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Educar, una misión maravillosa e ineludible

Editora Cleofás
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Es la mayor y más importante inversión de la vida de la pareja, nada puede tener prioridad ante esto

Me gusta mucho un hecho de la vida de Miguel Ángel, eximio artista, escultor, constructor y pintor. Él ideó una Escuela de Bellas Artes para decorar la Basílica Vaticana completamente con mosaicos.

Un día fue con sus alumnos a las montañas de piedra de Italia para escoger las enormes piedras que serían esculpidas en el atelier. Aquellas piedras, como que mágicamente se transformaban en santos, ángeles, papas…en las manos del genio.

Él vio un bloque de piedra en la montaña y dijo a los alumnos: “ahí dentro hay un ángel, hay que sacarlo”. Llevaron la piedra para el taller y ahí, con su trabajo el ángel fue surgiendo de la piedra. Los discípulos quedaron maravillados con el “milagro” del genio, y le preguntaron cómo había logrado aquella proeza. Él respondió: “el ángel ya estaba ahí, yo sólo quité los excesos que sobraban”.

Educar es eso, es ir con paciencia y pericia, bondad y amor, fe y esperanza, eliminando los malos hábitos y descubriendo las virtudes, hasta que el “ángel” aparezca. Hay un ángel en cada hijo, pero es necesario sacarlo.

No basta generar a los hijos, es necesario educarlos, y bien. Esta es la mayor y más importante inversión de la vida de la pareja. Nada puede tener prioridad ante esto. Esta es la mejor herencia que los padres deben dejar a los hijos, y que nadie les puede robar ni destruir.

Educar es el arte más bello y más noble que se puede ejercer, porque es el arte de formar a la persona humana. Pulir esa “piedra preciosa” es la misión de los padres y educadores, para que mañana este diamante pueda brillar.

Desde que tengo 20 años opté por ser profesor, porque siempre quise ser educador, formador de personas, y nada me realiza tanto en la vida como esto.

Antes que nada es necesario reflexionar sobre “lo que es educar”. El futuro de cada hombre depende de la educación que recibe. El ser humano es el más indefenso de los seres. Sin los cuidados de la madre no sobrevive, tarda un año para caminar y dos para hablar, todo esto a causa de la grandeza y complejidad de sus facultades mentales y espirituales. Él no es un ser más, es el rey de la creación.

Los pensadores han reflexionado mucho sobre el significado de la educación a través de los tiempos. Coelho Neto decía que “educar es colaborar con Dios”, y que “es en la educación de los hijos donde se revelan las virtudes de los padres”.

También decía que la educación no puede realizarse a través del miedo, ya que “la educación por miedo deforma el alma”. De hecho, no se puede educar por miedo, sino por alegría y esperanza. Y, sin duda, en el comportamiento de los hijos se puede conocer a los padres.

El pensador inglés John Spalding, decía que “la educación por los otros pone los cimientos, la educación por sí misma termina el edificio”.

Es necesario preparar a los hijos para que entiendan que la propia persona es el principal responsable de su educación y que, quien cultiva sus cualidades siente la propia dignidad y valor de su vida.

Esto será más importante aún en aquellos casos en que la persona tiene problemas especiales de salud, discapacidad física, etc. A veces es necesario llegar al heroísmo para vencer.

Educar no es decidir por el hijo, sino prepararlo para decidir solo un día. Y esto empieza con cosas pequeñas, decisiones simples, elecciones comunes cada día.

Stelli afirmaba que “educar es formar hombres verdaderamente libres”. Esta es una gran definición, hablaremos sobre esto con calma más adelante. El mayor don que recibimos de Dios fue la libertad, por eso, es necesario enseñar a los hijos a usarla bien para que sean felices.

Para Rousseau, “educar es el arte de formar hombres”.

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