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Cómo llegar a confiar en Dios

<a href="http://www.shutterstock.com/pic.mhtml?id=229237876&amp;src=id" target="_blank" />Silhouette of a man praying under the cross</a> © Design36 / Shutterstock

<br /> &lt;a href=&quot;http://www.shutterstock.com/pic.mhtml?id=229237876&amp;src=id&quot; target=&quot;_blank&quot; /&gt;Silhouette of a man praying under the cross<span style="line-height:1.6;">&lt;/a&gt; &copy; D</span>esign36&nbsp;/&nbsp;<span style="line-height:1.6;">Shutterstock</span><br /> <br /> <br /> christian, christianity, outdoor, sunlight, sacrifice, grave, day, knee, symbol, god, light, spiritual, jesus, sun, sunshine, faith, religious, heaven, easter, church, weather, christ, sunset, illumination, background, silhouette, land, man, prayer, cross, cloud, pray, sunrise, rock, summer, shape, countryside, belief, crucifix, catholic, mountain, death, crucifixion, sky, holy, religion, beautiful, nature, confession, landscape

Carlos Padilla Esteban - publicado el 20/04/15

Un camino que pasa por la humildad, la paciencia y la sabiduría

Los sueños tienen más vida de lo que pensamos. Mi vida tiene más poder del que sueño. Porque no es el poder de mi carne, sino el de Dios en mí que necesita mi carne, mis palabras, mis manos torpes.

Dios se abaja para recuperarme del polvo en el que estoy caído. Pronuncia mi nombre y me deja tocar sus heridas tocando Él suavemente las mías. Y me pregunta: “¿Por qué surgen dudas en tu interior?”.

Ese Dios hecho hombre, muerto y resucitado se me acerca. Ese Dios lleno de vida que me llena de vida. Ante el que yo tiemblo en su presencia.

Pero a veces no la noto y sigo a lo mío. Con miedo, con dudas. Pensando que estoy haciendo yo todas las cosas nuevas. Y es mentira. Porque no me dejo hacer por Dios. Porque todo lo intento hacer yo solo.

Y me hundo en preocupaciones que no solucionan nada. Me agobio con el agua que no logra hundir mi barca. Temo por el mañana que aún no ha nacido. Me asusto con el ayer que ya no es presente.

No sé muy bien cómo hacer para hacer crecer raíces sanas de la tierra profunda, para recorrer el camino de la santidad sin desesperarme con los retrocesos.

Humildad, paciencia, sabiduría. Se adquiere todo con tiempo, como don, no como un derecho. Con la mirada del niño que lo implora todo de su Padre. Con el deseo de ser más hombre y más niño, más puro y más frágil, más humano y más de Dios.

Y poder poner las piedras primeras, las fundamentales. Y dejar que sea Dios el que le dé forma a mi vida sin pretender hacer yo el plano de mi propia existencia. Su obra, no mi obra.

Y reír en mitad de la tormenta. Y no sufrir si pienso que Jesús duerme en mi barca. Me importa su paz. Pero es seguro, no es un fantasma. Carne y hueso. Está en mi barca. No se va de mi barca.

No dejará nunca que me hunda porque mi vida le importa. Y me dirá que tengo que empezar de nuevo a navegar. A mover los remos. Me animará para que vuelva a echar las redes. Por el mismo lado. O por el lado que Él diga. Aunque otras veces no haya pescado nada.

Le miraré en medio de la noche y confiaré en sus palabras. En sus palabras podemos construir porque no pasan. Porque son sólidas. Porque me crean de nuevo.

Creo que puedo volver a nacer si dejo que actúe en mí su gracia, su Espíritu. Si me creo de verdad que yo sólo soy un instrumento y no el artífice eficaz de grandes milagros.

Si no desespero cuando nada sale como sueño. Si no me angustio al ver el mal, y el dolor, y la tristeza en tantos rostros y lo lejos que estoy de la meta soñada. Si confío en esas manos que me animan a seguir caminando, luchando, entregando. Sin guardarme nada.

Si me dejo partir una vez más entre los hombres. Como hizo Jesús tantas veces. Partirme herido. Partirme pobre.

Pero si sigo calculando, buscando mi beneficio, juzgando mi conveniencia, no funcionará mi vida. Porque estaré mirándome de nuevo a mí mismo, estaré buscando mi propio bienestar. No estaré dando la vida.

Necesito vivir con la generosidad de Jesús. Jesús da más de lo que le piden. Da sin que le pidan. Lo da todo. Todo su tiempo. Toda su vida. No se reserva nada. No se guarda nada para Él. Hasta la última gota de su sangre. Hasta el último instante nos da su voz.

Vive para otros, por otros, en otros. Es todo para todos. Jesús es generoso cuando le piden que cure el cuerpo y perdona los pecados. Jesús es generoso cuando está rezando y lo vienen a buscar. Lo sacan de su momento de intimidad con el Padre, y se deja llevar donde no pensaba ir.

Es generoso en la última cena, cuando sabiendo que va a morir, se preocupa por encima de todo de los suyos. Pide por los suyos, les lava los pies. Su último tiempo es para ellos

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