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«Batman, el Caballero de la Noche», antítesis del héroe posmoderno

Warner Bros. Pictures

Centro de Estudios Católicos - publicado el 08/05/15


En un interesante diálogo entre Batman y su antagonista, este expone su visión de la sociedad, intentando que el héroe desista de su misión y tratando de justificar sus acciones:

Para ellos sólo eres un bicho raro, como yo, le dice. Ahora te necesitan, pero cuando no sea así te marginarán como a un leproso. Su moralidad, su ética es una broma. Se olvidan al primer cambio imprevisto. Solo son tan buenos como el mundo les permite ser. Te lo demostraré. Cuando las cosas se tuerzan, esos civilizados se matarán entre ellos. Yo no soy un monstruo, sólo voy un paso por delante.

Esta antropología tan pesimista, carente de esperanza y obsesionada con la maldad es la que le lleva a concluir que “la única forma sensata de vivir en este mundo es sin principios”.

El Guasón quiere develar lo miserable que hay en la naturaleza humana y de lo cual él es un paradigma. No se conforma con ser un pasivo espectador sino que quiere ir más allá y ser la causa del caos, de la destrucción, del miedo; quiere contagiar su desesperación, trivializa el dolor de las personas y no soporta ver hombres virtuosos que todavía crean en el bien, por eso le reprocha a Batman su deseo de ser coherente: “Tienes muchos principios y crees que te van a salvar”.

Ante las continuas amenazas del malhechor y luego de volar un hospital, los habitantes de Ciudad Gótica intentan escapar. Debido a que los puentes parecen estar llenos de explosivos, las autoridades disponen dos transbordadores que puedan conducirlos a un lugar seguro, en uno de ellos han acomodado a los civiles y en otro a los convictos.

El plan parece estar marchando según lo previsto pero de inmediato irrumpe la  voz de El Guasón que les indica: en cada embarcación hay explosivos y un detonador, si quieren sobrevivir deben hacer explotar el otro barco.

Nuevamente el villano quiere poner a prueba la libertad humana, pero con el único afán de confirmar su tesis de un pretendido mal radical en el corazón de todos los hombres que les impide ser altruistas. Finalmente triunfa el bien y El Guasón es derrotado, uno de los convictos arroja el detonador fuera del barco y un civil decidido a salvar su vida sacrificando a los reos, se arrepiente y pone el detonador sin activar en su lugar.

No obstante, el hecho le da la razón a Alfred, el mayordomo de Batman, quien describe acertadamente al bandido: “Hay personas que no buscan algo lógico como dinero. No se les puede comprar, ni amedrentar, ni hacer entrar en razón. Algunas personas sólo quieren ver el mundo arder”.

El Guasón considera que Batman lo completa, por eso no lo destruye. Pareciera creer en una especie de dialéctica sin solución definitiva entre el bien y el mal. Sólo desea tener a alguien con quién combatir, una antítesis, un contendor, para que en medio de la lucha se genere el caos.

Luego de retar al héroe en repetidas ocasiones ha entendido que la integridad del caballero de la noche es incorruptible. Aun cuando no la entienda ni esté dispuesto a imitarla, le resulta entretenida: “No me vas a matar por una absurda sensación de superioridad moral. Y yo no te voy a matar porque me divierto mucho contigo. Creo que tú y yo estamos condenados a seguir así de por vida”.

Llama la atención que en dos escenas el personaje relate versiones totalmente distintas sobre el origen de sus cicatrices. En la primera de ellas son la consecuencia de un padre ebrio y un cuchillo, pero de acuerdo a la otra, él mismo las hizo para demostrarle a su esposa, acosada por deudas de juego y víctima de unos delincuentes que le desfiguraron el rostro, que no le importaba verla así, tiempo después ella lo abandonó porque no soportaba estar a su lado.

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