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Series de Tv: La necesidad de un diálogo pre-político para salvar a la política de sí misma

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¿Puede el deseo de cambio que habita en muchas personas de distintos países convertirse en la construcción de algo posible?

Como el cine, las series de televisión son espejo y reflejo tanto de la persona como de la sociedad en que vivimos. Quizás no sea fiel la imagen que nos devuelven de la realidad pero sí nos ayudan a hacer un diagnóstico de la situación actual. También en lo referente a la política, en cómo afecta a la persona que la ejerce y si la democracia es o no el sistema político más adecuado.
 
Son varias las series de televisión que han abordado este tema; podríamos dividirlas en dos tipos: aquellas cuya temática es principalmente el ámbito político y aquellas otras que tocan el tema sin ser su temática principal. En el primer grupo tendríamos El Ala Oeste de La Casa Blanca, Veep, Boss, House of Cards (tanto la versión británica como la americana) y Borgen; mientras que en el segundo podemos citar series como The Wire (3ªTemporada), Homeland, BoardWalk Empire, The Newsroom e incluso BlackMirrow, Heroes o Juego de Tronos.
 
En resumen, y corriendo el inevitable riesgo de reducir el contenido de las mismas, podríamos decir que se nos presenta un panorama político en donde pocas veces vence el bien común y en donde el político termina sucumbiendo a las garras del poder y/o corrompiéndose; con el correspondiente coste personal (adicciones), familiar (rupturas) y profesional.
 
 Otra característica de ese abrumador panorama político es el excesivo valor que se le da al resentimiento; especialmente cuando se trata del debate político entre contrarios y de la dificultad para reconocer al otro como algo más que un adversario político. Pocas son las secuencias que recuerdan y encarnan la frase de la filósofa judía Hanna Arendt; aquella que decía eso de que el enemigo es el bien político más preciado.
 
De hecho, son varios los personajes que expresan cómo el resentimiento es la peor receta para el diálogo porque de fondo no busca el respeto sino la venganza. Son personajes que encarnan cómo la corrupción termina alejándolos de todo lo que en un principio era un bien para ellos. Se convierten, de forma gradual, en zombies políticos sedientos de poder e insensibles y aparentemente insalvables (House of cards, por ejemplo). 
 
Pero independientemente de que todas las series sean hijas de nuestra época y por tanto reflejen las sombras y luces habituales, nos permiten, diagnosticar que el único camino para la construcción de algo real se daría siempre que existiese el reconocimiento del otro como un valor. Y para ello, es necesario generar un diálogo anterior al reproche, anterior al “y tú más” o los cálculos y estrategias políticas tristemente conocidas; un terreno, anterior a la postura ideológica, en donde poder dialogar de temas comunes como: qué es una sociedad justa, qué es el bien común o qué significa dar la vida como político por un pueblo.
 
En este sentido vale la pena rescatar la serie Borgen en donde la primera Ministra de Dinamarca consigue gobernar un país con un equipo de gobierno y un proyecto en donde tienen cabida todos los partidos más votados. No obstante, la serie se aleja de una idealización de la política y aunque mejore la mirada sobre el tan considerado adversario político y muestre muy bien el conflicto trabajo/familia, aún lastra algún tópico y estereotipo como le pasaba a la pedagógica y magníficamente escrita ElAla Oeste de la Casa Blanca.
 
Hace falta, pues, una conversación pre-política que salve a la política de sí misma. Terminamos este breve artículo con un diálogo de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca cuyo significado lo podemos ampliar para ese espacio de diálogo pre-político del que hablamos:
 
Presidente de los EE.UU (Martin Sheen): Siempre que entra alguien nuevo en el Gabinete me gusta decirle una frase: un grupo pequeño de personas pueden cambiar el mundo. ¿Sabes por qué?
 
Sam (responde sin pensarlo mucho): ¿porque no hay otro modo?

 

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