Aleteia

¿Mando yo en mi corazón?

Editora Cleofás
Comparte

Para amar a alguien es necesario saber renunciar a uno mismo

La relación de dos personas, sean amigas, novios o esposos, tienen como base el amor mutuo, que los une y los hace crecer. Sin eso cualquier relación cae en el vacío.

Amar es construir al otro, hacerlo feliz, hacerlo crecer como persona, pero para esto es necesario poseerse, ser dueño de sí mismo, porque para amar a alguien es necesario saber renunciar a uno mismo. Y sólo puede renunciar a uno mismo quien ha aprendido a dominarse.

Las personas transforman el amor en egoísmo porque no tienen dominio de sí mismas, por eso no logran amar.

La gran crisis del hombre moderno es que él ha dominado el macrocosmos de las estrellas y el microcosmos de las bacterias y los átomos, pero ha perdido el dominio de sí mismo, por eso no logra amar de verdad, sigue siendo egoísta.

Para que puedas amar de verdad, como Dios quiere, es necesario que camines “de pie”, es decir, respetando la primacía de los valores, por encima, el espíritu, abajo, la razón, y más abajo, lo físico. De esta manera tendrás control y dominio de tus actos y tu vida.

Si tu cuerpo domina tu espíritu, entonces caminas con la cabeza al revés. Si no tienes el dominio frente a la fuerza de los instintos y las pasiones, entonces al quedar arrastrado no eres capaz de amar. Tú también puedes dejar de caminar de pie si la sensibilidad manda en tus actos, y no el espíritu y la razón.

Está claro que la sensibilidad es importantísima, nos diferencia de los animales, pero no puede ser la emperatriz de nuestros actos.

No podemos dejarnos llevar por el “sentimiento”.

Si fuera así, podrías pensar que una persona está en lo correcto porque te parece simpática, o muy amiga, y no porque, de hecho, tiene razón.

La sensibilidad manda tu vida si intercambias el sueño por la realidad, cuando no te aceptas a ti mismo como eres, etc.

Para caminar de pie, es necesario que tu espíritu, fortalecido por el Espíritu Santo, controle tu sensibilidad y tu cuerpo.

La sensibilidad es bella, es la que nos hace llorar frente al dolor y el sufrimiento del otro, pero es necesario que la controle el espíritu.

Un caballo brioso te puede llevar muy lejos si tienes firmes las riendas, pero te puede tirar al suelo si no lo controlas.
Para amar es necesario poseerse, para poseerse es necesario ejercitar el amor. Jesús fue quien amó mejor, porque tenía el dominio perfecto de sí mismo. Nunca el egoísmo habló más alto que el amor dentro de él. Así también fueron los santos.

Pero debes saber algo. Sólo por nuestras fuerzas no podremos caminar de pie. Jesús dijo que “el espíritu es fuerte, pero la carne es débil”.

Por lo tanto, necesitas la fuerza de Dios para sobrellevar tu naturaleza debilitada por el pecado original.

La persona que camina de pie sabe pensar independientemente de la opinión pública y la publicidad, sabe estar tranquilo y paciente, no se agita y no se desespera, no grita y no golpea, vive con sencillez y tiene los pies sobre la tierra. No desprecia a nadie, sabe valorar a todos, no es vanidoso ni arrogante, y no necesita aplausos para ser feliz. Está siempre listo a aprender y enseñar, sabe aceptar la opinión de los demás cuando es mejor que la suya; cultiva la verdad, tiene mente de hombre y corazón de niño. Se conoce a sí mismo como es y ama a Dios. En fin, la persona de pie, es la persona madura, que aprendió a dominarse para poder amar.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.