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«San Juan Pablo II ha transformado la teología sobre el matrimonio»

© Yu Wei Lin CC
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Entrevista al director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia, Justo Aznar

El Director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia, el doctor Justo Aznar, habla sobre el potencial constructivo contenido en la encíclica de san Juan Pablo II, cuyo vigésimo aniversario se celebró en Roma el pasado 24 de marzo. Destaca la relación que existe actualmente entre la comunidad científica mundial y los principios contenidos en la Encíclica, y propone varios caminos que en un futuro podrán encontrarse.

En su opinión, ¿cómo han sido recibidas en el mundo científico internacional las enseñanzas presentes en la encíclica Evangelium Vitae? ¿Cuál es la situación actual?
 
Creo que la aceptación de los contenidos del Capítulo IV, y en general toda la encíclica Evangelium Vitae, por el mundo científico ha sido muy limitada, pues no cabe duda que en este ámbito predominan los valores de una ética utilitarista que tiende a disociar la naturaleza biológica de la persona humana intrínseca en su dignidad, ética muy alejada de los principios ontológicos de la encíclica.

No hay más que recordar cómo se contemplan en el mundo científico temas como el aborto, la regulación dela fertilidad humana, la procreación asistida, la contracepción de emergencia, el diagnóstico genético preimplantacional, el uso de células madre embrionarias para investigaciones biomédicas, la clonación humana, las nuevas técnicas de transferencia mitocondrial, la eutanasia de adultos y de recién nacidos, el suicidio asistido y tantos otros.

En todos ellos, la actitud de investigadores, instituciones científicas y revistas especializadas está muy alejada de las propuestas de la Evangelium Vitae.
  
Para usted, ¿De qué partes de la encíclica debería tomar conciencia la sociedad de manera más urgente?
 
Promover la defensa de la vida humana en cuanto a sus fundamentos científicos, antropológicos, filosóficos y teológicos se refiere.

Creo que, además de las acciones concretas que se están llevando a cabo para proteger la maternidad y la dignidad de la vida humana al principio y final de la misma, hay que promover una gran campaña cultural y científica para incorporar al pensamiento dominante los argumentos fundamentales en favor de la vida.

También hay que intentar introducirse en los principales foros internacionales del pensamiento para promover en ellos acciones favorables a la vida humana.

Creo que es fundamental tratar de cambiar la tendencia anti-vida que en este momento predomina en la sociedad. Para ello, estimo esencial que el pensamiento católico no quede encerrado en sí mismo, sino que se abra al dialogo intercultural. Hay que salir a las periferias del pensamiento.

¿Cuál es la aportación específica que su universidad ofrece a la defensa y promoción de la vida?

Con independencia de una defensa de la vida humana transversal en la gran mayoría de los contenidos docentes de los distintos grados que en nuestra Universidad Católica se imparten, pienso que hay dos acciones que conviene destacar, la labor desarrollada por el Instituto de Ciencias de la Vida, órgano de investigación y docente propio de nuestra Universidad y el programa denominado “Capacitas”, dirigido a promover una cultura, tanto desde el punto de vista teórico como practico, favorable al mundo de los discapacitados.

En relación con el Instituto de Ciencias de la Vida son muchas las acciones que desarrolla, pero entre ellas cabe destacar: el Master en Bioética, que ya va por su IX Edición, y por el que han pasado más de 300 profesionales de diferentes campos del saber; la extensión de este Master a Cuba, en su VII edición y que ya ha formado a más de 400 personas de ese país y que en palabras de un destacado representante eclesiástico cubano, es la primera vez en cincuenta años que la Iglesia católica en Cuba ha podido dar un título docente oficial.  

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