Aleteia

¿Qué piensa el Papa Francisco sobre… los curas?

© ServizioFotograficoO R/CPP
Papa Francisco saúda padres
Comparte

Un recorrido por el pensamiento del Papa Francisco desde que era Jorge Mario Bergoglio

Pertenecer al Pueblo de Dios siempre tiene la forma de la donación, que cada uno expresa desde su situación e inclinaciones personales. Por eso la Iglesia no es una estructura uniforme, sino infinitamente rica y variada como infinita es la imaginación del Señor.

Dentro de esta diversidad el Papa Francisco siempre ha dedicado una atención especial a los rasgos específicos del presbítero, por ser una vocación tan esencial a la vida misma de nuestra comunidad.

El sacerdote ya no recibe en las sociedades contemporáneas la estima automática que antes generaba al serle reconocida y valorada su entrega a Dios. Con mucha frecuencia está sometido a la crítica y al juicio ajeno de una forma más severa por dejar que su presencia destaque entre los cristianos cumpliendo con su promesa de protegernos y ampararnos. Al mismo tiempo el moralismo que ha inundado el interior de los grupos eclesiales se ha vuelto muchas veces en contra de los curas, a los que algunos creen justificado exigir más que a los demás.

Francisco siempre insiste en que el presbítero es un regalo del cielo, y que en él se manifiesta una elección que lleva aparejados los dones necesarios para la realización de su labor: dar la vida por la comunidad concreta que se le ha confiado.

Por eso también es el primer llamado a la misión, ya que tiene que ir al encuentro de su Pueblo y necesita del ardor misionero para acercar a todos la unción que se le ha dado. Es lo que quiso remarcar el Papa en la primera misa crismal tras ser elegido:

“El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco (…) se pierde lo mejor de nuestro pueblo (…). El que no sale de sí, en vez de mediador se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor “ya tienen su paga” y, puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades, o bien de novedades, en vez de ser pastores con “olor a oveja” -esto os pido: sed pastores con “olor a oveja”, que eso se note.”

Al pedir a los presbíteros que sean buenos pastores Francisco les conmina a preservar, sobre todo, tres cosas: la fidelidad a Cristo que nace de un corazón enamorado que escucha Su Palabra y hace memoria diaria de Él en la Eucaristía; el ardor misionero que surge de la cercanía al Señor y que pone cierto énfasis en la preferencia por los pobres, por los más necesitados, por quienes habitan en las periferias existenciales; y, por último, la alegría en la victoria de Dios, que éste concede a quienes no buscan su gloria, sino la del Padre que los envía en medio de los hombres.

Ya decía Jorge Bergoglio en el año 2011: “No basta con que nuestra verdad sea ortodoxa y nuestra acción pastoral eficaz. Sin la alegría de la belleza la verdad se vuelve fría y hasta despiadada y soberbia.” No sólo les sucede a los curas. Cada uno de nosotros, que por el bautismo somos también sacerdotes, profetas y reyes, estamos llamados a llevar esta verdad a los demás con verdadera leticia, buscando la colaboración con párrocos y obispos, no por servidumbre ni con servilismo, sino por fidelidad al Hijo del Hombre.
 
 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.