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Jorge Luis Borges, el escritor de la memoria

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«Todas las rosas están en la palabra rosa», «un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra»…

Borges se mostraba como un hombre culto. Así era capaz de citar teorías científicas, autores literarios y fechas históricas con fluidez. Esta habilidad se debe a que se interesaba por un vasto abanico de temas. Y este amplio interés tuvo una consecuencia en su obra, que es la exhaustividad.

Su obra aparece como la más exhaustiva de su tiempo pues nace con la vocación de alcanzarlo todo. Lo es por los temas que trata, pero sobre todo por el lenguaje del escritor argentino.

Su lenguaje se caracteriza por la precisión, porque acostumbra a poner límites a las palabras; paradójicamente para abarcar más con ellas.

La simbología de Borges

Como estudioso del lenguaje, uno de sus intereses fue la metáfora. Esta figura permite a los usuarios describir la realidad en progresiva extensión, a la manera como las redes se extienden en el mar. De esta posibilidad, Borges era un gran conocedor.

Por esto, de su estudio pasó a su aplicación. Así escribe: “Todas las rosas están en la palabra rosa -es un arquetipo-, todos los mares en la palabra mar”. También la aplica al exceso literario del hombre que sueña otros hombres: “Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra. Afirmar lo contrario es mera estadística, pura añadidura”.

Los intereses de Borges se extendían también a las Literaturas Germánicas Medievales (1966), en que destacan las sagas, que prefiguraron la novela moderna, la Edda mayor, la Edda menor y la epopeya de Beowulf.

Le interesaba asimismo la zoología fantástica que describió, inquietante, en El libro de los seres imaginarios (1968). En esta obra encontramos una clara alusión a Chesterton: "El goofus bird es un ave que construye su nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa a dónde va, sino dónde ha estado".

La admiración por este escritor inglés hizo que Borges lo reivindicara para su tiempo con ocasión de sus clases de Literatura. Borges recuperó a Chesterton de un período de olvido.

Se identificó con él porque ambos escribían historias partiendo de los sueños. Y porque los sueños de ambos eran pesadillas. Pero Chesterton se había salvado de ellas en la Iglesia de Roma.

La fe que enseña la Iglesia, según Chesterton, es el sentido común. Pero Borges termina refutando a su colega porque para él la fe no es razonable, sino contraria a este sentido.

La memoria también es una metáfora

La memoria es recuerdo, pero a la vez es tiempo. En sus cuentos fantásticos, las acciones tienen su escenario en distintas épocas simultáneamente. Incluso alguno de sus protagonistas disfruta de una memoria prodigiosa.

En el cuento Funes el memorioso (1944) narra una larga metáfora del insomnio, la cual no difiere de sus cuentos anteriores, salvo que está más influida por la lectura de Chesterton y en que su ejecución es menos torpe. De hecho al igual que el personaje del cuento, el escritor tenía esta prodigiosa habilidad.

Borges era un hombre de memoria notable. La mostraba en las recitaciones improvisadas de poesía que hacía de joven. En esa época sufrió un grave accidente. Tuvo una caída al subir una escalera durante la cual, se golpeó la cabeza.

Como consecuencia de esta caída, comenzó a trabajar febrilmente y a inclinarse por el género fantástico, pero también a padecer insomnio y una vigilancia enfermiza. A mi juicio, la crítica no ha dado la suficiente importancia a este hecho.

En cambio ha transcendido más que el Papa Francisco tiene predilección literaria por Borges. De hecho en su primera encíclica, la Lumen Fidei (2013), definía a la Iglesia como un sujeto de memoria: "La Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria"

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