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¿Qué hacer cuando un familiar o amigo está en una secta?

Vicente Jara - publicado el 30/04/15

(c)  Adultos. Son mayores de edad, y en los casos generales, responsables de sus actos libres y voluntarios. El gran problema estriba en cuánta libertad de actuación existe en las decisiones que se dan con respecto a una secta, que engaña, embauca, esconde sus intereses y manipula a los adeptos.

(d)  Personas enfermas y mayores. Son un colectivo muy expuesto a las sectas, que sólo buscan su dinero y bienes, a veces testamentados. Por la debilidad propia, son fácilmente manipulables por personas que pueden darles afecto, cariño, atenciones, etc., y que pueden un buen día «aparecer» ofreciéndoles conversación, un paseo o ayuda en labores cotidianas. A veces la captación de las sectas ocurre en los mismos hospitales y centros de salud. También está el caso de personas enfermas, que no encontrando soluciones en la medicina oficial científica, acuden a todo tipo de sanadores, curanderos, masajistas o brujos para ser sanados, o bien a pseudo-iglesias de sanación, con el consiguiente riesgo que conlleva. En estos casos los familiares de estas personas deben estar atentos y cuidar y prevenir qué personas puedan estar visitando a su familiar con fines manipuladores y pretendiendo despojarla de su dinero y bienes materiales.

5.     Algunas notas generales para ayudar a una persona a salir de una secta.

Daremos pautas generales que deberán ser puestas en práctica en cada caso en concreto dentro del proceso de ayuda.

– Alta implicación de la familia, amigos, profesores, agentes de pastoral, sacerdotes, etc., que pudieran ser de ayuda y confianza para el afectado.

– Contar con la ayuda de especialistas en sectas, psicólogos, y a veces, de abogados (según la necesidad del caso).

– No es un acto puntual sino un proceso, a veces lento y doloroso, con recaídas y retrocesos. No perder la esperanza. La entrada no fue puntual sino gradual. Por ello hay que desandar el camino que dio el afectado conociendo todas las causas por las que la persona quedó enganchada a la secta.

– A veces el afectado ha huido de una situación familiar o social desesperada, o buscando lo que no tenía o no encontró en su entorno. Es necesario sanar y restablecer las condiciones previas para acomodar a la persona al entorno del que quizás huyó.

– No calificar al grupo como secta, lo que siempre tiene connotaciones negativas. Denominarlo grupo, simplemente.

– El afectado debe ir poco a poco reconociendo al grupo como una secta, pero ha de hacerlo por sí mismo, nunca de manera directiva por parte de otros («ya te lo había dicho yo»), con humillaciones o desprecio («eres tonto»; «siempre te engañan»). Esto lo afianza en la secta. Las verdades que asumimos más fuertemente son las que descubrimos por nosotros mismos; por eso debemos con el afectado recorrer un camino juntos: familiares, amigos y afectado. Sólo así él irá viendo por sí mismo la realidad del grupo sectario.

– No cortar nunca las vías de comunicación con el afectado. Estar disponibles para que el afectado hable con confianza. Escucharle y no aleccionarle.

– Ofrecer siempre cercanía y amor incondicional al afectado. La mayoría de los adeptos permanecen en la secta por el que dirán sus familiares y amigos al volver.

– En los primeros momentos la persona puede estar muy alejada de los patrones, modos, concepciones, ideas, incluso lenguaje, de sus familiares y amigos. Ser pacientes, el afectado ha sido dañado en sus juicios lógico-críticos y en sus propios sentimientos, habiéndosele reeducado y manipulado su historia pasada.

– El diálogo con el tiempo deberá ser más frecuente, más íntimo, más profundo. Irá dándose de manera natural y gradual (si bien con pasos hacia atrás y recaídas). Al principio no abordar temas conflictivos o profundos, sino entablar diálogo general y superficial de temas cotidianos, sobre todo si las relaciones familiares fueron disueltas y se están reconstruyendo.

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almapsicología positiva
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