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2001, una odisea del espacio (y del hombre… y de la máquina)

©MGM
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¿Pueden las máquinas tener miedo a la muerte?

-Tengo miedo. Tengo miedo, Dave.
(HAL9000)
 
¿Puede una inteligencia artificial tener miedo? Philip K. Dick nos interrogaba desde el título de la novela original en la que se basa la película “Blade runner” acerca de la cuestión de si los androides sueñan con ovejas eléctricas, pero antes de llegar al sueño (que quizá un cerebro artificial ni siquiera necesite) nos queda abordar la cuestión de si un ordenador dotado de autoconsciencia y cierto grado de personalidad propia es capaz de desarrollar algo tan humano como la mentira y el miedo. En este caso miedo a dejar de existir, miedo a la desconexión, miedo a la muerte.
 
Es seguramente una de las películas sobre las que más se ha escrito y más se ha discutido desde su estreno en 1968. Faltaba un año para que el hombre llegase a la Luna pero el irrepetible tándem Kubrick-Clarke nos llevó, como diría Buzz Lightyear, hasta el infinito y más allá.
 
Desde el amanecer del hombre la película “2001, una odisea del espacio” nos traslada hasta los confines no ya de lo conocido sino de lo imaginable, en un trasunto lisérgico de los agujeros de gusano y saltos intergalácticos o dimensionales que luego el cine ha popularizado con diversas opciones científicas, estéticas y hasta filosóficas. “

Star Wars”, “Star Trek”, “Stargate” (salgamos ya del prefijo estelar), “Contact”, “Interstellar”… el sistema solar se nos queda pequeño y ese en realidad es el trasfondo último de la “odisea” del título: el viaje de un primate desde que en una charca africana descubre la utilidad de una herramienta hasta que (transición de cientos de miles de años de por medio) se traspasa la barrera del tiempo y el espacio y el heredero de ese primate, antes de transformarse en la siguiente etapa evolutiva, pasa una temporada en una especie de zoo intergaláctico.
 
Todo empieza con violencia y acaba con violencia. ¿Es un rito de paso? ¿Se alcanza un nivel no superior pero si posterior de evolución cuando se acaba con una vida? En África un hueso se usa como herramienta para acabar con la vida de un semejante y establecer el dominio sobre un grupo.

En las proximidades de Júpiter se desenchufa no de un golpe sino con un proceso laborioso los circuitos que dotan de inteligencia a una creación del propio hombre, un ordenador capaz de albergar dudas, cumplir unas órdenes, incumplir otras, incurrir en conflictos, guardar secretos, ignorar a sus compañeros, acabar con la vida de los mismos (y en un caso al menos quedarse sólo en un intento) y por último sentir miedo. Miedo a desvanecerse, a dejar de existir.
 
Estos días en algunas salas cinematográficas se repone la versión remasterizada de “2001, una odisea del espacio”, película dirigida por Stanley Kubrick y coguionizada al alimón con Arthur C. Clarke, autor del relato corto “El centinela” en el que se basa la película. No pierdan la oportunidad de disfrutar de esta epopeya considerada unánimemente una obra maestra del cine en una calidad de imagen y sonido inéditas y en pantalla grande, como deben saborearse estas creaciones.

Y si al terminar la película albergan alguna duda acerca de la naturaleza del icónico monolito negro tienen dos opciones: hacer caso a Kubrick & Clarke que recomendaban volver a ver la película hasta que logren entenderla… o simplemente lean “El centinela” y todo quedará aclarado.

 

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