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Difret: una mirada al drama de los matrimonios forzados en África

Haile Addis Pictures
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Una cinta que está consiguiendo bastantes éxitos en los festivales de cine

De la mano de Golem Distribución, llegó a la cartelera española el pasado 13 de febrero Difret -cuarta película rodada en Etiopía en 35 mm.- que supone el debut en el largometraje del realizador y guionista de Adís Abeba Zeresenay Mehari -hasta ahora cortometrajista (Coda, 2006)- y que ha contado con el apoyo en la producción de la actriz Angelina Jolie para narrar este drama social, basado en hechos reales acaecidos en 1997.
 
El filme sigue los pasos de Hirut, una buena estudiante de 14 años. Sus profesores consideran que puede ser una futura y solvente profesional de la docencia. Todo transcurre en su vida con total normalidad hasta que un día, de forma repentina, es secuestrada por un grupo de individuos que deambulaban por la calle.
           
Mientras se desarrolla el acontecimiento, en medio de ese ambiente hostil -del mundo rural, etíope y salvaje-, la joven coge un arma de fuego con la que consigue zafarse y disparar sobre uno de sus agresores. Resulta que su víctima se iba a convertir en su cónyuge, debido a un rito tradicional que cuenta con una gran repercusión en el país donde tiene lugar la acción. Esto provoca que la abogada Meaza Ashenafi, que siempre hace gala de su destreza y su perspicacia, se desplace hasta la zona con el objetivo de conseguir que la protagonista salga impune del caso, dado que actuó en defensa propia.

Difret tiene una clara vocación de denuncia social respecto a las costumbres ancestrales. ¿Y qué ocurre cuando se interrumpen las tradiciones que pasan de generación en generación? Desgraciadamente esta tradición se da por sentada en extensas zonas del país etíope y afecta al 40% de las adolescentes.
 
Pero enfrentarse a las viejas tradiciones no es fácil. Cuesta abandonar lo antiguo por lo nuevo, siempre es incómodo e inquietante. Y a través de Difret se aprecia que no es tan difícil y que hay formas en las que los seres humanos somos capaces de trascender los acontecimientos, incluso cuando todo un sistema de creencias se desmorona.

En este sentido, podemos encontrar ciertas analogías con la película senegalesa Mooladé (Ousmane Sembene, 2004), sobre la ablación, y con la cinta estadounidense La verdad de Soraya M. (Cyrus Nowrasteh, 2008) sobre la lapidación en Irán. En ambas historias ya se atisbaba un intento por dar a conocer estos hábitos prehistóricos, a pesar de la presión social de cada país. Y en el caso de Difret se ha dado un paso más, pues tras el caso de la adolescente Hirut ya está abolido en Etiopía el rapto para el matrimonio.
 
Todo ello lo presenta Zeresenay Mehari a través de un guión dispuesto en orden cronológico, un montaje artesanal, cercano a las figuras protagonistas -muy buenas las interpretaciones de su elenco, especialmente las de Meron Getnet y Tizita Hagere- y una narración objetiva. No le interesa al realizador tanto el aspecto estético del filme como acentuar su poderosa voz instalada en los diálogos. De este modo, se agradecen las elispsis, los calculados fundidos a negro y, por tanto, el ahorro en imágenes morbosas e innecesarias.
 
Hasta ahora, este pequeño drama ha conseguido alzarse con el Premio del Público de los prestigiosos festivales de Sundance y Berlín y es candidato al Oscar a la mejor película en lengua no inglesa.
 

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