Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
martes 26 octubre |
Frei Galvao
Aleteia logo
home iconEspiritualidad
line break icon

Para confiar y recuperar la inocencia de los niños

© Sharon Drummond

Carlos Padilla Esteban - publicado el 04/05/15

¡Cuántas veces desconfiamos! Es posible creer que la fecundidad es de Dios y no se debe a mi esfuerzo

Siempre en Pascua me conmueve recorrer la vida de los apóstoles que se relata en los hechos de los apóstoles. Me emociona ver su fe, su fuego, su seguridad, su generosidad en la entrega. Una certeza que no procede de su humanidad, frágil y miedosa, sino del amor de Dios en sus vidas.

Se supieron amados, recibieron el Espíritu y fueron capaces de lo imposible. Sin Dios no podían hacer nada. Con Él todo parecía realizable. Me impresiona lo que Dios hace a través de sus manos rotas, de sus palabras imprecisas, de sus gestos audaces. Me impresiona su actitud orante ante la vida, su intimidad con Jesús resucitado.

Eran verdaderamente amigos de Dios y su amistad les llevaba a dar la vida por su amigo. Tenían miedo, como todos lo tenemos, pero no permanecían bloqueados por el miedo.

Sabían lo que tenían que hacer y lo hacían. Obedecían con humildad. Se adaptaban a los planes de Dios. No perdían el tiempo esperando la mejor oportunidad para actuar. Simplemente se ponían en camino.

Hay un texto muy especial que siempre recuerdo. Es la historia de Felipe y la conversión de un eunuco (Hechos 26, 39). En ese texto se nos muestra cómo actúa el Espíritu. En su corazón le va revelando el Señor a Felipe su voluntad de forma delicada, respetando su libertad, insinuando, proponiendo. Él escucha y actúa.

Lo primero que le dice es que vaya a un camino. No le dice un pueblo donde predicar la Palabra, ni un lugar en el que poder evangelizar. Simplemente le pide que vaya a un camino desierto, donde no hay nadie a quien hablar de Jesús. Le pide algo con poca lógica y él obedece. Espera, se muestra paciente.

¡Cuántas veces nosotros no creemos en los planes de Dios! ¡Cuántas veces nos pide que tengamos paciencia, que creamos en su promesa aunque no veamos nada todavía! Nosotros desconfiamos cuando no vemos frutos inmediatos. Cuando predicamos en el desierto y nadie parece escucharnos. Desconfiamos.

Felipe se fía de Dios. Pienso que hay que tener un corazón de niño para creer en planes imposibles, para aceptar propuestas poco plausibles. Felipe se fía, debía ser muy niño. Tendría ese don de ver más allá de las apariencias, ese espíritu filial de aquel que lo pone todo en manos de su padre y se deja llevar.

El otro día leía un poema de Unamuno: “Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad; vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar”.

Esa edad de los niños en la que vivir es soñar. Creer contra toda esperanza. Confiar cuando parece imposible. Quisiera recuperar la inocencia de los niños, esa mirada sobre la vida que a veces pierdo.

Decía el Padre José Kentenich: “Dios quiere que reconquistemos en santa sabiduría nuestro ser niño. Una confianza ilimitada en la bondad de Dios”[1].

El niño confía ciegamente en la bondad de su padre. Así es como Dios quiere que volvamos a confiar en su amor. Él es bueno. Y bueno es todo lo que Él hace.

Pero, ¿cómo es posible confiar de forma ilimitada? Confiamos en nuestras propias fuerzas. Y cuando nos fallan, no confiamos en nada más. ¡Cuánto nos cuesta confiar en las personas!

Confiar en Dios ya nos parece imposible. Confiar en su amor infinito, en su bondad, en su presencia protectora. Confiar en Él y desconfiar de mis fuerzas.

Me gustaría tener esa confianza de los niños. Que no me importara tanto el futuro. Que no me diera miedo la vida. Como los niños que creen en el poder ilimitado de sus padres. Volver a ser como niños para entrar por la puerta pequeña del corazón de Dios. Es verdad. Ahí sólo caben los niños. Y yo he crecido a mi pesar.

Seguir a Jesús exige de nosotros una gran confianza filial. Creer en su amor, en su cuidado. Estar convencido de que mi vida descansa en sus manos. Que en Él puedo dormir tranquilo. Creer que la fecundidad es de Dios y no se debe a mi esfuerzo. Creer en sus deseos aunque aparentemente parezca todo imposible.


[1] J. Kentenich,
Niños ante Dios
Tags:
alma
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
Aleteia Brasil
¡Cuidado con las oraciones de sanación y liberación!
2
PRAY
Philip Kosloski
Oración al beato Carlo Acutis para pedir un milagro
3
QUIÑONEZ
Pablo Cesio
Álex Quiñónez, una muerte cargada de violencia que vuelve a enlut...
4
newborn
Mathilde De Robien
15 nombres de niña cuyo significado conecta con Dios
5
Ary Waldir Ramos Díaz
Un niño le da una lección al Papa Francisco en plena audiencia ge...
6
PEPE RODRIGUEZ
Revista Misión
El chef Pepe Rodríguez: «Nunca me he emocionado al comer. Al comu...
7
SINDONE 3D
Lucandrea Massaro
El Hombre de la Sindone, reconstruido en 3D: ¡Son verdad los Evan...
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.