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​Del director de «Una familia de Tokyo», «La casa del tejado rojo»

© Shochiku Company/Sumitomo Corporation/TV Asahi
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Un relato pausado y artístico de las vivencias de una familia antes de que estallase la segunda guerra mundial

A sus 83 años, el laureado director japonés Yoji Yamada (Una familia de Tokio, 2013), ha entregado a la cinematografía para todos los públicos notables trabajos durante su larga carrera profesional, y ahora se adentra en un terreno desconocido en su 82ª película como director y escritor.

Con apabullante personalidad pone sobre el tapete una de sus películas más lúcidas, La casa del tejado rojo, en la que su mirada honesta y de sabio humanista asoma por todos los poros de la piel.

Se trata de ese venerable narrador de imágenes de relato pausado, muy en sintonía con el cine -valga la analogía- del oscarizado cineasta español José Luis Garci.
 
Recordemos que la temática preferente de los filmes de Yamada se circunscribe en torno a las relaciones familiares, como en nuestro país hacen con madurez y solvencia los realizadores Pedro Almodóvar o Gracia Querejeta.

En el caso que nos ocupa se trata de una propuesta de marcado carácter intimista que recoge los hondos acontecimientos del ser humano bajo los aspectos más triviales de nuestra vida cotidiana a través de poderosas miradas y de calculadas charlas.

Y Yoji Yamada lo hace en La casa del tejado rojo con harta simplicidad al adentrarse, y aquí está la novedad, en los secretos de familia, en un elevado tono poético cuyo guión, por cierto, está basado en la novela superventas de Kyoko Nakajima Chiisai ouchi, ganadora del Premio Naoki en 2010 -el más prestigioso en Japón-.

La película se estrena en salas españolas de la mano de Golem Distribución.

Ambientada en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, el filme muestra la vida cotidiana de una pequeña y humilde familia que vive en Tokio.

La historia arranca cuando Takeshi encuentra una colección de diarios que escribió su ya difunta tía Taki Nunomiya. A través de esos íntimos escritos, tanto la joven Takeshi como el espectador, irán conociendo los hechos que experimentaron sus familiares antes de que estallase la guerra.
                 
Yamada explora con sabiduría la condición humana, principalmente la de aquellas personas que han amado y que han sufrido como consecuencia de ese amor, con una sencillez deslumbrante, que no deja de ser una buena manera de encarar el asunto en los tiempos modernos.

La película fue bien recibida en el Festival de Berlín del año pasado, donde pudo alzarse con el premio a la Mejor Actriz, que fue a parar a las manos de Chieko Baisho.

Además, el realizador de El ocaso del samurái (2002) se apoya en otras grandes actrices como Hary Kuroki -galardonada
con el premio a la Mejor Actriz en el pasado Festival de Cine de Berlín- o Takao Matsu, a las que mueve por la escena como cualquier don permita.

Cuenta para el apartado técnico con el prolífico compositor y director de orquesta japonés Joe Hisaishi, responsable de más de 100 bandas sonoras y considerado uno de los artistas más importantes de todo oriente, y con un rodaje, prácticamente filmado en su totalidad en interiores, para reconstruir los corazones rotos, tejidos con el buen hacer del mejor artesano.

Y es que Yoji Yamada también quiere ofrecer algunos destellos de hacia dónde está encaminado el cine del Japón actual.

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