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Cuidado con los rufianes de Dios

A. González-Alba. cc
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Resulta impresionante la desmesurada cantidad de teólogos y filósofos moralistas que han usado y usan a Dios (su idea de Dios)

"Salgamos. Pidamos que pase
todo el malestar. ¿A quién se lo pedimos?
A la viña, que es toda
una explosión de hojas nuevas,
a la rama de la acacia con espinas,
a la hiedra y a la hierba,
hermanas emperatrices que son
manto extendido y potentísimo trono."
 
(Mariangela Gualtieri, A mis inmensos maestros)

 
Muchos economistas, filósofos e intelectuales elaboran teorías que legitiman la miseria del mundo. Nos hablan de ella como de una consecuencia de la holgazanería de los pobres, tal vez inscrita en sus genes. No escuchan a Job ni su gran petición de explicaciones, sino que lo marginan y lo ridiculizan. Y cuando alguien intenta defender la verdad de los pobres y sus razones, se ve rodeado por los mil ‘amigos de Job’ que le condenan y se mofan de él. Los falsos amigos de Job no se han extinguido y con sus ideologías siguen humillando, despreciando y condenando a los pobres.
 
La acusación de Sofar, el tercer ‘amigo’, es clara y despiadada: Job es un falso inocente, un fanfarrón que esconde sus pecados bajo una cortina de palabras. “Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo: ¿No habrá respuesta para el charlatán? ¿Por ser locuaz va a tener razón?” (11,1-2). Job responde: “En verdad sois gente importante. ¡La Sabiduría morirá con vosotros! Pero yo también sé pensar como vosotros, no os cedo en nada” (12,1-3). Job quiere respuestas nuevas y distintas de Dios. Las de los teólogos consumidores de sabiduría no le sirven: “Sí, yo lo sé tan bien como vosotros, no os cedo en nada. Pero es al Omnipotente a quien yo hablo” (13,2-3). Quiere oír la versión de los hechos directamente de Dios. No quiere escuchar a sus defensores de oficio. Quiere oír la voz del imputado.
 
Sofar, para celebrar la infinita e insondable sabiduría de Dios, agrede, condena y humilla al hombre Job. En cambio, Job permanece fiel a la tierra, totalmente solidario con la humanidad (con el Adam, el terrestre). No alaba a Dios en contra del hombre, no es un rufián. En cambio, hoy como ayer, una legión de rufianes de Dios, como Sofar y los otros amigos, defienden a Dios para alabarse a sí mismos, sin amar verdaderamente ni a Dios ni a los hombres.
 
Para defender a Dios, los tres amigos ofenden al hombre y niegan la evidencia (conocen a Job y saben que es justo). Su fría teología hecha de teoremas alaba a Dios para alabarse a sí misma. Es ideología, y por tanto idolatría. Por el contrario, toda teología no ideológica es antes que nadahumanismo: habla a Dios bien del hombre antes de hablar al hombre bien de Dios. La verdad, la bondad y la belleza divinas no pueden ser defendidas en contra de la verdad, la belleza y la bondad humanas. Y quien así actúa, niega la humanidad, la tierra y a Dios.
 
La experiencia concreta y encarnada de Job, el justo injustamente desdichado, es el primer dato de la realidad que Sofar debería tomar como punto de partida. En cambio, como todos los falsos profetas y los falsos sabios, defiende a Dios, que no lo necesita, para salvarse a sí mismo y su ‘verdad’ teológica. Los diálogos entre Job y sus amigos son una crítica a la religiosidad enemiga del hombre (y de Dios), a las ideologías, a las filosofías y a la religión reducida a ética.
 

Job denuncia a todos los moralistas, que no ven el mundo a partir del montón de estiércol y se vuelven agresivos como Sofar. Dando un repaso a la historia y al presente, resulta impresionante la desmesurada cantidad de teólogos y filósofos moralistas que han usado y usan a Dios (su idea de Dios) para construir una pirámide, con el único fin de colocarse en la cima, al lado de Dios o incluso por encima de él (en cuanto arquitectos y constructores suyos).
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