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Minúsculos: el valle de las hormigas perdidas

© futurikon films
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Un simpático y original filme galo de animación en 3D inspirado en grandes relatos, ¡y no tiene diálogos!

Un año después de su estreno en Francia llega a las pantallas españolas, de manos de la distribuidora Festival Films, Minúsculos: el valle de las hormigas perdidas -que contiene a su vez el toque artístico europeo y el factor de vida francés-, un simpático y original filme galo de animación en 3D que, escrito y dirigido por los solventes y reputados cineastas Thomas Szabo y Hélène Giraud, no contiene ni un solo diálogo.

Una pareja, que descansa tranquilamente en el bosque, debe abandonar abruptamente su picnic cuando la mujer, muy embarazada, siente sus primeras contracciones. Este hecho da paso a la historia, al cuento, al viaje que deberán emprender un grupo de hormigas negras, una caja repleta de cubos de azúcar y una mariquita que nos mostrarán el tráfico sonoro de un territorio dominado por las múltiples patas, las antenas, las alas, la viscosidad y los elementos humanos que interfieren directamente con su equilibrio biológico.

El 3D exagera la composición de estos seres utilizando los códigos de la caricatura, aunque al mismo tiempo se busca focalizar el realismo en los movimientos y en las texturas. La narración transcurre como una leyenda, como una fábula de Esopo, atravesada por micro-mundos que se alimentan de la cultura humana.

Thomas Szabo y Hélène Giraud -quienes firman un trabajo visualmente pretencioso y apasionado- empezaron a despuntar en Francia en 2004 en la televisión gala exhibiendo cortos de animación de cinco minutos, hasta que valoraron rodar este excelente largometraje para todos los públicos.

Tanto la teleserie como la película apuestan en todo momento por la expresividad del slapstick del cine mudo, y rehúyen de las formas antropomórficas para sus personajes, lo cual las aleja de otras producciones más conocidas, como Bichos, de Pixar (John Lasseter, 1998) y HormigaZ, de Dreamworks (Eric Darnell y Tim Johnson, 1998), pero acercan al espectador en sus oportunos homenajes a El rey león (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994), Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), Tiburón (Steven Spielberg, 1975), Misery (Rob Reiner, 1990), Star Wars: Episodio VI. El Retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983), y más concretamente a la trilogía sobre El Señor de los anillos (Peter Jackson, 2001-2003).

Ahora, que la grandeza y lo realmente interesante de Minúsculos: el valle de las hormigas perdidas es esa inteligencia visual que han desplegado sus directores para narrar y generar humor a cada segundo. El ritmo que producen los movimientos de cámara y el uso acertado del punto de vista para mostrar lo pequeños -y éticamente, grandes- que son los personajes es lo que vuelve todo mucho más genuino de lo que se ve a simple vista. Se agradece, además, que las referencias “adultas” que destapa la aventura estén reducidas al mínimo y así pueda disfrutarse más la película, tan creativa como lúcida, en sus planteamientos y conflictos morales.

Por su parte, se apoya técnicamente en sus escenarios naturales, filmados en parques naturales al sur de Francia y constituye un tributo a la belleza de la Alta Provenza y la campiña de la Riviera. También, en los ruidos y efectos de sonidos reales, acompañados de una originalísima banda sonora y, sobre todo, en su idea positiva sobre la familia, la ayuda al prójimo, la fraternidad en desigualdad de condiciones, la amistad y el amor y el respeto por la naturaleza.

 

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