Aleteia

Papa Francisco: El noviazgo debe madurar, como la fruta

Facebook-Pope Francis
Comparte

El Pontífice habla de la preparación al matrimonio no mundana sino cristiana, en su catequesis de la audiencia general de este miércoles

El Papa Francisco dedicó la audiencia general de este miércoles en el Vaticano al noviazgo. Esta es la catequesis completa que ofreció:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera hablar del noviazgo. El compromiso (fidanzamento en italiano), se ve en la misma palabra, tiene que ver con la confianza, la fiabilidad. Confianza en la vocación que Dios nos da, porque antes que nada el matrimonio es, sobre todo, el descubrimiento de una llamada de Dios. Ciertamente es una cosa bella que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco.

Pero la misma libertad del vínculo exige una consciente armonía en la decisión, no solo algo relacionado con la atracción o el sentimiento. Exige un camino.

El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el que dos son llamados a realizar un bello trabajo sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va a lo profundo.

Se descubren mutuamente poco a poco: el hombre “aprende” de la mujer concretamente aprendiendo de esa mujer, su novia, y la mujer aprende del hombre aprendiendo de ese hombre, su novio. No subestimemos la importancia de este aprendizaje: es un bello compromiso, y el mismo amor lo exige, porque no es solo una felicidad desprovista de pensamiento, una emoción encantada…

El relato bíblico habla de toda la creación como de un bello trabajo del amor de Dios: “Dios vio”, así dice el libro de Génesis, “lo que había hecho y vio que era bueno” (Gen 1,31). Solo al final, Dios “descansó”. De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que nos dio al principio del mundo, no fue una decisión extemporánea. ¡No! Fue un trabajo bello. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a perdurar.

La alianza de amor entre el hombre y la mujer, alianza por la vida, no se improvisa, no se hace de un día al otro, no existe el matrimonio exprés, es necesario trabajar sobre ese amor. Es necesario caminar. La alianza del amor entre el hombre y la mujer se aprende y se perfecciona. Es una alianza artesanal.

Hacer de dos vidas una vida sola, es también el milagro de la libertad y del corazón, confiado en la fe. Deberíamos, quizás, trabajar más sobre este punto, porque nuestras “coordenadas sentimentales” se han confundido un poco. Quien pretende quererlo todo y ya, cede también y rápidamente ante la primera dificultad (o en la primera ocasión).

No hay esperanza para la confianza y la fidelidad del don de sí mismo si prevalece la costumbre de consumir el amor como una especie de integrador del bienestar psicofísico. ¡El amor no es esto! El noviazgo pone a prueba la voluntad de custodiar juntos algo que no podrá ser nunca comprado o vendido, traicionado o abandonado, por muy atractiva que pueda ser la oferta.

Incluso Dios, cuando habla de la alianza con su Pueblo lo hace, algunas veces en la Biblia, en términos de noviazgo. En el Libro de Jeremías hablándole al pueblo que se había alejado de Él, habla así en el capítulo 2: “Recuerdo bien la fidelidad de tu juventud, el tiempo de tu noviazgo”. Cuando el Pueblo era la novia de Dios.

Y Dios ha hecho este recorrido del noviazgo, y después hace una promesa, lo hemos escuchado al principio de la audiencia en el Libro de Oseas: “Te haré mi Esposa para siempre, te haré mi Esposa en la justicia y en el derecho, en el amor y en la benevolencia, te haré mi Esposa en la fidelidad y tú conocerás al Señor”.

Es un largo camino el que el Señor hace con su Pueblo en este camino del noviazgo. Al final Dios se casa con el Pueblo, en Jesucristo, desposa en Jesús a la Iglesia, el Pueblo de Dios es la esposa de Jesús. Pero ¡cuánto camino recorrido!

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.