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Papa Francisco: quien no sabe dialogar no obedece a Dios

© Antoine Mekary / Aleteia
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

Quien no sabe dialogar no obedece a Dios y quiere hacer callar a los que predican la novedad de Dios: es lo que ha afirmado el Papa en la misa de esta mañana celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta.
 
La liturgia de hoy nos habla de la obediencia. La obediencia, observa el Papa, “nos lleva muchas veces por un camino que no es el que nos gustaría, sino otro”. Obedecer es “tener la valentía de cambiar de camino cuando el Señor nos lo pide”. “Quien obedece tiene la vida eterna”, mientras que quien “no obedece, la ira de Dios cae sobre él”.

Así en la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles, los sacerdotes y los jefes ordenaron a los discípulos de Jesús que no predicasen más el Evangelio al pueblo: se enfadan, están “llenos de celos”, porque en su presencia sucedían milagros, el pueblo los sigue, “y el número de los creyentes crecía”. Los encarcelan pero por la noche el Ángel de Dios los libera y vuelven a anunciar el Evangelio. Detenidos e interrogados de nuevo, Pedro responde a las amenazas del sumo sacerdote: “Es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres”. Los sacerdotes no entienden nada.
 
“Estos eran doctores, habían estudiado la historia del Pueblo, habían estudiado las profecías, la ley, conocían toda la teología del pueblo de Israel, la revelación de Dios, sabían todo, eran doctores y fueron incapaces de reconocer la salvación de Dios. ¿Cómo es posible esta dureza de corazón? Porque no es dureza de cabeza, no es una simple testarudez. Es otra dureza. Podríamos preguntarnos: ¿cuál es el recorrido de esta testarudez total, de cabeza y corazón?”.
 
Quien no sabe dialogar, no obedece a Dios

“La historia de esta obcecación, el recorrido, destaca el Papa, es el de encerrarse en sí mismos, es el de no dialogar, de la falta de diálogo”. “Estos no sabían conversar, no sabían dialogar con Dios, porque no sabían rezar y escuchar la voz del Señor, y tampoco sabían hablar con los demás".

"‘¿Por qué interpretaban esto así?’. Solo interpretaban como era la ley para hacerla más precisa, pero estaban cerrados a los signos de Dios en la historia, estaban cerrados a su pueblo, a su propio pueblo. Estaban cerrados, cerrados. Y la falta de diálogo, esta cerrazón del corazón les ha llevado a no obedecer a Dios. Este es el drama de estos doctores de Israel, de estos teólogos de Dios: no sabían escuchar, no sabían dialogar. El diálogo se hace con Dios y con los hermanos”.
 
Quien no sabe dialogar quiere hacer callar a los que predican la novedad de Dios. Y el signo que revela que una persona “no sabe dialogar”, “que no está abierta a la voz del Señor, a los signos que el Señor hace en el pueblo”, afirma el Papa, es “la furia, la voluntad de hacer callar a los que predican, en este caso la novedad de Dios, es decir que Jesús ha resucitado. No tienen razón pero llegan a esto. Es un camino doloroso. Estos son los mismos que han pagado a los guardianes del sepulcro para que digan que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Hacen de todo para no abrirse a la voz de Dios”.
 
“Y en esta Misa rezamos por los maestros, los doctores, los que enseñan al pueblo de Dios, para que no se cierren, para que dialoguen y así se salven de la ira de Dios que, si no cambian de actitud, caerá sobre ellos”.
 

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