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Lectio Divina Dominical de Pentecostés Ciclo B

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Rachel Titiriga-cc

Fundación Ramón Pané - publicado el 24/05/15

Hoy culmina el tiempo litúrgico de Pascua

PRIMERA LECTURA: Hechos 2, 1-11

SALMO RESPONSORIAL: Salmo 103

SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 12, 3b-7. 12-13

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,

Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.

Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad

para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.

Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

 Amén

TEXTO BIBLICO: Juan 20, 19-23

    20,19: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice:
—La paz esté con ustedes.
20,20: Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor.
20,21: Jesús repitió:
—La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes.
20,22: Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
—Reciban el Espíritu Santo. 20,23: A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Este domingo la Iglesia celebra de Solemnidad de Pentecostés, con esta festividad culmina el tiempo litúrgico de Pascua. La palabra Pentecostés tiene su origen en el griego, que significa el “quincuagésimo día”. Estos cincuenta días, son los que pasaron desde el Domingo de Pascua a este Domingo de Pentecostés.

Muchas de las festividades cristianas que marcan el año litúrgico tienen una correlación a las antiguas fiestas judías, muchas de ellas hoy se siguen conmemorando. En este caso, está relacionada a la fiesta judía Shavuot o Fiesta de las semanas, en la que se recordaba los cincuenta días de la aparición de Dios en el Sinaí, en la que entrego la Ley a Moisés. A la vez esta fiesta tenía una fuerte impronta agrícola, se trataba de un día de acción de gracias por la recolección de los frutos de la tierra, por la época del año se trataba de las primeras cosechas, es por eso que también recibe el nombre de Fiesta de las Primicias.

El Tiempo de Pascua nos adentró en el misterio de la Resurrección del Señor, y nos enfocó en la centralidad del plan de Salvación: Cristo muerto y resucitado para la Salvación del mundo. Esta es nuestra alegría y nuestro gozo, sabernos invitados a salvarnos, teniendo en Cristo el camino perfecto de imitación. Un tiempo litúrgico culmina, pero no ocurre lo mismo con nuestro compromiso adquirido en la noche de la Vigilia Pascual y durante este tiempo especial, en el que renacimos y nos configuramos verdaderos discípulos de Cristo. Con Pentecostés vemos confirmada la presencia del Señor en su Pueblo de una forma muy particular.

El Evangelio que nos propone la liturgia para este domingo es del evangelista San Juan en su capitulo veinte, donde encontramos el relato de la venida del Espíritu Santo. Tambien podemos encontrar grandes aportes y detalles más precisos en la primera lectura de hoy, de los Hechos de los Apóstoles.

Nos dice la palabra que se trataba del primer día de la semana; el domingo, y  ocurre en el lugar donde solían encontrarse los discípulos de Jesús. Esta casa era llamada el “Cenáculo”, ubicada en la ciudad de Jerusalén, allí también se llevó a cabo la última cena de Jesús con sus apóstoles. Luego de la muerte de Jesús esta casa paso a ser el lugar de encuentro y oración de los discípulos, y también un lugar de protección ante los judíos y autoridades del pueblo, es por ello que se encontraba con las puertas cerradas.

Al llegar Jesús, los saludó diciendo “La Paz este con ustedes”. El Resucitado viene a sus discípulos a darles nueva vida, es la gracia de la Paz que comunica una inmensa alegría; la del encuentro de Dios y el hombre. Jesús al llegar al cenáculo, lleva lo que faltaba en ese momento la Paz, y lo hace con su presencia.


La Paz de Cristo no es como la paz del mundo, confundida por el quietismo o falta de movimiento, la Paz de Cristo es viva y dinámica, con una fuerza capaz de llevar a plenitud al mismo hombre,  de hacerlo mover, y salir de sí mismo para ir a comunicar lo bueno y bello que hay en el encuentro con Dios. La Paz de Cristo da nueva vida, y pone al hombre en camino.

Jesús mostró sus manos y su costado, y los discípulos se llenaron de alegría. Los signos del resucitado son visibles, en sus manos y en su pecho aún están las marcas de los dolores de su crucifixión. La alegría de los discípulos es la de saber presente al Señor en medio de ellos, es la alegría de confirmar las palabras y la resurrección del Señor. Y Jesús vuelve a repetir el saludo de la Paz, la reiteración en este sentido pone énfasis en la alegría y la Paz que debían tener los discípulos a partir de ese momento.

Y luego añadió “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes”, y diciendo esto sopló sobre ellos. La presencia y el encuentro del Señor con sus discípulos confirma el mandato misionero, este es el momento de salir, las puertas del cenáculo debe abrirse para ir a anunciar la Buena Noticia; Jesús muerto y resucitado nos llama e introduce en una nueva vida.

El soplo de Jesús simboliza al Espíritu Santo, principio de la nueva creación sobrenatural. El soplo comunica la vitalidad, la alegría, el amor y la plenitud del resucitado. Jesús comunica y trasporta la esencia de la comunión divina a sus discípulos, a través de los carismas, dones y frutos que nacen del Espíritu Santo. Para los discípulos en ese momento recibir el Espíritu, significo fuerzas para cumplir con el envío misionero de Jesús.

Repasando la lectura, Jesús se presenta como el mensajero de la Paz, llamando a sus discípulos a salir a anunciarlo, e infundiendo el Espíritu Santo sobre cada uno de ellos. Pero aquí no termina todo sino que esta efusión del Espíritu Santo exige el perdón de los pecados, está en los discípulos la capacidad de perdonar y reconciliarse. Esta es la invitación del Señor: perdonar para ser perdonado.

Reconstruimos el texto:

    ¿Cómo comienza este relato? ¿Qué día de la semana era?
    ¿Dónde se encontraban los discípulos reunidos? ¿Por qué estaban allí?
    ¿Cuáles son las palabras del Señor al ingresar?
    ¿Qué es lo que les mostró Jesús a sus discípulos?
    ¿Qué sintieron los discípulos al verlo?
    ¿Cuál es la frase que vuelve a repetir en el texto?
    ¿A que los manda a hacer a sus discípulos?
    ¿Con que gesto el Señor infundió el Espíritu Santo?
    ¿A quienes se les perdonarán los pecados?, ¿Y a quienes se les retendrán?

2.- MEDITACION: ¿Qué me o nos dice Dios  en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

    Reflexionando sobre este momento particular en que estoy viviendo, ¿cómo están las puertas de mi corazón? ¿cerradas al igual que las del Cenáculo? ¿Qué me lleva a cerrar estas puertas?, ¿es por seguridad o para no sentirme molestado por otro? ¿Mis puertas están cerradas para hablar de Dios a los demás?
    ¿Qué cosas me dan o transmiten Paz? ¿Entiendo que es Cristo nuestra verdadera Paz? ¿La Paz que experimento en los sacramentos y en la oración, la pierdo con facilidad? ¿Qué hacer?
    El encuentro con Jesús nos llena de alegría ¿Soy motivo de alegría para los demás? ¿En mi familia? ¿Y en mi comunidad?
    ¿El Señor de la Paz me envía para anunciarlo, como y con que animo lo hago? ¿Comprendo que también yo como discípulo del Señor soy constructor de la Paz? ¿A qué me compromete esto?
    Como bautizados también hemos recibido el Espíritu Santo. ¿Qué significa para mí esta presencia tan particular de Dios en mí vida? ¿Entiendo que soy templo del Espíritu Santo? ¿Le pido que me guíe y asista en cada momento para hacer su voluntad?
    ¿En que dones pediría hoy al Señor que me fortalezca?

3.- ORACION: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.


Ven, Espíritu Santo,

y envía desde el cielo

un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,

ven a damos tus dones,

ven a damos tu luz.

Consolador lleno de bondad,

dulce huésped del alma

suave alivio de los hombres.

Tú eres descanso en el trabajo,

templanza de las pasiones,

alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz

en lo más íntimo

del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina

no hay nada en el hombre,

nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,

riega nuestra aridez,

sana nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza,

elimina con tu calor nuestra frialdad,

corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles,

que confían en Ti,

tus siete dones sagrados.

Premia nuestra virtud,

salva nuestras almas,

danos la eterna alegría.

AMÉN

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría.  Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?


Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

«Reciban el Espíritu Santo»

(Versículo 22)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a ser un constructor de la Paz, y a perdonar para ser perdonado. La Paz y la Reconciliación van de mano, la primera suele ser el resultado de la segunda. Por lo tanto si hay alguna persona con la cual reconciliarme, es el momento de acércame a ella, para perdonar o ser perdonado.

En el grupo, nos comprometemos a ser comunidad como en el cenáculo, imitando el primer Pentecostés. Inundados del Espíritu Santo, y de la Paz de Cristo resucitado cumpliendo su mandato misionero. Pensamos en algún centro de salud también de enfermos o ancianos para visitar en la semana, y llevar “algo” que represente y comunique a ellos también la llegada del Espíritu Santo.

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