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María iluminará tu oscuridad

MDN (Olivier)
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¡Quién mejor que María para hacer que nuestra fe aumente y madure!

Quiero mirar a María en esta fiesta de Pentecostés. La veo allí, en el Cenáculo, con los apóstoles que tienen miedo. La miro en silencio, orando, enseñando a orar. María se mantiene firme. Con esa esperanza. Con esa capacidad de amar y entregar la vida.
 
Me conmueve su fe firme en medio de la noche. Su silencio y sus palabras tan llenas de vida. María fortalece nuestra fe con su propia fe. Nos recuerda el amor de Dios.
 
Dice el Papa Francisco: “Madre no sólo que nos da la vida sino que nos educa en la fe. Es distinto buscar crecer en la fe sin la ayuda de María. Es como crecer en la fe sí, pero en la Iglesia orfanato”. Creemos de la mano de María. Como los niños que aprenden a decir papá abrazados a su madre.
 
María educa nuestra forma de enfrentar la vida. Nos sostiene en nuestras rabietas cuando las cosas no son como queríamos. Nos hace ver el cielo escondido entre las piedras. Nos ayuda a creer en lo que no vemos y esperar lo que soñamos.
 
Así aprendemos a mirar a Jesús cuando vamos caminando abrazados a María. María no nos aleja nunca de Dios. Nunca se convierte en obstáculo para nuestra fe. Al contrario. Su amor es tan grande que nos enseña a amar de verdad. Nos enseña a esperar y a tener una fe más honda, más profunda.
 
María nos sostiene en medio de las dificultades, cuando las fuerzas flaquean. Nos hace ver que creer en Jesús tiene que ver con seguir sus pasos, con adherirnos a su persona. ¡Quién mejor que María para hacer que nuestra fe aumente y madure!
 
Ella amó a su hijo con toda su alma. Ella se adhirió a Él desde que lo tuvo en el seno materno. Desde que fue concebido en sus entrañas. Y desde entonces siempre estuvieron los dos entrañablemente unidos.
 
Ella es la que mejor puede atar los lazos entre los corazones. Entre el corazón de Jesús y el nuestro. La fe que nos permite caminar. Con incertidumbres, con miedos en el claroscuro de la vida.
 
Decía el Papa Francisco: “La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos”.
 
En medio de las dudas Ella nos aumenta la fe. Como lo hizo con las mujeres al pie de la cruz. Ella nos ayuda a no perder la fe. Ella nos sostiene y abraza para que aprendamos a caminar. En su fe creemos. En su corazón de Madre descansamos. En Ella aprendemos a mirar la vida llenos de confianza. Su abrazo nos levanta y sostiene.

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