”.

En ese momento –explica– le “cayó el veinte” de que había un nicho muy grande que explotar si se dedicaba a contactar gente que pudiera ayudar a quienes lo necesitan.

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