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¿Qué cambiarás hoy para ser fiel a tus sueños?

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Carlos Padilla Esteban - publicado el 08/05/15

Las heridas, los fracasos, los desencuentros, las soledades, pueden haber dejado tocada nuestra alma apasionada

Los años pasan. Y puede ser que nos hayamos convertido en algo más gruñones, menos flexibles, más prejuiciosos, menos receptivos ante la vida. Puede ser que hayamos perdido la inocencia y ese corazón de niño con el que antes enfrentábamos la vida. Un corazón lleno de asombro, que lo absorbe todo como una esponja.

Puede ser que nuestra forma de amar sea con más miedo, sin dar tanta confianza, sin abrir tanto el alma. Las heridas, los fracasos, los desencuentros, las soledades, pueden haber dejado tocada nuestra alma apasionada.

No lo sé, pero el tiempo no siempre nos permite hacer realidad lo que un día soñamos. Y a lo mejor la amargura llena el espacio que deja la ilusión. Las prisas, la eficacia, la impaciencia. El tiempo vale oro. Los días pasan y pesan.

¿Estamos más gruñones que hace años? ¿Más rígidos ante los cambios? ¿Más nerviosos por no lograr los objetivos marcados? Nos cuesta aceptar que los imprevistos ocupen nuestro tiempo cuando no contábamos con ellos.

El otro día vi un video que me llamó la atención. Un hombre ejecutivo, en el año 2032, recibe un paquete en su oficina, en medio de mil agobios y preocupaciones. Responde muy molesto a la secretaria por haber sido interrumpido en mitad del trabajo.

El remitente del paquete es él mismo. Se trata de un video grabado por él hace veinte años. Aparece él a la edad de veinte años en Perú y le muestra cómo está viviendo en ese momento.

Quiere recordarle las cosas que le hacen vibrar de joven, sus sueños de cambiar el mundo, su deseo de vivir los instantes de la vida de forma apasionada. Le recuerda las cosas importantes en ese momento y no las que luego el mundo nos hace valorar más.

Le enseña en imágenes y actitudes los valores que movían su corazón. Y le pide, a ese hombre veinte años mayor, se lo pide a sí mismo, que no olvide lo que era de joven. Teme que haya perdido la inocencia, la alegría, la pasión por la vida.

Le da miedo que los años hayan desgastado su alma soñadora y se haya aburguesado lentamente. Le asusta que el peso de la vida, el trabajo, las preocupaciones, hayan minado sus ganas de vivir y amar intensamente.

El hombre de cuarenta años se emociona al verse a sí mismo en el video. Se conmueve al ver que ha perdido tantas cosas con el paso de los años. Tantas cosas que un día creyó irrenunciables. Cuando pensaba que era posible cambiar el mundo. Decide llamar a su esposa y le pregunta: “¿Has estado alguna vez en Perú?”.

A veces el tiempo hace que olvidemos lo importante. Hace que las cosas en las que creímos un día cuando éramos jóvenes pasen al olvido. Si yo me hubiera mandado un video así hace veinte años, ¿cómo reaccionaría hoy al verlo?

¿Me emocionaría y cambiaría algunas cosas en mi vida? ¿Seguiría igual? ¿O dejaría de vivir como lo estoy haciendo ahora? ¿Invertiría el orden de mis valores y mis prioridades de vida? ¿O pensaría que he sido fiel a todo lo que movió mi vida en la juventud? ¿Hay coherencia entre ese chico de veinte años y el adulto en el que me he convertido?

Los años pasan y van dejando huella en el alma. A veces esa huella está llena de dolor y amargura. Otras veces de fuego que todo lo transforma. De sabiduría, de madurez. La realidad es que somos diferentes a hace veinte años. No sé si mejores o peores. Pero sí somos distintos.

De algo estoy seguro. Si hoy recibiera un video grabado por mí hace veinte años, me conmovería al ver la frescura de mi alma, los sueños que entonces me hacían vibrar.

Y me preguntaría: ¿Qué tengo que cambiar para ser fiel a mis sueños, para ser coherente con lo que Dios quiere de mí? ¿Es mi forma de vivir y de amar la que yo deseaba cuando era joven?

Tags:
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