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Cómo ser creativo en la forma de amar

Amit-Gupta-CC
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Necesitamos un amor que comience siempre de nuevo

Jesús nos llama amigos. Amigo significa tener una relación de igual a igual. Eso me conmueve. Es imposible. Dios y el hombre. ¿Cómo es posible? Eso significa mucho. Somos amigos de Jesús. Él es nuestro amigo.
 
Lo comparte todo con nosotros, confía en nosotros. Somos libres ante Él, no somos sus esclavos. En cada paso de mi vida soy libre para darlo sin Dios o de su mano. Para amar o rechazar el amor.
 
Él cuenta conmigo, con mi amor. ¿Y yo con Él? ¿Le considero mi amigo? ¿Le hablo con confianza y sin miedo? ¡Cómo voy a tener miedo de un amigo! La amistad es una de las relaciones más desinteresadas que hay.
 
El amigo verdadero siempre está y no pide nada. Aguanta. Responde siempre. Si no le hago caso en tiempo no me recrimina. Respeta mis tiempos, el que seamos diferentes. Doy gracias a Dios por mis amigos.
 
Me conmueve que Jesús me llame amigo antes de morir. De nuevo me muestra su corazón humano que necesita reposo, que da reposo.
 
Jesús nos pide que nos amemos: “Esto os mando: que os améis unos a otros”. No les dice que lo amen a Él. No les dice que hagan milagros, que conviertan a muchos, que cumplan muchos mandamientos.
 
Sólo les dice que el misterio de lo que han vivido juntos en esos tres años, lo vivan hasta el extremo: Amarse los unos a los otros. Eso es lo que vivieron juntos. Tan sencillo como eso. Amar y ser amados.
 
Pero quiere que nos amemos bien, como Él mismo nos ha amado. Hasta el extremo, hasta dar la vida. Amando de forma creativa. Amando con toda el alma y con todo el cuerpo.
 
¿Cómo aprendemos a amar bien? ¿Cómo se aprende a ser creativos? Tanta gente hay que se reconoce poco creativa en el amor. Ha perdido la capacidad de sorprender al otro. Para buscar su felicidad.
 
No se le ocurren formas nuevas, caminos originales. Simplemente es como si sobrevivieran en el campo de batalla. Pero no hay avances.
 
En la vida hay personas que nos enseñan a amar. Por la forma como nos aman nos muestran un camino original para crecer. El amor se construye sobre la confianza y la admiración.
 
Como nos recuerda Joseph Zinker: “El amor es el regocijo por la mera existencia de la persona amada”. No tenemos que hacer nada especial para que nos amen. No tienen que hacer nada especial para que los amemos. ¿Amamos así?
 
Tenemos que permanecer en el amor de Dios para luego poder permanecer en el amor que damos. Que el amor que damos no dependa de cómo nos traten, de lo que nos den a cambio. ¿Nuestro amor permanece fiel en medio de las dificultades de la vida?
 
Nuestro amor crece cuando es un amor que se renueva cada día. El amor que no se reenamora, se acaba secando.
 
Necesitamos un amor que comience siempre de nuevo. Que confíe aunque haya experimentado muchas veces la decepción. Un amor fuerte y firme. Un amor hondo, que ame desde las entrañas.
 
Un amor de gestos, creativo, que invente formas nuevas, que se reinvente cada mañana. Un amor de risas y de lágrimas. De complicidad y paciencia. Un amor apasionado, porque el amor frío no es verdadero amor.
 
Un amor que respete y espere, que guarde y calle. Un amor que no exija, sino que acepte con alegría lo que recibe. Un amor paciente y servicial. Un amor expresado en formas diferentes. Tantas formas como personas existen.
 
Un amor humano que tienda a lo divino. Porque todo amor finito sueña con la eternidad. El ideal parece muy lejano e inalcanzable, pero es el que nos anima a crecer cada mañana.
 
¿Cómo poder amar con el amor de Jesús en mi alma? ¿Cómo poder amar con un amor infinito que rompa los límites de mi carne?
 
Decía el Padre José Kentenich: “Debemos tener ante nuestros ojos metas elevadas a fin de que se despierten en nosotros los impulsos profundos e instintivos propios de quien debe alcanzar un alto objetivo. Santa Teresa dice que subir a un montículo hecho por un topo no despierta ningún impulso en mí. Pero si tengo que subir una montaña, se avivan todas mis fuerzas. Al disparar, hay que apuntar más alto para alcanzar un blanco que está más abajo”[4].
 
Jesús siempre nos pone altos ideales, para que soñemos con las cumbres, para que no nos conformemos con una vida mediocre.
 
Si nuestras aspiraciones están al alcance de la mano, nos relajaremos y nos dejaremos llevar por la vida. Si la meta parece tan lejana que nos parece imposible, ese ideal encenderá el fuego del corazón.
 
Jesús nos pide que nos amemos los unos a los otros con su amor. Parece imposible. ¿Sueño con un amor así para mi vida?

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