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Papa Francisco: Un cristiano mundano es un anti-testimonio

Pope Francis © Giulio Napolitano / Shutterstock.com
<a href="http://www.shutterstock.com/pic.mhtml?id=195361514&src=id" target="_blank" />Pope Francis</a> © Giulio Napolitano / Shutterstock.com
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

“Es feo ver a un cristiano” que quiere seguir a Jesús pero “no deja su mundanidad”. Es la advertencia de Papa Francisco en la Misa celebrada en la Casa Santa Marta. El Pontífice ha destacado que un cristiano debe, en un momento concreto de su vida, hacer una elección radical, no puede ejercer un “cristianismo a mitad”, no se puede tener “el cielo y la tierra”.

Pedro le pregunta a Jesús que tendrán a cambio los discípulos por seguirle, una pregunta planteada después de que el Señor le dijo al joven rico que vendiese todos sus bienes y se los diera a los pobres. Papa Francisco ha desarrollado su homilía partiendo de este diálogo que hoy es de gran actualidad.

El Pontífice ha observado que Jesús responde en una dirección distinta a la que se esperaban los discípulos: no habla de riquezas, promete, sin embargo, la herencia del Reino de los Cielos “pero con persecución, con la cruz”.

“Por esto, cuando un cristiano se aferra a los bienes, da la imagen de un cristiano que quiere tener las dos cosas: el cielo y la tierra. Y la piedra de toque es esto que Jesús dice: la cruz, las persecuciones. Esto quiere decir negarse a sí mismo, subir cada día a la cruz… Los discípulos tenían esta tentación, seguir a Jesús pero ¿cuál será el final de este asunto? Pensemos en la mamá de Santiago y Juan, cuando le pidió a Jesús un lugar para sus hijos: ‘A este me lo haces primer ministro y a este, ministro de economía…’, siguiendo el interés mundano al seguir a Jesús”.

Pero después, destaca Francisco, “el corazón de estos discípulos fue purificado”, en Pentecostés, cuando “entendieron todo”. “La gratuidad al seguir a Jesús, evidenció, es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús”. Y cuando “se quiere ir con Jesús y con el mundo, con la pobreza y con la riqueza, advirtió, es un cristianismo a mitad, que busca el beneficio material. Es el espíritu de mundanidad”.

Las riquezas, la vanidad y el orgullo nos alejan de Jesús

Ese cristiano, ha afirmado recordando al profeta Elías, “tropieza con las dos piernas”, porque no sabe lo que quiere”. Por tanto, ha destacado que para entender esto es necesario recordar que Jesús nos anuncia que “los primeros serán últimos y los últimos, primeros”, es decir, “aquel que se cree o que es el más grande” se debe hacer servidor, “el más pequeño”.

“Seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir. Lo hizo Él, y si el Señor te da la oportunidad de ser el primero, te debes comportar como el último, es decir ponerse al servicio. Y si el Señor te da la posibilidad de tener bienes, debes ponerlos al servicio, es decir, para los demás. Son tres cosas, tres escalones que nos alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo. Por esto son tan peligrosas las riquezas, porque te llevan enseguida a la vanidad y a creerte importante. Y cuando te crees importante, se te sube a la cabeza y te pierdes”.

Un cristiano mundano es un anti-testimonio

El camino indicado por el Señor, prosiguió, es el del “despojarse”, como hizo Él: “Quien sea el primero entre vosotros que se haga siervo de todos”. A Jesús, dijo, este “trabajo” con los discípulos le costó mucho, mucho tiempo, porque no le entendían”. Y entonces, añadió, “también nosotros debemos pedirle: ‘¿Nos enseñas este camino, esta ciencia del servicio?¿Esta ciencia de la humildad? ¿Esta ciencia de ser los últimos para servir a los hermanos y hermanas en la Iglesia?”.

Es feo “ver a un cristiano, ya sea laico, consagrado, sacerdote, obispo, es feo cuando se ve que pretende las dos cosas: seguir a Jesús y a los bienes, seguir a Jesús y a la mundanidad. Y esto es un anti-testimonio que aleja a la gente de Jesús. Continuemos ahora la celebración de la Eucaristía, pensando en la pregunta de Pedro. ‘Lo hemos dejado todo ¿cómo nos lo pagarás?’. Y pensemos en la respuesta de Jesús. El precio que Él nos dará es la semejanza a Él. Esta será la ‘paga’. Una gran paga: ¡parecernos a Jesús!”.

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