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6 maneras de evitar ser católicos “furtivos”

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Randy Hain - publicado el 28/05/15

Volar por debajo del radar no era lo que Jesús tenía en mente

Durante años, he tenido muchas conversaciones con amigos y colegas sobre el hecho de compartir abiertamente nuestra fe católica. Me quedo siempre sorprendido cuando constato cuán a menudo muchos de ellos expresan una fuerte reticencia a abrirse respecto a sus propias convicciones. Entre las razones que se dicen, existe muchas de las que has oído hablar:

“No quiero ofender a nadie”

“No podríamos hacerlo nunca en el trabajo”

“No me gusta discutir al respecto fuera de mi parroquia”

¿A caso nos detenemos alguna vez a reflexionar sobre cuán a menudo nuestras acciones y pensamientos están influidos por lo que los demás piensan de nuestra fe católica?

Me pregunto cuántas veces al día aprovechamos la oportunidad de ponernos del lado de Cristo o de compartir nuestra fe.
¿Queremos evitar una conversación con un colega problemático? ¿Enfrentamos a alguien que está atacando a la Iglesia? ¿Y qué decir de la persona que tiene curiosidad sobre la fe católica y está sólo esperando una invitación para ir a misa con nosotros?

Muy a menudo una preocupación equivocada por la opinión de quien nos rodea nos impide abrazar nuestras responsabilidades como católicos.

Está claro, de cualquier manera, que Jesús espera que compartamos abiertamente nuestra fe y seamos abiertamente sus testigos, si leemos el Evangelio de Mateo (10, 32-33): “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos”.

Cristo siempre ha enseñado la Verdad independientemente del público, y es el mayor ejemplo de cómo no nos debe preocupar el respeto ajeno. Sus enemigos reconocían este aspecto de su enseñanza (Mt 22,16): “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te curas de nadie, porque no miras la condición de las personas”.

Francis Fernandez, autor de In Conversation with God, hace una observación importante sobre el hecho de compartir la verdad independientemente de las repercusiones:

“Cristo pide a sus discípulos imitarlo en esta práctica. Los cristianos deberían promover y defender su prestigio profesional, moral y social, visto que pertenece a la esencia de la dignidad humana. Este prestigio es también un componente importante de nuestro apostolado personal. No debemos olvidar que nuestra conducta encontrará oposición de los que se oponen abiertamente a la moralidad cristiana y de los que practican una versión débil de la fe. Es posible que el Señor nos pida el sacrificio de nuestro buen nombre e incluso de la vida misma. Con la ayuda de su gracia, lucharemos para hacer su voluntad. Todo lo que tenemos pertenece al Señor” (In Conversations with God, vol. 4, pp. 267-268, sección 44.1).

Me siento fuertemente interpelado por las palabras de este párrafo, porque sé que todos somos llamados a tener valor y a realizar sacrificios en su nombre. Si tenemos fe y confianza en Cristo, recibiremos la gracia que necesitamos.

Entiendo también que nuestro comportamiento será para los demás un claro ejemplo de la fuerza de nuestra fe. Muchos no creyentes o cristianos tibios podrían ser impulsados a una fe más profunda si fueran testigos de nuestro ejemplo positivo y sincero.

Independientemente del hecho de que seas un hombre de negocios, una persona que está cambiando de trabajo o una ama de casa, un estudiante o un anciano, es probable que hayas enfrentado la lucha de preocuparte por lo que los demás piensan de ti. Es una tendencia humana natural que llega a todos. Todos queremos ser amados, respetados e incluidos
.

He aquí la trampa: no podemos separar nuestro ser espiritual de nuestro ser físico. La fe que profesamos forma parte de lo que somos y no puede esconderse. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época (…) El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación” (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, n.43).

¿Estamos todos de acuerdo en el hecho que ser católicos “furtivos” no es la respuesta? Si es así, a continuación seis pensamientos para superar el miedo a lo que los demás piensen de nosotros cuando compartimos públicamente nuestra fe:

  • ¿Existe realmente una política? He oído muchas veces que expresar la propia fe en el lugar de trabajo va “contra la política de la compañía”. ¿Hemos realmente visto políticas escritas sobre hacerse el signo de la cruz y rezar en las comidas, sobre rezar en silencio en el escritorio, ir a misa durante la pausa de comida o llevar ceniza en la frente el Miércoles de Ceniza? Sé que puede haber excepciones, pero permíteme desafiarte a que consideres la posibilidad de que buena parte de nuestro miedo puede basarse en falsas percepciones de posibles persecuciones y no en la realidad.

  • “Predicar el Evangelio, y si es realmente necesario usar también las palabras”. Te ruego que reflexiones sobre estas palabras de sabiduría atribuidas a san Francisco de Asís. Pensamos raramente, en nuestro camino de fe, en el ejemplo que damos a los demás y en el gozo inspirado por Cristo que deberíamos irradiar como el medio más eficaz para compartir nuestra fe. Permitir a los demás ver a Jesús en nuestra obra es una poderosa forma de testimonio que atraerá a otros que quieren lo que tenemos nosotros en nuestra vida.

  • En primer lugar debemos compartir. ¿Por qué no ser la persona que rompe el hielo haciendo una referencia a tu familia, a los desafíos que estás enfrentando, a los proyectos para las vacaciones, a un libro que has leído recientemente, etc.? Comienza compartiendo las cosas sencillas, promueve la reciprocidad haciendo preguntas, y entonces será sencillo buscar oportunidades para compartir la fe. Reza para que el Espíritu Santo te dé la oportunidad para compartir. Si estás comiendo con otros, siempre he pensado que pronunciar una bendición y hacerse el signo de la cruz es un catalizador excelente para una conversación sobre la fe. He observado innumerables conversaciones “circunspectas” durante los años, en donde las personas iban a lo seguro y a lo políticamente correcto. Ve más allá del diálogo banal y seguro sé, en cambio, valiente y transparente. Si amamos realmente a Cristo y a su Iglesia, debemos hacer que esta alegría inspirada por el amor la vean todos.

  • Perseguir el paraíso vs. ser populares. El paraíso es nuestro destino final. ¿Nuestros críticos nos ayudarán a llegar? ¿Nos sostendrán en los momentos difíciles? No, nos empujarán hacia un estilo de vida secular en el que hay poco espacio para Dios y el materialismo y la popularidad son los ídolos de moda. Francis Fernandez escribió que aprobar el respeto humano es parte de la virtud de la fortaleza. Describe los desafíos que enfrenta un cristiano como “…voces y calumnias, escarnios, discriminaciones en el trabajo, pérdida de oportunidades económicas o amistades superficiales. En estas desagradables circunstancias, puede existir la tentación de escoger el camino más sencillo y “tirar la toalla”. De esta manera podremos evitar el rechazo, la incomprensión y la ridiculización. Podremos preocuparnos de la idea de perder amigos, de esas “puertas cerradas” que no lograremos abrir. Es la tentación de ser influidos por el respeto humano, escondiendo la propia verdadera identidad y renunciando a nuestro empeño de vivir como discípulos de Cristo” (In Conversation with God, vol. 4, p. 269, sección 44.2).


  • Perseguir constantemente una vida católica integral. ¿Llevamos nuestra fe al trabajo, a las comidas con los amigos, a los juegos de futbol de nuestros hijos y a los encuentros recreativos con los vecinos? ¿O practicamos nuestra fe católica sólo el domingo en misa? Es fácil conformarse con las expectativas seculares, mientras que es difícil mostrar públicamente nuestro amor por Jesús, vivir la santidad, evangelizar y conducir una vida plenamente integral. Siempre he encontrado inspiración a este respecto en la sabiduría de la exhortación apostólica del Papa Juan Pablo II Christifideles Laici: “La unidad de la vida de los fieles laicos es de gran importancia: ellos, de hecho, deben santificarse en la vida cotidiana profesional y social. Para que puedan responder a su vocación, por lo tanto, los fieles laicos deben mirar las actividades de la vida cotidiana como oportunidad de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como de servicio a los demás, llevándolos a la comunión con Dios y con Cristo”.

  • Podemos hacer más. “En realidad la mayor parte de nosotros vive bajo el nivel de nuestra energía. Y para ser felices debemos hacer más. Ahora podemos hacer más, espiritualmente y de cualquier otra manera… por lo tanto mira lo importante que es tener en mente hacer todo lo que se pueda. Trabajar al límite de nuestra capacidad. Nuestro mundo está sufriendo realmente por indiferencia. La indiferencia es la apatía, el descuido. Me pregunto si nuestro Señor no sufre más por la indiferencia que lo que sufrió por la crucifixión” (arzobispo Fulton Sheen).

Debemos orar por la guía del Espíritu Santo, porque no podemos hacer esto solos. En mi experiencia, es un trabajo constante cotidiano, y nunca es sencillo.

Debemos reconocer que existen otras personas que miran nuestro ejemplo, que quieren aprender de nosotros y ser inspirados por nuestra valentía, si sólo estamos disponibles a tomar posición a favor de Cristo.

Piensa en lo afortunados que somos de vivir en un país cristiano, a pesar del hecho de que nuestra libertad religiosa está cada vez más bajo ataque. Defender nuestra fe y la libertad religiosa forma parte de nuestro deber y nuestro llamado.

En la Iglesia primitiva, ser aparentemente cristiano significaba arriesgarse a una muerte de mártir. Hay que reflexionar sobre el hecho que mientras lees este artículo hay cristianos que son perseguidos y asesinados en Oriente Medio. ¿Estamos preparados para ser los mártires del mañana y para combatir por nuestra fe?

Aunque pueda parecer difícil, se nos ha pedido un sacrificio. El sacrificio es simplemente amar a Cristo más que al tribunal de la opinión pública. Espero que entendamos cuán poco nos es pedido comparado con lo que Jesús ha soportado por nosotros en la cruz.

Como lo he afirmado anteriormente, el deseo de ser amados, respetados y populares es normal. A veces lucho contra eso, como tú. A pesar de eso, oremos los unos por los otros y continuemos pidiendo a Jesús el valor, la fuerza y el discernimiento para conocer y seguir su voluntad y no preocuparnos de lo que los demás piensan de nosotros.

Por Randy Hain, editor de The Integrated Catholic Life, donde fue publicado originalmente este artículo.

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