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¿Hay que santiguarse al pasar frente a una iglesia?

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Henry Vargas Holguín - publicado el 19/05/15

Momentos en los que fuera de las acciones litúrgicas es conveniente (aunque no obligatorio) hacer la señal de la cruz

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En el mundo civil e incluso militar hay ciertos gestos que, por patriotismo o por otros sentimientos semejantes, se mandan y se cumplen con "devoción" y nadie, con justa razón, cuestiona ni critica.

En días señalados los ciudadanos saludan a la bandera de su país colocando la mano extendida sobre el pecho o el corazón, y los militares lo hacen sobre la frente. En muchos países al hacer el juramento a la bandera extienden el brazo y para cantar el himno nacional nos ponemos de pie y cantamos igualmente con la mano en el corazón. 

Y responder al sentimiento patrio de saludar a la bandera o de depositar al pie del monumento de un prócer de la patria una corona de laurel no significa homenajear un trapo o un busto de bronce, sino expresar amor a la patria y admiración al prócer o al ilustre personaje.

Y en la vida eclesial pasa algo parecido. La Iglesia no es la excepción. En la Iglesia también hay ciertos simbolismos, signos y gestos. Hacer la señal de la cruz, fuera de que es un testimonio de vida cristiana, se podría entender también como un gesto de saludo a Dios y a Jesús Eucaristía al pasar frente a una iglesia, de saludo a la casa de Dios, de saludo a la cruz misma, de saludo a un santo al pasar o estar cerca de una de sus imágenes.  Se entiende que no es un saludo a la piedra del templo, al metal de la cruz o al barro de la imagen.

¿Por qué se hace la señal de la cruz? Porque es la señal del cristiano. Por tanto para el cristiano auténtico, es importante pensar con frecuencia en el valor de la cruz, recordar a lo largo del día con gratitud el sacrificio de Jesús en la cruz, persignarnos o santiguarnos en diferentes lugares y momentos durante el día y sobre todo cargar, con los mismos sentimientos de Cristo, nuestra propia cruz; esto último es lo que nos identifica más como discípulos del Señor Jesucristo.

Y así como realizamos la señal de la cruz o nos signamos y/o santiguamos en diferentes momentos de la misa (y más el sacerdote) y del rezo del oficio divino, así también la señal de la cruz nos debe acompañar en diferentes lugares y momentos del día, especialmente en los otros momentos de oración.

Ahora bien, una cosa es signarnos y/o santiguarnos en estricto cumplimiento a las normas litúrgicas y otra diferente es hacerlo fuera de este contexto donde se recomienda vivamente.

Por tanto fuera de las acciones litúrgicas y, por extensión, de las oraciones, hacer la señal de la cruz no es obligatorio, pero sí es bueno, lógico y conveniente. Es muy saludable mantener esa costumbre. No debemos perder los signos externos cristianos pues además entre otras cosas es un testimonio que nos invita a la coherencia.

¿Cuándo conviene o es bueno hacer la señal de la cruz? Es bueno y conveniente hacer la señal de la cruz, como forma o expresión de oración, principalmente al levantarnos, al salir de casa, al entrar en la Iglesia, al pasar frente a una capilla o iglesia donde éste el Santísimo Sacramento (y más si está expuesto), al empezar el trabajo, antes de comer, al acostarnos y, sobre todo, al vernos en alguna necesidad, tentación o peligro.

El realizar esta acción no es otra cosa que invocar a Dios en su realidad, tal como nos la ha revelado Jesús y que además constituye el gran misterio de nuestra fe y lo que nos identifica.

La señal de la cruz es la señal del cristiano, por lo tanto, al hacerla estamos identificándonos con Cristo, con su vida, sus palabras y sus enseñanzas, y debemos tratar de vivir de acuerdo con ello.

Indiferentemente del momento y el lugar, hay que hacer la señal de la cruz siempre con consciencia, con amor y fe. Mucha gente se limita simplemente a hacer el ritual de signarse o de santiguarse o de persignarse sin un conocimiento del porqué lo hacen.

También es incorrecto hacer la señal de la cruz a las carreras, o hacer un arremedo de cruz o con el temor o vergüenza de ser vistos. Si se hace así la señal de la cruz es pecado; pecado venial, pero al fin y al cabo pecado.

Anteriormente se ha dicho que hacer la señal de la cruz fuera de la misa y las demás acciones litúrgicas es bueno y conveniente. Pero una cosa es esto y otra, muy equivocada, es hacerla de manera supersticiosa; esto también es pecado.

Santiguarse supersticiosamente es creer que la protección del Señor es el resultado de una acción “mágica”. Se olvida que nuestro seguimiento de Jesús implica comprometernos con Él a lo largo y ancho de toda nuestra vida y que por lo tanto nuestros actos deben reflejar esa fe que tenemos siguiendo el camino que Él nos ha señalado.

Lastimosamente hay muchos que se santiguan inclusive en momentos previos a cometer algún acto vandálico o delictivo como para que les vaya "bien" y no sean capturados o asesinados; esto es aún peor.

Para no caer en supersticiones es importante cuidar la disposición interior. Nosotros debemos de iniciar con la disposición interior y después pasar a las acciones. La disposición interior es darle a Dios su lugar en nuestro corazón, en nuestras acciones y en nuestros pensamientos. Es una actitud donde humildemente nos damos a Él.

El realizar el gesto de la señal de la cruz no es suficiente si no va acompañado de otros gestos o actitudes propios de nuestra condición de creyentes. ¿Como cuáles? Pues los mismos que hizo el Señor: acercamiento al que sufre, gestos que signifique respeto a la vida de los demás, etc.. Jesús nos enseñó que para ser sus discípulos suyos y que los demás nos identifiquen como tal debemos amarnos los unos a los otros.

Jesús dijo: “Vosotros sois mis amigos (mis discípulos) si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,14). Por tanto no nos podemos quedarnos tranquilos sólo al realizar determinados gestos que, sin el compromiso con Cristo a favor de los demás, quedarán vacíos.

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