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La historia del padre Juan-Mahoma, puente entre islam y cristianismo

© David Evers / Flickr CC
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Un libro cuenta la vida de Abd el Jalil, musulmán convertido y que fue sacerdote católico

Brillante estudiante marroquí, que tenía por delante una prometedora carrera de investigador o de administrador público, convertido a Cristo pero siempre profundamente convencido de no haber dejado nada de lo que se vive en el corazón de la fe islámica, anunciador junto a otros pocos espíritus elegidos de nuevos horizontes de diálogo entre el mundo islámico y cristiano, con todas las consecuencias del caso. Así se podría resumir en pocas palabras la figura de Abd el Jalil, protagonista del libro de Giulio Basetti-Sani y Matteo Verderio “Cristiano y musulmán. La imposible vida del franciscano Juan-Mahoma” (ediciones Ancora).
 
Abd el Jalil llevó su vida “en el límite entre dos mundos”, con una “doble (para muchos imposible) fidelidad al Profeta y a Cristo” en un “sentirse musulmán y cristiano como único camino para un diálogo que, de la teoría, haga búsqueda común de lo verdadero, de lo bueno, de lo justo. Todo sintetizado en ese doble nombre (‘inventado’ por el papa Pío XI) que tanto escándalo creaba a los cristianos “bienpensantes”: Juan-Mahoma”.
 
En un encuentro privado con Pío XI, de hecho, el papa le preguntó cuál era el obstáculo mayor para aceptar el cristianismo. A lo que él repuso el hecho de tener que renunciar solemne y públicamente al profeta Mahoma, condenándolo con la fórmula que se debía pronunciar antes del bautismo: "¡Renuncio a Mahoma, el pseudoprofeta!".
 
Entonces el papa dijo: "Usted seguramente ha leído en el Evangelio que Jesús nos manda amar a todos, incluso a nuestros enemigos. Y este mandato del Señor no se limita sólo a nuestros contemporáneos, sino que se extiende a todos los hombres incluso del pasado. Si un día usted se hace cristiano, puede seguir amando a Mahoma, precisamente por mandato de Jesucristo. Y Nos os autorizamos a mantener como cristiano el nombre de Mahoma".
 
El texto subraya también “su gran, extraordinario valor como investigador”, reforzado por el conocimiento desde dentro “de ambos mundos culturales, que él continuamente confrontó en libros, ensayos, conferencias, conversaciones”. Abd el Jalil “cuenta el islam (y, ¿por qué no?, el cristianismo) de un modo sencillo y satisfactorio incluso a quienes saben poco o nada de islam, Profeta o Corán”.
 
“Lo poco que conocemos a menudo los europeos se acerca muchas veces más a la caricatura que al retrato, y es una caricatura llena de sospechas, temores oscuros, prejuicios seculares”, explican los autores. “El padre Abd el Jalil lo sabía bien, conocía a sus interlocutores, vivía en su carne los odios e incomprensiones nacidos de siglos de hostilidad e ignorancia (que a menudo han ido de la mano): precisamente por esto es un guía ideal para salir al encuentro del islam”.
 
Jean-Muhammad Abd el Jalil, nació en 1904 en Fez, Marruecos, en una familia descendiente de las que tuvieron que dejar Andalucía tras la expulsión de los moros en 1492 por parte de los Reyes Católicos.
 
Como tantos otros jóvenes intelectuales musulmanes como él, Muhammad consideraba al cristianismo y al misionero cristiano “dos aliados objetivos del colonialismo europeo para someter a los pueblos islámicos disgregando su identidad cultural, comprometiendo su conciencia identitaria”.
 
Tras un largo proceso, sin embargo, en 1928 Muhammad recibió el Bautismo, “renaciendo en Cristo con el nombre conjunto de Jean-Muhammad, Juan-Mahoma”. Un año y medio después recibió el hábito de los Frailes Menores; cuatro años de noviciado, y en 1933, los votos solemnes, y en 1935 la ordenación sacerdotal.
 
La “conversión” de Muhammad, explica Cardini, “es tal en el sentido más profundo, etimológico, del término que la indica. Muhammad, tras atravesar igual que Pablo de Tarso la fase de un anticristianismo intransigente, igual que él, encontró en la nueva fe no el motivo para abandonar la vieja, sino la razón para confirmarla.
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