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Pasqualino, el milagro más bello

© Credere

Credere - publicado el 23/05/15

Los médicos habían dicho que Maria Angela no podía tener hijos

“Dije no a la fecundación artificial. Y me quedé embarazada de manera natural”. Pasqualino es el hijo del milagro.

Este niño rubio de 10 años no debería haber nacido, al menos según la ciencia. La mamá, Maria Angela Di Mauro, tiene una disfunción en las trompas que impide al óvulo fecundado implantarse en el útero: no habría nunca podido concluir un embarazo.

“No puedo, en realidad, hasta el día de hoy”, aclara la mujer, quien vive en Amorosi, en la provincia de Benevento. “Por eso ha sido reconocido el milagro que yo pedí a Dios, por intercesión de sor Maria Cristina Brando”.

Y si ahora Pasqualino ríe y juega con sus amigos, el mérito es también de ese “no” dicho con convicción de una mujer que escogió aceptar la voluntad de Dios:

“Fue difícil, para mí y mi marido. Pero entendimos que la probeta no podía ser la solución. ¿Que había sido de los embriones creados que no iban a ser implantados? También serían hijos: no habríamos podido eliminarlos. Por eso decidí encomendarme al Señor y orar a sor Maria Cristina para que intercediera por mi”.


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La fundadora de las Hermanas Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado la escuchó: por eso, fue canonizada el 17 de mayo de 2015.

Es santa, y Pasqualino estuvo en primera fila en la celebración en la plaza San Pedro.

Grandes sueños eternos desde pequeñita

Sor Maria Cristina de la Inmaculada (nombre escogido por Adelaide Brando, cuando entró en el convento) tiene desde siempre fama de santidad.

Nacida en Nápoles el 1º de mayo de 1856 en una familia acomodada, en sus primeros años de vida manifestó el camino que quería andar.

Por motivos de salud, fue obligada a salir dos veces del monasterio de las Florentinas, a donde había acudido; al final fue acogida por las Adoradoras.

En 1876 tomó los hábitos, pero poco después tuvo salir para continuar con los cuidados. Sin embargo, no se apartó del propósito por el que desde pequeña había luchado. Tenía sólo tres años, cuando sorprendió a todos diciendo: “¡Quiero ser santa!”.

Fue en 1878 que ocurrió el cambio: fundó la Congregación de las Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado en Casoria, en la provincia de Nápoles, donde todavía hoy se encuentra la casa matriz.

Ahí, María Cristina mandó construir su “pequeña gruta” cerca de la iglesia, para estar siempre junto al tabernáculo y para hacerle “compañía” a cada instante a Jesús Eucarístico.

Todavía hoy, la adoración perpetua caracteriza la jornada de las Víctimas Expiadoras: “De ahí irradia la energía divina que anima el proyecto de vida de la congregación: educar con Dios en el corazón”, explica la actual Madre Superiora, sor Carla Di Meo.

Madre Brando

Porque si, como decía la madre Brando, el amor de Dios y el prójimo son dos ramas que parten de mismo tronco, entonces la voluntad de ofrecerse al Señor no podía más que hacerse concreta en obras de educación y formación: conservatorios femeninos, colegios, orfanatos y escuelas.

“Es necesario que las plantitas se cuiden desde pequeñas”, repetía la madre.

A los niños y sus mamás, sor Maria Cristina dirigió siempre una atención particular (incluso el milagro que la llevó a la beatificación en 2003 tuvo que ver con una mamá filipina).

Y quien la conoció escribió que, toda su vida, amó a las jóvenes que seguían la secuela de una “caridad tan exquisita, con la que ni siquiera una madre natural logra tratar a sus propios hijos”. Demostrando valor y clarividencia.

Admite sor Carla: “El desafío educativo que los obispos italianos han emprendido con el proyecto cultural estaba, a buen ver, en la misión de sor Brando. Que no titubeó en afrontar, con respuestas sabias y concretas, a las provocaciones ofrecidas por su época. Por eso, hoy el carisma de madre Brando, y fielmente transmitido por ella a sus hijas, es de gran actualidad.

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