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Los Vengadores: La mayor amenaza para el mundo… no son los robots

Marvel Studios
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La segunda entrega nos acerca al «lado humano» de los superheroes

No tenemos tiempo para cuestiones morales (Tony Stark, playboy, millonario, inventor, IronMan)

-Esto es lo que pasa por jugar con cosas que no comprendemos (Thor, dios nórdico)

La mayor amenaza no es un malvado siniestro con ganas de gobernar el mundo o un robot con líneas confusas en su código que adquiere inteligencia y decide que la Tierra está mejor sin nosotros. No. La mayor amenaza contra la vida, el planeta, la paz y la felicidad somos nosotros, los seres humanos. Y sólo siendo humanos podremos vencer esa amenaza.

Joss Whedon, que a sus éxitos en la pequeña pantalla sólo puede sumar la más que discreta recaudación de su único largometraje estrenado en salas de cine, “Serenity”, sorprendió gratísimamente con “Los Vengadores”, la película que antecede a la que se ha estrenado esta semana en cines.

Récords históricos de espectadores (tercera película más taquillera de todos los tiempos), magnífico equilibrio entre acción, espectáculo, humor, aventura… ah, sí, y para quienes provienen del mundo del cómic, una más que aceptable versión del universo Ultimates de Marvel capaz de aunar entidad propia y continuidad. Y todo ello, por si fuera poco, hábilmente engarzado con media docena de películas previas y otras tantas en espera de estreno.

La continuación de ese casi milagroso evento tebeístico-cinematográfico no pierde rebufo pero además se vale de que pocos espectadores acudirán al estreno vírgenes de este Universo Cinematográfico Marvel de manera que podemos empezar yendo directamente al grano, como en las películas de la franquicia de James Bond, en las que no es necesario presentar al personaje.

Pero tras esa primera misión inicial de la película que queda resuelta con algunos flecos aparece la gran interrogación de “Vengadores: la era de Ultrón”, cuando dos personajes argumentan si permitir o no el desarrollo de una inteligencia artificial capaz de ayudarles a enfrentarse a una amenaza que les supera. Ahí, evidentemente, comenzarán los problemas porque esa “criatura” rápidamente “entenderá” que la paz en el planeta Tierra sólo podrá alcanzarse si se elimina a la parte de la ecuación que se empeña en cultivar el mal: el hombre.

El invento no sale bien, claro, se revuelve contra sus creadores cual monstruo de Frankenstein y tras dejarles claro que no pueden vencerle llegamos a un momento poco usual hasta ahora en las películas de superhéroes.

Estos abandonan el entorno de tecnología punta en el que suelen moverse para instalarse brevemente en una idílica y bucólica granja en la que hay que partir la leña a hachazos (o con las propias manos, como hace Steve Rogers/Capitán América).

Y es ahí, back to the basics, donde Whedon nos permite conocer al hombre tras el superhéroe (y la mujer tras la superheroína, claro), despojados del vistoso traje y fracasados es el momento en que miedos, inseguridades, sueños y debilidades afloran y descubren/descubrimos que sólo desde el reconocimiento de las propias limitaciones y desde la verdad de que no podemos con todo (mucho menos por separado) asistimos a la verdadera transformación que permite la redención.

Eso sí, para no quedarnos con el mensaje negativo de que todo lo que el hombre haga para tratar de crear algo vivo e inteligente está condenado al fracaso, aquellos culpables en última instancia de haber propiciado una amenaza casi invencible tendrán algo que en la vida real no todos tenemos a nuestro alcance: una segunda oportunidad. ¿Lo lograrán está vez?

 

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