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¿Por qué no hay grandes santuarios en Estados Unidos?

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¿Dónde está nuestro Lourdes o nuestro Fátima?

Quiero señalar un misterio menor sobre la práctica y el comportamiento religiosos, sobre el cual no tengo aún respuesta. Brevemente: ¿por qué Estados Unidos no tiene grandes santuarios comparables a Lourdes o Fátima?

Según cualquier medida estándar, Estados Unidos es una sociedad mucho más religiosa que la mayoría de Europa. La asistencia a la iglesia es mucho más elevada, y las instituciones religiosas ocupan un mayor papel en la vida pública. Sin embargo, Europa en el último cuarto de siglo ha sido testigo de un resurgimiento masivo en peregrinaciones.

Los santuarios de peregrinación históricos como Santiago de Compostela han experimentado un enorme crecimiento numérico, y han aparecido nuevos lugares como Medjugorje. Por debajo del nivel de dichos lugares de celebración, docenas de centros menores prosperan.

A parte de los destinos reales, los senderos y caminos de los peregrinos son ampliamente reconocidos y activamente promovidos por las autoridades de turismo y las Iglesias, tanto en las protestantes, como en las católicas y ortodoxas.

Por todo el occidente europeo se pueden encontrar puntos de referencia indicando el antiguo Camino de Santiago, y la Vía Francígena. Incluso la Escandinavia secular tiene ahora su extremadamente popular Camino de San Olav, al antiguo Santuario de Nidaros (Trondheim).

Por supuesto, es muy difícil distinguir entre los motivos religiosos o seculares que conducen a tales peregrinos, y muchos son seguramente turistas y excursionistas más que buscadores religiosos. ¿Pero eso no era también cierto en los tiempos de Chaucer?

Cualquiera con un poco de conciencia sobre temas religiosos puede indicar docenas de santuarios europeos e iglesias que atraen a grandes números de peregrinos. ¿Qué hay de Estados Unidos, hogar de quizá setenta millones de católicos?

¿Podría alguien no profundamente sumergido en la cultura católica indicar un célebre santuario como los de Europa o Brasil? Y muchos de aquellos tan conocidos tienden al lado más antiguo y tradicional del arco de la Iglesia. ¿Podría la mayoría de jóvenes inventar tales nombres?

Puedo señalar muchos santuarios locales y regionales estadounidenses, quizá 40 o 50 en total, y algunos enormemente populares.

Para los católicos del sudoeste, por ejemplo, pocos lugares compiten en santidad con el Santuario de Chimayo en Nuevo México. Maryland tiene el santuario nacional de la Virgen María, en Emmitsburg, cerca de la casa de santa Isabel Seton. Nueva York tiene el santuario nacional del extraordinario Mohawk santo, Kateri Tekawitha, pero nuevamente, ¿cuántos creyentes comunes pueden decir dónde está?

Las Iglesias particulares, catedrales y casas religiosas han establecido santuarios y animado peregrinaciones, pero sin faltar al respeto a tales lugares, muy pocos, de hecho, tienen una reputación más allá de sus propios estados, o de hecho sus localidades inmediatas.

Muchos están dirigidos a las comunidades étnicas particulares, como el santuario de Nuestra Señora de Czestochowa en Doylestown dirigido a la comunidad polaca en Pennsylvania.

Además, una observación poco científica sugiere que los visitantes a esos santuarios no son muy numerosos, y tienden a un sector demográfico más anciano.

La principal excepción es Emmitsburg, que atrae en gran medida a las diversas comunidades étnicas más recientes concentradas en mayor número en la costa este. Recientemente, por ejemplo, los católicos vietnamitas han acudido a Emmitsburg en millares para celebrar a la Virgen de La Vang. Pero como digo, estas son excepciones.

En términos comerciales, el atractivo está estrictamente dirigido a un tipo de mercado.

Repito mi pregunta inicial: ¿Por qué Estados Unidos nunca ha creado un santuario legendario nacional que compita con los santuarios de peregrinación europeos o latinoamericanos?

Más aún, ¿por qué Estados Unidos no ha gozado del extenso resurgimiento popular de los viajes de los peregrinos que ha sido una parte prominente de la vida religiosa europea desde 1990? O ¿estamos simplemente presenciando un intervalo, y los senderos de los peregrinos pronto podrían llenarse como lo están los de sus colegas europeos?

Philip Jenkins es profesor de Historia en el Baylor University y autor de The Great and Holy War: How Wold War I Became a Religious Crusade.

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