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6 maneras de evitar ser católicos “furtivos”

Marta-Colpani-CC
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Volar por debajo del radar no era lo que Jesús tenía en mente

Durante años, he tenido muchas conversaciones con amigos y colegas sobre el hecho de compartir abiertamente nuestra fe católica. Me quedo siempre sorprendido cuando constato cuán a menudo muchos de ellos expresan una fuerte reticencia a abrirse respecto a sus propias convicciones. Entre las razones que se dicen, existe muchas de las que has oído hablar:

“No quiero ofender a nadie”

“No podríamos hacerlo nunca en el trabajo”

“No me gusta discutir al respecto fuera de mi parroquia”

¿A caso nos detenemos alguna vez a reflexionar sobre cuán a menudo nuestras acciones y pensamientos están influidos por lo que los demás piensan de nuestra fe católica?

Me pregunto cuántas veces al día aprovechamos la oportunidad de ponernos del lado de Cristo o de compartir nuestra fe.
¿Queremos evitar una conversación con un colega problemático? ¿Enfrentamos a alguien que está atacando a la Iglesia? ¿Y qué decir de la persona que tiene curiosidad sobre la fe católica y está sólo esperando una invitación para ir a misa con nosotros?

Muy a menudo una preocupación equivocada por la opinión de quien nos rodea nos impide abrazar nuestras responsabilidades como católicos.

Está claro, de cualquier manera, que Jesús espera que compartamos abiertamente nuestra fe y seamos abiertamente sus testigos, si leemos el Evangelio de Mateo (10, 32-33): “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos”.

Cristo siempre ha enseñado la Verdad independientemente del público, y es el mayor ejemplo de cómo no nos debe preocupar el respeto ajeno. Sus enemigos reconocían este aspecto de su enseñanza (Mt 22,16): “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te curas de nadie, porque no miras la condición de las personas”.

Francis Fernandez, autor de In Conversation with God, hace una observación importante sobre el hecho de compartir la verdad independientemente de las repercusiones:

“Cristo pide a sus discípulos imitarlo en esta práctica. Los cristianos deberían promover y defender su prestigio profesional, moral y social, visto que pertenece a la esencia de la dignidad humana. Este prestigio es también un componente importante de nuestro apostolado personal. No debemos olvidar que nuestra conducta encontrará oposición de los que se oponen abiertamente a la moralidad cristiana y de los que practican una versión débil de la fe. Es posible que el Señor nos pida el sacrificio de nuestro buen nombre e incluso de la vida misma. Con la ayuda de su gracia, lucharemos para hacer su voluntad. Todo lo que tenemos pertenece al Señor” (In Conversations with God, vol. 4, pp. 267-268, sección 44.1).

Me siento fuertemente interpelado por las palabras de este párrafo, porque sé que todos somos llamados a tener valor y a realizar sacrificios en su nombre. Si tenemos fe y confianza en Cristo, recibiremos la gracia que necesitamos.

Entiendo también que nuestro comportamiento será para los demás un claro ejemplo de la fuerza de nuestra fe. Muchos no creyentes o cristianos tibios podrían ser impulsados a una fe más profunda si fueran testigos de nuestro ejemplo positivo y sincero.

Independientemente del hecho de que seas un hombre de negocios, una persona que está cambiando de trabajo o una ama de casa, un estudiante o un anciano, es probable que hayas enfrentado la lucha de preocuparte por lo que los demás piensan de ti. Es una tendencia humana natural que llega a todos. Todos queremos ser amados, respetados e incluidos

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