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El magisterio del Papa Francisco es «una bomba de relojería»

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La democracia cristiana había asumido los postulados del liberalismo económico: Las cinco denuncias de la «Evangelii Gaudium»

En una reciente conferencia en Madrid, el político italiano Pierluigi Castagnetti, que fue vicepresidente de la Cámara de Diputados de Italia, eurodiputado, y secretario del Partido Popular italiano, dijo que para los políticos, los empresarios, y los economistas católicos, el magisterio económico y social del Papa Francisco es, literalmente, una bomba de relojería. 

Ha echado al traste, comentaba, todas las disquisiciones y planteamientos, por ejemplo, de la democracia cristiana italiana, alemana, y europea, que desde hace décadas habían asumido casi acríticamente los postulados del liberalismo económico. 

Para Castegnetti la expresión del Papa de que el sistema económico actual “mata” supone un paso decisivo en el ámbito del juicio concreto de la Doctrina Social de la Iglesia, sin contradecir nada, en absoluto, sino al contrario, siendo consecuente hasta el final con sus más tradicionales postulados.

Decía, y es verdad, que la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (Nº 53-60) se ha convertido en el documento más importante de la reflexión económica de la DSI. Y es que, si vamos a sus páginas, nos encontramos con cinco denuncias que son cinco pasos de la reflexión deductiva del Papa Francisco sobre el hegemónico sistema de la economía de mercado:

1. No a la globalización de la indiferencia: “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en la calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad (…) Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe”. 

2. No a la cultura del descarte: “Grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del descarte que, además, se promueve”.

3. No a la cultura del derrame: “Algunos todavía defienden las teorías del derrame, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”.

4. No a la idolatría del dinero: “La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”.

5. No por tanto a “esta” economía de mercado: “hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil (…)  Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera”. 

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