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¿Cuándo y cómo los celebrantes deben juntar las manos?

Jan Smith-cc
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Respuesta a la pregunta de un lector sobre el gesto del Papa Francisco de separar las manos de un monaguillo

Hace unos momentos vi en un video que el Papa Francisco le separó las manos a un monaguillo, ya que este las tenía palma con palma. ¿Por qué lo hizo? ¿Está mal que los monaguillos lleven así las manos? ¿Es propio de los ordenados llevar así las manos?

En la solemnidad de todos los fieles difuntos del año 2013, el Santo Padre el Papa Francisco visitó la cripta de la Basílica de San Pedro, para orar por sus antecesores. Justo al llegar saluda cariñosamente o con gran afecto a dos monaguillos que le esperaban “solemnemente”.
 
El uno lo esperaba sosteniendo la caldereta con el agua bendita y otro con sus manos juntas.
 
Al Papa, con extrañeza, le llama la atención el gesto de este segundo niño; y por esto el Papa le quiere separar las manos simple y llanamente porque no es un momento ni de oración, ni se está en misa ni se está en el presbiterio.

Además el Papa no quiere rigidez en las formas o formalismos (muchos de ellos) vacíos que a veces se hacen para aparentar; el Papa quiere espontaneidad, distensión, que todo fluya con naturalidad.

Tengamos en cuenta además que el niño no fue ni criticado ni reprendido por el Papa, al contrario. Es sencillamente una anécdota más de simpatía, de cercanía y de afabilidad del Papa pues luego de separar las manos del niño el Papa Francisco le dijo: "Ah, yo pensaba que te las habían encolado".
 
Este gesto del Papa es para reír y no creo que deba desatar una tormenta en un vaso de agua. Es como aquella anécdota cuando el Papa le dice al Rey Juan Carlos de España: “Los monaguillos primero” o los monaguillos van adelante.

Además, estar delante del Papa no da para tener las manos juntas, él no lo quiere.

Otra cosa, el momento que el Papa saluda a los niños no es una acción litúrgica, es sólo un acto de saludo y para saludar no hay o no debe haber demasiada carga ceremonial o protocolo y menos cuando se trata de un niño.

Esta historia da pie para entender el lenguaje de las manos, pues las manos hablan. La posición de las manos en la liturgia es importante por su significado.
 
El tener las manos juntas es propio única y exclusivamente de los momentos de oración; aunque no siempre se ora con las manos juntas.
 
Lo vemos, por ejemplo, durante la misa; en la misa no siempre hay que estar con las manos juntas.

Cuando se ora vemos manos juntas y plegadas sobre el pecho; manos que se golpean el pecho; manos elevadas y extendidas; manos que dan y reciben la paz; manos en forma de trono para recibir la comunión, etcétera.

Si no se dice otra cosa durante las procesiones y la celebración de la misa (en el presbiterio), las manos de los celebrantes y los ministros deben permanecer juntas; como se ve, no es el caso que nos ocupa.
 
Ahora bien, existen muchas formas de tener las manos juntas: hay quien las junta por debajo de la cintura, y hay quien entrecruza los dedos; en fin, hay distintas interpretaciones a esta rúbrica.

Hay imágenes, por ejemplo, donde observamos a los Maestros de Celebraciones Litúrgicas del Papa Pablo VI y del Papa Juan Pablo II que, durante la misa, no ponían las manos como las tenía el monaguillo en cuestión, sino que unían las palmas pero no los dedos, pues éstos se ponían sobre el costado de la palma de la otra mano.
 
El Papa sí tenía las manos juntas palma con palma y con los dedos pulgares en forma de cruz; el derecho sobre el izquierdo (la forma clásica).

¿A qué se debe ésta diferencia?  A que una cosa es ser el celebrante (quien tiene el papel activo en la celebración) y otra muy distinta ser el maestro de ceremonias (quien ayuda o sirve durante ésta).

Ahora bien, la liturgia consta de una parte inmutable por ser de institución divina (por ejemplo, la fórmula de la consagración), y de otras partes sujetas a cambio y que aún pueden y deben seguir cambiando. Y el Papa puede cambiar las cosas que no son de institución divina.

"Por esta razón, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprender fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria" (SC 21).

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