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José Pedro Zilli: Misionó con monseñor Romero y va rumbo a los altares

© DR
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Una vida de película que sintetiza austeridad, contemplación y apostolado permanente

Apenas siete años después de su fallecimiento, la fama de santidad del padre José Pedro Zilli abrió camino a su causa de beatificación. Por eso, por decreto del obispo de Venado Tuerto, monseñor Gustavo Help, en esa ciudad argentina fue constituido un tribunal eclesiástico para el estudio de su causa.
 
Se trata de la primera etapa de un largo proceso, pero que permite, con las primeras recolecciones documentales, obtener los trazos de un franciscano menor con una vida de película: desde un período de misión con monseñor Romero hasta la reconstrucción de una capilla teniendo él más de 80 años.
 
José Pedro Zilli nació el 7 de mayo de 1924 al pie del Monte Chiampon, Udine, Italia. De humilde familia, gozosamente de niño colaboraba con tareas de adulto para ayudar en el hogar, cosa que no le impedía jugar, por ejemplo, preparando delicadamente un pequeño altar para una misa.

Estudiante modelo, estudió en la escuela de arte e incluso llegó a trabajar como dibujante en una empresa de construcción. Pero a los 18 años, en el convento muy cercano a su casa de San Antonio, donde con los hermanos franciscanos había aprendido a ser un buen monaguillo, sintió su vocación.
 
Por esos días, las bombas de la II Guerra Mundial comenzaban a caer sobre el pueblo. Así recordaba ese momento el padre Zilli: “La huerta del convento franciscano de mi pueblo lindaba con el patio de mi casa y noté que los franciscanos trabajaban en la quinta en medio de los bombardeos y yo me pregunté: ¿Estos frailes no tienen miedo a las bombas? De esa curiosidad nació mi vocación de sacerdote; además me gustaba mucho la vida de san Francisco de Asís".
 
El 15 de mayo de 1947, y pese a la insistente resistencia de su padre, José se convirtió en "Fraile para siempre" con el nombre de fray Vitaliano María. Fue ordenado sacerdote el 22 de junio de 1952. Cuentan que un colega suyo ateo al oírlo celebrar su primera misa con tanto entusiasmo se convirtió e incluso se acercó a tomar la comunión.
 
José estaba convencido de que podría conciliar en su vocación dos ideales: la vida eremita y la vida misionera. “Me decidí por este último sin sacrificar el primero, porque ya estaba convencido de que los dos podrían reconciliarse. Precisamente por eso hoy soy un misionero y también un poco ermitaño. En medio de mi trabajo me paso un par de horas cada día en la meditación", escribió poco antes de morir.
 
Tras algunos años en Italia, pidió a sus superiores ser destinado a alguna misión en Japón o la Argentina. Por tener familia en Uruguay y la Argentina, se orientó por Sudamérica y arribó a Buenos Aires en 1953, después de 18 días de viaje.

Su primer destino fuera de Buenos Aires fue Santiago del Estero, donde al poco tiempo construyó una capilla dedicada a san Francisco de Asís construida de quebracho y chapa. Pero rápidamente comenzó a frecuentar la Patagonia, donde los salesianos solicitaban ayuda.

En Ingeniero Jacobacci, Río Negro, llegó a ser conocido como "El amigo de los pobres". En el pueblo aún se recuerdan sus tortas fritas y sus partidos de fútbol con los chicos de catequesis. Testimonio de su paso por allí son los cuadros en la parroquia.
 
Con monseñor Romero
 
En 1975, estando de vacaciones en Italia, se le informó de que no podría volver a la Argentina. Pero una carta de monseñor Oscar Romero, invitándolo a integrarse al clero de su diócesis, le devolvió la ilusión. Ya en Ozatlán, el próximamente beato Romero aseguró que el padre Zilli era un “verdadero hombre de la Iglesia”.

En El Salvador el padre Zilli celebraba la misa cada día, incluso en capillas que llegaron a estar infestadas de murciélagos, al punto que uno le rozó la mejilla. Llegó a administrar 111 bautismos en el día de la Inmaculada y no le escapaba a la nube de jejenes si tenía que confesar a los niños de primera comunión. Pero pronto

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