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«Batman, el Caballero de la Noche», antítesis del héroe posmoderno

Warner Bros. Pictures
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La opción por la virtud no debe traer consigo un mezquino interés utilitario y debe ser lo suficientemente firme para mantenerse incluso en medio del dolor y la injusticia

Alfonso Reyes afirmaba que a diferencia de los textos filosóficos, espirituales, históricos o científicos que pueden tener un lenguaje de valor estético y a los que catalogaba como literatura aplicada, "la literatura en pureza se dirige al hombre en general, al hombre en su carácter humano (…), el contenido de la literatura es, pues, la pura experiencia" (71). Es por eso que puede haber mucha más lucidez y realismo en una novela, un cuento o una poesía que en un tratado.
 
Los grandes dramas de la existencia humana aparecen mucho más nítidos y cercanos a nuestra realidad en la vida de los personajes literarios que en la teorización de un erudito porque podemos identificarnos y vernos reflejados en sus tristezas, sus alegrías, sus dilemas y sus incertidumbres.
 
No es distinto lo que ocurre con el séptimo arte. Una buena película casi siempre nos remite a un encuentro con nosotros mismos, genera preguntas y ofrece respuestas que adquieren significado y valor en la propia existencia.

Podría decirse que sentarse a ver un filme de calidad no sólo es un ejercicio estético sino también ético, en la medida que puede ayudarnos a ser mejores personas o mostrarnos una faceta de la realidad que aún no conocíamos y que nos hace reconsiderar ciertas opciones, actitudes o comportamientos.
 
Batman, el caballero de la noche (2008), dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Christian Bale (Batman), Heath Ledger (El Guasón), Gary Oldman (Jim Gordon) y Aaron Eckhart (Harvey Dent), no sólo es magistral en términos cinematográficos por sus efectos especiales y las excelentes dotes histriónicas de sus actores.

Tal vez lo más interesante sea que el problema ético desarrollado en su trama suscita una reflexión sobre tres posiciones o actitudes morales que pueden distinguirse en Batman, el Guasón y Harvey Dent, cuyas opciones le dan dinamismo al argumento.

Aproximarse a cada una permitirá identificarlas en la vida individual y colectiva de las sociedades contemporáneas, además de ser una preparación para la nueva versión de Batman, el caballero de la noche asciende.
 
El Guasón, un agente del caos
 
La cinta comienza con el robo a un importante banco de Ciudad Gótica en el que se guarda el dinero de los más importantes capos de la mafia. Detrás de su organización se encuentra El Guasón, un “bicho raro”, un “monstruo” con el rostro pintado como un payaso y con dos grandes cicatrices que intentan dibujar una sonrisa tan escalofriante como irreal. En esta versión de la saga es el archienemigo de Batman.
 
Contra todo pronóstico, el Guasón lo ha dispuesto todo para que sus cómplices se asesinen entre sí y poder quedarse con todo el dinero. Sin embargo, su mayor interés no parece ser la riqueza, como paulatinamente lo revela la película.
 
Este criminal sin principios y sin lealtad alguna se proclama a sí mismo como “un agente del caos”, desprecia a los grupos delincuenciales porque su mezquino objetivo es el dinero y no tiene pudor alguno en quemar una cantidad millonaria de dólares frente a los ojos atónitos de un importante líder delincuencial. Según él, la ciudad “se merece un mejor villano”.
 
El comportamiento de este personaje, interpretado brillantemente por el galardonado Heath Ledger, recuerda la actitud de Satán en el Libro de Job. Cuando Yahvé se enorgullece de la rectitud moral de su siervo, Satán replica que esta sólo se debe a que es un hombre afortunado y lleno de posesiones, pero que en una situación límite seguramente sería otra su conducta: “Trata de poner la mano en sus posesiones; te apuesto a que te maldice a la cara” (Job 1, 11).

Del mismo modo, el Guasón no cree en la bondad natural del ser humano y su objetivo último es corromper el alma de Ciudad Gótica por medio del terror, pues “la gente cuando está a punto de morir, se muestra tal y como es”.

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