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Educar no es domesticar

© Alain PINOGES/CIRIC

Alfa y Omega - publicado el 21/05/15





«He observado falta de valores, a veces llamativa, en educadores que teóricamente son acérrimos defensores de la tan manoseada educación en valores. Lo mejor que se puede hacer con los valores es vivirlos».

A lo largo del libro se empeña por diferenciar «enseñanza» de «educación», y sobre todo, «educación» de «escolarización». Para muchos pueden ser términos no sólo similares sino intercambiables. ¿Qué hace diferente la enseñanza de la educación, y ésta de la escolarización?

«Enseñanza» y «Educación» son inseparables, pero no son intercambiables en absoluto. Todos los padres y madres del mundo tienen el sagrado derecho-deber de educar a sus hijos, independientemente de que puedan o no tener conocimientos relativos a las asignaturas convencionales.

Por otro lado, para distinguir entre educación y escolarización remito al lector al interesantísimo artículo «Educación obligatoria y escolarización voluntaria» de mi admirado y querido amigo, Teófilo González Vila, colaborador habitual de Alfa y Omega. Es muy fácil de encontrar en la web y se puede leer una amplia referencia en Educar no es domesticar.

Usted cuestiona el discurso políticamente correcto de la llamada «educación en valores». ¿Por qué?

He visto discusiones acaloradas entre personas defendiendo cada una la educación en valores… ¡contradictorios! También he observado falta de valores, a veces llamativa, en educadores que teóricamente son acérrimos defensores de la tan manoseada «educación en valores». Lo mejor que se puede hacer con los valores es vivirlos.

Cuando se está demasiado pendiente de «dar ejemplo» se corre el peligro de valorar más la imagen que lo importante. Por otro lado, las personas que más procuran vivir los valores son las más conscientes de lo que les falta para conseguirlo y, por tanto, hablan menos de todo ello.

 «Decir que el que quiera enseñanza básica de un determinado tipo que se la pague es dictatorial; sobre todo teniendo en cuenta que ya la ha pagado con los impuestos».

«¿Enseñanza pública o enseñanza privada?», se pregunta en un momento del libro. Pues usted dirá…

Es una pregunta mal planteada que no permite dar respuestas correctas. Impedir, o dificultar, la existencia de una cualquiera de las dos es un atentado contra los derechos fundamentales de las personas. Decir que «el que quiera enseñanza básica de un determinado tipo que se la pague» es dictatorial; sobre todo teniendo en cuenta que «ya la ha pagado» con los impuestos.

Dice que «el requisito para que un niño busque el significado de la vida es que el educador también lo busque sin prejuicios». ¿Abundan hoy los maestros con ese perfil? ¿O nuestra escuela es cada vez más maniquea por la falta de sentido trascendente de los profesores?

Conozco muchos profesores muy motivados que se hacen preguntas sobre cuestiones importantes. Muchos de mis seguidores en Twitter y yo tenemos muy buenos intercambios. Me inquieta que haya familias (los primeros y principales educadores) que crean que han cumplido llevando al niño a un buen colegio. Somos las familias las que tenemos que buscar el sentido y el significado de la vida ayudando así a los hijos en su búsqueda personal.

«Saberse cosas sin criterio ni discernimiento y sin adquirir el deseo de saber es contraproducente. Aprender a aprender sin llegar a aprender nunca nada es una de tantas maneras de perder el tiempo y destrozar vidas».


Le aviso de que la pregunta tiene trampa. Ciertas corrientes pedagógicas contraponen, en la enseñanza escolar, dos criterios: la carga cognitiva, es decir, los conocimientos que estudian los chavales, frente a las estrategias de aprendizaje y las famosas competencias. ¿Qué es más importante: los saberes, o aquello de «aprender a aprender»?

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