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África no cuenta para (casi) nada

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Aleteia Team - publicado el 18/04/15

África seguirá al margen de la toma de decisiones a nivel de política internacional

Sabemos que cada vez más voces, tanto a nivel interno como desde la comunidad internacional, reclaman que los países africanos asuman mayor responsabilidad y protagonismo a la hora de diseñar las estrategias de desarrollo, paz y seguridad para el continente.

Esta demanda nos lleva a plantearnos si de verdad África puede decidir, por sí misma, qué cartas quiere jugar o qué papel  puede representar en este campo. Al mismo tiempo debemos evaluar con qué poder de presión y de decisión realmente cuenta y si realmente existe un líder a nivel continental que tenga la capacidad de guiar, coordinar y ejecutar las decisiones y responsabilidades asumidas a nivel continental.

Hace apenas un par de semanas, el Institute for Security Studies (ISS) presentaba un informe titulado Poder e influencia en África: Argelia, Egipto, Etiopía, Nigeria y Sudáfrica, en el que explora las capacidades y posibilidades de liderazgo de los llamados ‘Cinco grandes de África’, durante los próximos 25 años. Estos países son los líderes en sus respectivas regiones y presentan el mayor potencial de poder e influencia en el conjunto de África.

Entre los cinco suman el 60 % del total de la economía de África, el 40 % de la población del continente y el 58 % del gasto militar africano. Se espera que estas cifras no varíen sustancialmente durante los próximos 25 años.

El documento afirma que en la evolución de estos países están las claves que nos permitirán dilucidar el dilema, tanta veces discutido, respecto a si África está realmente creciendo y adquiriendo un papel relevante en la política y economía a nivel global, o si se trata de una mera ilusión. De hecho, dice el estudio, si estos cinco países se hundieran o no cumplieran las expectativas que pesan sobre ellos de crecimiento económico y liderazgo regional, el continente perdería cualquier posibilidad que ahora mismo pudiera tener de adquirir un papel relevante en la escena internacional.

Los autores del informe afirman que, hoy día, el poder combinado de los 55 países que componen el continente africano representa el 9 % del poder mundial. Esto es más que el potencial que exhiben países como Japón, Rusia o India, pero menos que el de Estados Unidos o China, que representan alrededor del 18 % y el 13 % respectivamente.

Se espera que para 2040, África supere a la Unión Europea y a los Estados Unidos, poderes que presentan signos de decaimiento y, a pesar de ello, el continente solo llegaría a representar un 11 % del todo el poder mundial. Esto está en contradicción con la evolución demográfica que se vive a nivel global. Para 2050, uno de cada cuatro habitantes del planeta será africano. Dice el informe que si el mundo fuera una democracia, África tendría mucho que decir. Pero, por desgracia, no lo es y hoy día, todavía prima, por encima de todo, el potencial económico y militar de los países.

¿Qué nos dice esto?

Claramente que durante las próximas, al menos dos, décadas, África continuará situada en la periferia del poder global. Por lo cual, su voz seguirá siendo marginal a la hora de tomar decisiones de política internacional, por ejemplo, incluso en aquellos campos y ocasiones en que estas conciernan directamente al continente.

Evidentemente, el hecho de que África como tal no signifique nada, o no exista, sino que se trate de 55 países, cada uno con intereses y aliados distintos y que no están unidos en una sola estructura con una voz unánime, influye también de manera importante en el limitado poder que presenta el  continente a nivel mundial.

Solo Nigeria, según el estudio, tiene el potencial necesario para llegar a ser una voz significativa en la esfera internacional.



Pero, advierten los autores, esto requeriría  profundos cambios en el país que deberían abarcar aspectos como la estabilidad del mismo, a nivel político, principalmente, mayor liderazgo de sus políticos o más capacidad de gobernanza, entre otras muchas cosas. Lo cual, dicen estos expertos, parece bastante improbable que se consiga por el momento. Mientras tanto, se espera que los otros cuatro grandes  se mantengan como poderes menores, lo cual tampoco facilitará la influencia del continente a nivel mundial.

Todo ello, a pesar de que durante los próximos 25 años se prevé que Nigeria y Etiopía crezcan considerablemente a todos los niveles; aunque los otros tres permanecerán estancados o experimentarán un ligero declive.

En este momento, la economía nigeriana es ya la más potente del continente, una vez que ha superado a Sudáfrica. Con todo y eso, solo representará un 3 % de la economía mundial en 2040. En este periodo también se espera un fuerte aumento de su gasto militar, lo cual le permitirá superar a la actual potencia africana en este campo, Argelia, posiblemente en unos 10 años. Así, dentro de 25 años, Nigeria acumulará una quinta parte de todo el poder del continente.

La otra potencia emergente, Etiopía, seguirá siendo el más pobre de los cinco. Sin embargo, para 2040, se presume que será la sexta mayor economía de África, gracias a sus altas tasas de crecimiento. Mientras, las expectativas señalan que los otros tres, Argelia, Egipto y Sudáfrica, crecerán por debajo de la media africana, 6.3 % por año; también se espera que el crecimiento de su población se estanque, debido principalmente a sus niveles generales de desarrollo, lo cual suele ir asociado al descenso de las tasas de fertilidad.

Tradicionalmente, a nivel africano, Egipto ha dominado el mundo de las relaciones internacionales. Su posición a caballo entre el mundo árabe y África le ha valido este rol, el cual se ha traducido en el establecimiento de gran número de embajadas y sedes de organismos internacionales en su suelo.

 En segundo lugar aparece Sudáfrica, que tras la era del Apartheid hizo un gran esfuerzo por estar presente y tener una voz a nivel internacional aprovechando el tirón que el efecto Mandela  supuso para el mundo entero, y luego vendrían Nigeria y Argelia; mientras que Etiopía no tiene, prácticamente, ningún peso a nivel de relaciones internacionales y ello a pesar de ser el mayor contribuyente del continente a las misiones de paz de Naciones Unidas y jugar un papel clave en la paz y seguridad del Cuerno de África; sin embargo, no ha sabido aprovechar estos instrumentos para adquirir mayor poder y capacidad de presión a nivel internacional. Aunque se unieran estos cinco países, su poder de influencia y su capacidad de ser una voz significativa a nivel de política internacional seguirían siendo marginales.

Todos estos datos nos ponen ante la evidencia de que África, al menos durante la primera mitad del siglo XXI, y todo apunta a que después de este periodo la situación procederá por cauces muy similares, seguirá al margen de la toma de decisiones a nivel de política internacional, incluso en cuestiones que la afecten directamente.

La falta de unanimidad y la carencia de un líder indiscutible son muy responsables de este aspecto. También el hecho de que el poder en el continente seguirá estando dividido entre los cinco grandes, los cuales seguirán mirándose de reojo, recelosos del protagonismo que pudiera ir acumulando el otro.

Las carencias en el campo de la buena gobernanza, del liderazgo político, los problemas con grupos terroristas, la inestabilidad social o la corrupción, son elementos que tampoco facilitan que la voz de África tenga un peso mayor a nivel internacional.



Durante al menos dos décadas, seguiremos hablando del gran crecimiento económico de África y de cómo este facilita la reducción de la pobreza, del gran potencial que suponen las tasas demográficas del continente y, sobre todo, el contar con la mayor, más joven y cada vez mejor preparada fuerza laboral del planeta.

Escribiremos sobre el poder de la emergente clase media y de sus demandas de servicios, bienes y justicia social. Elogiaremos el afianzamiento de la democracia en el continente y acompañaremos sus esfuerzos de integración regional y continental. Pero, a fin de cuentas, todo esto no servirá para conseguir que se escuche la voz de África a nivel internacional, otros seguirán decidiendo por ella.

Pero como esto no se puede consentir, la pregunta que tienen que hacerse los intelectuales y políticos africanos es ¿qué tenemos que hacer, qué caminos tenemos que recorrer para cambiar esta realidad para conseguir ser escuchados y poder decidir respecto a todo lo que le concierne a África?

Chema Caballero

Artículo originalmente publicado por Mundo Negro

Tags:
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