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La Iglesia nombra un «guardián» para la Amazonía

© sara y tzunky
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Monseñor Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo (Perú), es el nuevo enlace CELAM-REPAM

Los pueblos amazónicos, celosos con el cuidado del medio ambiente, ya tienen a un representante de la Iglesia que interceda por ellos ante gobiernos, entidades civiles y eclesiásticas, sea en el ámbito nacional como internacional.

Se trata de monseñor Pedro Barreto Jimeno, SJ, arzobispo de la localidad peruana de Huancayo, quien fuera durante cuatro años, presidente del departamento de Justicia y Solidaridad (DEJUSOL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Tal como informó ALETEIA, Barreto Jimeno presentó semanas atrás un informe del CELAM en una audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en la que sentaron posición frente a la vulneración contra los derechos humanos de las poblaciones autóctonas, afectadas por las industrias extractivas en América Latina.

En el informe advirtieron que los denominados conflictos socio-ambientales “no solo han sido fuente de inestabilidad social en los países de la región, sino que también han vulnerado los derechos de las personas y se ha favorecido a la inversión privada en desmedro de estos, a lo que hay que sumar los casos de corrupción que esto acarrea”.

Un encargo especial

Fue durante la última XXXV Asamblea General del CELAM realizada este mes de mayo en Santo Domingo (República Dominicana), donde el arzobispo Barreto Jimeno elevó un informe como entonces presidente de DEJUSOL, en el cual destacó la creación de la Red Eclesial Pan Amazónica (REPAM) para la defensa de la Amazonía y sus pobladores.

Destacó que la REPAM fue presentada en el mes de marzo al papa Francisco, "como un espacio de diálogo, de concertación de voluntades de muchos grupos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos a lo largo y ancho de la Amazonía que tiene más de 7 millones de kilómetros cuadrados".

Explicó también que la Amazonía es “fuente de vida en el corazón de la Iglesia”, como se define en su lema, por lo que es importante atenderlo en sus tres niveles: Geográfico, con sus más de 7 millones de kilómetros cuadrados; Poblacional, donde viven unos 37 millones de habitantes, de los cuales 3 millones son nativos con sus culturas ancestrales, la mayoría pobres; y, en tercer lugar, por el hecho que la Amazonía produce el veinte por ciento del oxígeno del planeta.

Al final de la Asamblea, los obispos latinoamericanos hicieron público un mensaje firmado por los participantes, mediante el cual acogen y respaldan la creación de la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM), a fin de "responder de manera eficaz y orgánica a los desafíos de la Amazonía, y a asumir juntos la responsabilidad por la misión eclesial en la región”, según expresaron.

Por unanimidad, los obispos eligieron a monseñor Pedro Barreto como enlace entre el REPAM y el CELAM, así como con el Vaticano, pues según trascendió, el papa Francisco está muy interesado en su realización, continuidad, seguimiento y acompañamiento.

Manos a la obra

Al nuevo obispo-enlace de la REPAM le esperan enormes retos en la Amazonía, sean de carácter divulgativo sobre el cuidado de la creación, así como por los denominados conflictos sociales medioambientales que son de nunca acabar en la región.

Solo en el Perú, de donde proviene monseñor Pedro Barreto, la Defensoría del Pueblo tiene identificados 139 conflictos sociales originados entre agosto de 2011 y mayo de 2015, debido a posiciones encontradas por la preservación del medio ambiente. Las cifras arrojan un lamentable balance de cerca de 33 muertos y 830 heridos entre policías y civiles.

El informe del ente gubernamental precisa que las pérdidas humanas se originan principalmente por las protestas y conflictos originados por el combate a la minería ilegal y por la falta de acuerdo entre poblaciones, empresas y el Estado para el inicio de nuevos proyectos de explotación de los recursos naturales.

Está claro que con la creación de la REPAM, y ahora con la designación de un reconocido vocero, la Iglesia católica tendrá que seguir ejerciendo su ascendencia y autoridad moral, y así evitar que se siga encendiendo la pradera en la Amazonía.

 

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