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Crear y curar

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He aprendido que una vida no vale nada
y que nada vale una vida.
-André Malraux-

         Un bandido llamado Angulimal, se acercó a Buda para matarlo.
Éste, con su acostumbrada serenidad musitó:
         – Adelante, mátame si eso te hace feliz.
         – Te concederé un último deseo, dijo generoso el bandido.
Buda levantó la vista y dijo con mucha calma:
         – Corta con tu machete una rama de aquel árbol y tráemela.
El bandido complació a Buda y se la entregó.
         – Ahora, dijo Buda, quiero que devuelvas la rama a su sitio. Déjala como si no la hubieras cortado.
 El bandido soltó una carcajada y dijo:
         -¡Debes estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa!
         -Al contrario, le dijo Buda. Eres tu el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso lo hace cualquiera, hasta un niño. ¿Sabes quién realmente es poderoso? Aquel que puede poner la rama en su sitio. Aquel que sabe crear y curar. ¡Ahí esta el poder!
 
         Para la mayoría de los mortales, el poder se asocia con la fuerza. Un ejército es poderoso en tanto en cuanto tiene poder de destrucción. El poderío de una persona lo da la fuerza de sus bíceps. Es la mentalidad primitiva que busca soluciones inmediata al ardor de la pasión y que casi siempre produce resultados irremediables e irreversibles.
 
         Pensemos, por ejemplo, en el drama del aborto o el terror de la eutanasia. Se recurre a lo fácil e inmediato sin medir las consecuencias personales y sociales que puedan tener.
        
         Es fácil aplicar la fuerza bruta para apretar un gatillo y acabar con una vida, pero nadie sabe recrearla, porque es una obra única e irrepetible. El poderoso ariete puede demoler un muro; lo que no puede es reparar la brecha.
 
         Nuestra sociedad está necesitando que cambiemos la lógica de la eliminación por la lógica de la solución. Que nos olvidemos de las transgresiones y volvamos al respeto. Que en lugar de destruir, nos dediquemos a crear, a respetar, a curar.
 
         En esta sociedad nuestra utilitaria y consumista en la que hasta las personas se convierten en objeto de consumo, qué bien nos vendría sustituir el usar y tirar por el crear y curar.
 

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