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Leticia, la misionera que dejó todo por los migrantes

© scalabrinianas-lac.org
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Siempre con el crucifijo de las Scalabrinianas: "Cuando no llevo esa cruz, siento que me falta algo"

México es un país marcado por la migración, por ello, la religiosa Leticia Gutiérrez Valderrama, directora de Scalabrinianas: Misión para Migrantes y Refugiados, decidió abandonar sus estudios de Comercio Internacional para darle un giro a su vida y ayudar a aquellos que muchas veces, en la búsqueda de un sueño terminan viviendo la peor de sus pesadillas.
 
El camino no ha sido fácil, según relatan sus familiares y representantes de otras organizaciones que se dedican a la misma lucha, como el padre Alejandro Solalinde Guerra.
 
El machismo y el hecho de que los migrantes son un sector que no le importa a las autoridades son dos de los principales obstáculos que se han cruzado en el camino; sin embargo, también ha encontrado apoyo y reconocimiento por su labor. Las mujeres que abandonan sus países amparadas por la más grande indefensión inspiraron también a esta misionera para que la que no existen obstáculos a la hora de exigir un trato igualitario y respeto para aquellas miles de personas que cruzan la frontera todos los días la frontera con Estados Unidos.
 
Leticia Gutiérrez Valderrama decidió dar un giro a su destino.
 
Tenía 25 años, una licenciatura en Comercio Internacional por la Universidad de Guadalajara, un trabajo bien pagado en una empresa aduanera, ocho hermanos —dos de ellos, migrantes–, el recuerdo de un padre que murió cuando ella era niña y el ejemplo de una madre que, al quedar viuda, tomó las riendas de la casa.
 
Leticia se armó de valor y habló con su madre:
 
—Me voy a ir de religiosa. Te guste o no, quiero ser monja.
 
El anuncio sorprendió a Gregoria Valderrama, pero no le disgustó.
 
Los hermanos de Leticia tomaron la noticia con incredulidad.
 
—Como era muy creída, decíamos que no iba a aguantar —recuerda Reina, la menor de los Gutiérrez Valderrama—, pero mira, sí aguantó.
 
Durante mucho tiempo, Reina no conoció detalles sobre la vida religiosa de su hermana. Sabía que se dedicaba a la atención de migrantes, pero no más. El día que encontró la fotografía de Leticia en una revista, se sorprendió; se enteró que en México secuestran y matan a migrantes centroamericanos que desean llegar a Estados Unidos. En esa publicación supo que la misionera Leticia reclamaba al gobierno por su indiferencia y complicidad en esos secuestros. Miró varias veces la fotografía y no podía creer que su hermana, aquella que recordaba “frágil y creída”, tuviera esa fuerza para defender a los migrantes.
 
—Cambió mucho mi percepción sobre ella —dice Reina vía telefónica desde Guadalajara—. No la veo como una monja, la veo como una guerrera.
 
México es un país marcado por la migración
 
Desde los años 20 del siglo pasado, los mexicanos comenzaron a migrar a Estados Unidos. La Organización Internacional para las Migraciones (IOM, por sus siglas en inglés) calcula que, al año, más de un millón —con documentos y sin ellos— se van al país del norte.
 
Organizaciones no gubernamentales estiman que cada año entre 150 mil y 400 mil personas, sobre todo centroamericanos, ingresan en forma irregular a México para cruzar su territorio y llegar a Estados Unidos.
 
Desde 2009, sacerdotes que atienden albergues para migrantes denuncian las extorsiones, violaciones sexuales y secuestros masivos contra esta población. Su voz de no se ha escuchado.
 
—Para liberar a un migrante secuestrado, a las familias les piden 6 mil dólares —cuenta la misionera Leticia, en las oficinas de Scalabrinianas: Misión para Migrantes y Refugiados (SMR).
 
Su deseo de ser religiosa no ocurrió de un día para otro

Cuando Leticia estudiaba en la Universidad fue voluntaria en el albergue para drogadictos de Barrios Unidos en Cristo, movimiento de jóvenes católicos, y colaboró con religiosas franciscanas dedicadas a la atención de enfermos.

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