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Hoy celebramos a… San Juan Bautista de Rossi

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Unos años más tarde, en 1737, muere un primo suyo, Lorenzo, canónigo de la basílica de Santa María in Cosmedín, de Roma. Y Juan bautista, a pesar de su voto y de la abierta repugnancia que siempre experimentó hacia toda clase de cargos honoríficos, no tuvo más remedio que aceptar, bajo obediencia, este que quedaba vacante. Fue un mero cambio de ambiente, que en nada había de afectar a su camino trazado.
 
En su nueva condición seguirá siendo el sacerdote ejemplar y fiel cumplidor de sus deberes. El servicio del coro, el confesonario, el púlpito, la enseñanza del catecismo… llenarán todas las horas de sus días.
 
Su fama de santidad y de caridad alcanza los últimos rincones de la Ciudad Eterna. No hay cárcel, hospicio u hospital que no sea testigo de su celo, de su cariño y de su comprensión. Diligente, infatigable, siempre dispuesto, no descansó hasta convertir el fuego del amor que le abrasaba el alma en grito constante de su garganta y en entrega martirial de su vida.
 
Tal vez no se pueda decir mucho más de la vida de San Juan Bautista de Rossi. Ni casi sus mismos contemporáneos se dieron cuenta del hombre de Dios que estaba conviviendo con ellos con un corazón muy grande, doblemente apasionado por Dios y por sus hijos, los hombres.
 
Así suele ser siempre de sencilla y natural la auténtica santidad. Como el Evangelio, Como María, la Madre de Jesús, y José, el Esposo de María. Como el mismo Cristo, de quien casi sólo pudieron decir sus contemporáneos que pasó por la vida haciendo el bien,
 
Juan Bautista de Rossi, formado en la mejor Universidad eclesiástica del mundo, educado en un famoso Colegio, con una Roma delante, donde era tan fácil la lisonja y los puestos de grandeza, lo deja todo para entregarse a quienes necesitaban su vida y su caridad. Creyó en la palabra de Cristo y supo ser el buen pastor que pierde su vida para ganarla.
 
Pobre vino al mundo. Pobre vivió entre los pobres. Y muy pobre murió el 23 de mayo de 1764. Espléndido epitafio para su tumba de sacerdote.
 
Su tumba se conserva en la iglesia de Santa Trinidad del Pellegrini.
 
Y aún se recuerda en Roma al "padre de los pobres" y al "amigo de los humildes".
 
Pero nuestro Dios, el buen Padre de los cielos, que tanto se complace en levantar a los humildes y sencillos, quiso bien pronto darle a conocer entre las gentes.
 
Fue en tiempos de Pío IX cuando se inició la causa de beatificación de este escondido sacerdote y canónigo romano.
 
Confirmados al fin unos milagros, excepcionalmente sorprendentes por las circunstancias que los acompañaron, fue beatificado el 13 de mayo de 1860.
 
En 1879 vuelve a hablarse de nuevos milagros obrados por la intercesión de nuestro Santo. Y ese mismo año se da el decreto que los aprueba, y con ello un paso decisivo para la canonización del sacerdote romano Juan Bautista de Rossi.
 
Por otro decreto de abril de 1881, siendo relator de la causa el cardenal Miecislao Leodochowski y promotor de la fe el padre Salviati, se da permiso para que se proceda a ella.
 
Y al fin, el 8 de diciembre de este mismo año, juntamente con los Beatos José de Labre, Lorenzo de Brindis y Clara de Montefalco, fue elevado a la Gloria de Bernini por Su Santidad León XIII.
 
El Papa de los obreros había servido a la Providencia para glorificar al Santo escondido de los pobres y de los humildes, San Juan Bautista de Rossi.
 
PEDRO MARTIN HERNÁNDEZ.
 
Artículo originalmente publicado por Mercabá

 
 

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Tags:
santos
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