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¿Es un hecho aislado lo que está pasando en Baltimore?

Capture d'écran/Le Figaro
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Las protestas no cesan, como tampoco los hechos violentos en contra de las minorías étnicas por parte de las autoridades policiacas

Las protestas, los disturbios, las algaradas de este lunes en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, calificadas como las más graves de los últimos meses en la Unión Americana, tienen un antecedente que las hace ver no como un hecho aislado, sino como una protesta continua a la práctica de uso excesivo de fuerza policiaca contra ciudadanos de minorías étnicas, sobre todo afroamericanos e hispanos.

Las protestas en Baltimore comenzaron la semana pasada por la muerte (grabada, una vez más, por cámaras de teléfonos móviles) del afroamericano Freddie Grey, de 25 años, fallecido el 19 de abril tras sufrir heridas graves cuando se encontraba bajo custodia policial.

Este lunes 27 de abril, tras el entierro de Grey, trasmitido en directo por cadenas como CNN, las protestas de la población afroamericana se volvieron sumamente violentas y los incendios, saqueos de tiendas y altercados contra la policía sumieron a la ciudad en el caos total y un toque de queda. El resultado fue la detención de 27 personas y 15 policías heridos, hasta el momento.

Por la noche, tropas de la Guardia Nacional de Estados Unidos tomaron la ciudad de Baltimore y trataron de restablecer el orden, tras un día en que las protestas y los incidentes no dejaron de presentarse.

Desde Ferguson hasta Pasco

Los incidentes de Baltimore, una ciudad tradicional y muy cercana a Washington, la capital de Estados Unidos, donde cerca del 60 por ciento de la población es afroamericana, siguen a los ocurridos el pasado 12 de marzo, cuando dos agentes fueron tiroteados frente a una comisaría de policía en Ferguson (Misuri), lugar en el que, en agosto de 2014, un policía blanco mató al joven negro Michael Brown.

En aquella ocasión, los disturbios amenazaron por extenderse en todo el país y recordaron los que sucedieron en 1992, con el caso de Rodney King, un ciudadano afroamericano que en Los Ángeles, California, recibió una paliza (grabada por una cámara) por parte de cuatro policías californianos.

La absolución de estos por una corte federal, el 29 de abril de 1992, desencadenó una ola de disturbios que dejó, como saldo, entre 50 y 60 muertos en Los Ángeles y un extenso movimiento contrario a la brutalidad policiaca, encabezado por habitantes de color y por hispanos en todo el territorio estadounidense.

Desde entonces hasta ahora las protestas no han dejado de suceder, como tampoco los hechos violentos en contra de las minorías étnicas por parte de las autoridades policiacas. En 2014, por ejemplo, se registraron cuatro muertes de jóvenes afroamericanos y violentos disturbios en varias ciudades.

El 17 de julio murió en Nueva York el ciudadano afroamericano Eric Garner, tras ser inmovilizado por un policía con una táctica prohibida por la policía neoyorquina. Un mes después, el 5 de agosto, un policía mató de un disparo al afroamericano John Crawford en Beavecreek (Ohio).

El día 9 de ese mismo mes de agosto de 2014, ocurrió el caso emblemático cuando otro policía blanco mató a Michael Brown, un joven negro, en Ferguson (Misuri) lo que provocó protestas y graves enfrentamientos y saqueos, lo que lleva al gobernador del estado a ordenar la intervención de la Guardia Nacional.

El 24 de noviembre, la no imputación del policía que mató a Michael Brown desató dos noches de violentos disturbios en Ferguson (Misuri) durante los que fueron detenidas al menos 47 personas y se produjeron importantes daños materiales.

El 2 de abril de 2015, Eric Harris, un hombre negro de 44 años, murió a manos de un policía blanco de la oficina del alguacil del condado de Tulsa (Oklahoma).

Dos días después, un policía blanco mató a tiros a un afroamericano desarmado, identificado como Walter Scott, negro y de 50 años, en North Charleston (Carolina del Sur).

Los disturbios en Baltimore no solamente avivan los sentimientos de los afroamericanos, sino también de los latinos, cuyas protestas se unen a la de los habitantes de color, exigiendo justicia y fin al uso de fuerza letal en su contra.

Por ejemplo, el pasado 11 de febrero en Pasco, un pueblo de Seattle, murió el trabajador agrícola mexicano Antonio Zambrano Montes, de 35 años de edad. "Toño" Zambrano, como se le conocía en Michoacán, su Estado natal en México, fue muerto de 17 disparos a quemarropa por la policía de la localidad, tras haber sido detectado "tirando piedras" a los autos que pasaban por una calle del centro de Pasco.

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