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¿Sólo Dios es santo o hay muchos santos y yo también puedo serlo?

© 1986 Túrelio (via Wikimedia-Commons)
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Dios brilla con luz propia y el cristiano brilla si le llega la luz divina, el secreto de la santidad humana está en la fe

Quisiera que explicaran bien el concepto de la santidad. Tengo a alguien cercano un poco escéptico que piensa que no hay santos, sólo Dios. Y justo en misa lo escuchó en el Gloria y me lo reclamó con seguridad: no hay santos en la tierra, sólo Dios, no hay que vivir para creerse santos o convertirse en santos. 

"Sed imitadores de Dios…, y vivid en el amor" (Ef 5,1-2).

En la oración del Gloria, decimos a Jesucristo: “Sólo Tú eres Santo”; es decir, sólo Dios es santo, la santidad es Dios mismo. La santidad es un atributo de la naturaleza de Dios e implica la absoluta perfección moral, infinita bondad, amor y misericordia.

En este sentido Dios es santo. Él es la fuente histórica de donde proviene toda santidad, como empieza la oración de consagración de la segunda plegaria eucarística: "Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad". Y como Dios es Trinidad, santo no es sólo Jesucristo, sino también el Padre y el Espíritu Santo.

Por tanto el único santo, es más, el único tres veces santo es Dios Trinidad; lo decimos en la misa: "Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria" (Isaías 6, 1-2).

El título predilecto de Dios para el profeta Isaías es "el Santo de Israel". También éste es el nombre propio de Dios como proclama la Santísima Virgen María en el Magníficat: "Su nombre es Santo".

Pero como la santidad divina es sólo de Dios, esa santidad no está a nuestro alcance, es inaccesible para nosotros. Bien lo dice el prefacio de la plegaria eucarística IV en catalán: “Porque Tu eres el único Dios vivo y verdadero que existes desde siempre y existirás eternamente y habitas en una luz inaccesible”. Él es Espíritu puro y nosotros tenemos mucho de materia, de terrenal; hay pues una tremenda distancia entre Él y nosotros, sus creaturas.

Pero tenemos un consuelo: la santidad de Dios se ha hecho carne, ha tocado nuestra naturaleza y ha venido a habitar entre nosotros como nos lo atestigua san Pedro: "Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69).

Por esto la santidad de Dios es absoluta y la del hombre es relativa; la santidad del ser humano no es la de Dios.
La santidad del ser humano es gozar de la santidad de Dios estando en comunión con Él en Jesucristo, la santidad humana depende de la de Dios, es irradiación de la santidad divina.

La santidad humana es como salir de una habitación oscurísima para dejarse iluminar, calentar y vivificar por la luz solar; sólo así veremos la realidad tal como es. La realidad plena no es lo que experimentamos encerrados en la habitación oscura. En otras palabras, Dios brilla con luz propia y el cristiano brilla si le llega la luz divina.

¿Por qué debemos ser santos? El motivo fundamental por el cual debemos ser santos es que Él, nuestro Dios y creador, es santo. La santidad es una especie de herencia, que los hijos debemos asumir.

Pero hay una diferencia entre esta herencia y la herencia de unos padres, pues en el caso de las herencias humanas los padres terrenales solamente dejan a sus hijos lo que materialmente tienen. Dios, por el contrario, transmite también lo que es. Él es santo y nos hace santos; Jesús es Hijo de Dios y nos hace hijos de Dios como Él.

Otro motivo es que el mismo Jesús nos dice: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5,48). Jesús, al pedirnos ser santos, es obvio que no nos pide que seamos iguales a Dios, sino que nos dejemos llenar de Dios a través suyo. Que todas las acciones sean respuesta a las inspiraciones de Dios, que sean el cumplimiento de la voluntad divina.

Y Jesús pide que tendamos a la perfección

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