CUARESMA 2026
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Cuando fallece una persona, se acostumbra a celebrar una Misa de sufragio - de ayuda para su alma - después de la vigilia de velación, pero en algunos países se hace siete días después de los funerales.
La razón principal es que los parientes, sobre todo las mujeres, antes no salían de casa, como signo de luto. En realidad, aún en la diversidad de las tradiciones, lo que cuenta es mantener vivo el vínculo con los seres queridos.
La Misa de cuerpo presente
En el Misal está solo la indicación para el aniversario de la muerte. Pero tradicionalmente se acostumbra a ofrecer la Misa el día tercero, séptimo y trigésimo después de la muerte del ser querido.
Por otro lado, en México y otros países, se lleva el cuerpo del difunto al día siguiente de la velación y al terminar el novenario también se pide una Misa por su eterno descanso.
Como recuerda el Directorio sobre piedad popular y liturgia (n. 255):
“Es el modo cristiano de recordar y prolongar, en el Señor, la comunión con los que han atravesado la puerta de la muerte”.
Los fieles difuntos
La Iglesia, además, recuerda a los difuntos el 2 de noviembre y cada vez que se recita la plegaria eucarística de la Misa y en las Vísperas.
Por otro lado, el recuerdo del difunto en el tercer, séptimo y trigésimo día tiene origen bíblico: Jesús resucitó al tercer día; José guardó luto siete días por la muerte de su padre Jacob (Gen 50, 10); Aarón y Moisés fueron llorados por el pueblo durante treinta días (Num 20,29; Dt 34,8).
Respecto a la palabra “funeral” (mejor en singular que en plural), en la liturgia cristiana no suele usarse esta palabra, sino “exequias”, que deriva del latín y que significa seguir, acompañar: indica a toda la comunidad que, con la oración, acompaña al difunto al encuentro con el Padre.










