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La oración y el diálogo han cambiado la historia

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Entrevista con Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio

¿Quién es Andrea Riccardi? Para quien se interesa un poco en mundo asociativo católico o sigue la actualidad vaticana, su nombre es conocido.

Nacido en 1950, su nombre es conocido, en primer lugar, por haber sido en 1968 el fundador de la Comunidad de San Egidio: un nombre que refleja la plaza homónima sita en el Trastevere; y desde 1973 su sede está en el adyacente antiguo convento de las carmelitas. 

La Comunidad, presidida desde 2003 por el historiador Marco Impagliazzo, está muy comprometida en el servicio a los pobres, marginados, minusválidos, inmigrantes y presos, en Roma y en diversos lugares del mundo.

Además, promueve la educación en pro de la paz en el ámbito escolar y, en estos últimos años, ha sido protagonista en la resolución de varios conflictos sangrientos como, por ejemplo, en Mozambique. 

Tampoco es casualidad que el pasado 20 de febrero  la canciller alemana Angela Merkel quisiera, tras mantener unas reuniones en el Vaticano, acudir durante una hora a un encuentro en San Egidio. Una parte fundamental de la actividad de la Comunidad es la promoción –incluso a través de grandes congresos anuales– del diálogo ecuménico (sus relaciones con el mundo ortodoxo son muy estrechas) e interreligioso (mantiene sólidos vínculos con el mundo judío). 

Andrea Riccardi es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Roma 3, especializado en la Historia de la Iglesia y del Papado y fue ministro de Cooperación y Desarrollo en el Gobierno de Mario Monti.

El pasado domingo 22 de marzo fue elegido presidente de la Sociedad Dante Alighieri. Nos recibe en San Egidio, en el jardín que da al Salón de Actos, en el cual se está hablando –todo un hito- de diálogo interreligioso entre católicos y musulmanes chiíes; estos últimos están representados por nada menos que diez dignatarios procedentes de un Oriente Medio de donde –hoy más que nunca– surgen no pocas preocupaciones. El tema que abordamos con nuestro interlocutor es el de las novedades aportadas a las formas y contenidos de la diplomacia vaticana desde que irrumpió en la escena pontificia Jorge Mario Bergoglio, un jesuita argentino que quiso llamarse Francisco.

Profesor Riccardi, antes de abordar el tema de la actual diplomacia pontificia, ¿nos podría aclarar que entiende usted cuando oye que se define a Francisco como el “Papa de las periferias”?

Creo que el discurso sobre las periferias expresa una importante intuición del Papa: nuestro nuevo mundo, globalizado, es un mundo  urbano y de periferias, en el cual tanto la ciudad como la sociedad en su conjunto se están convirtiendo en periferias. Es necesario volver a empezar desde ese punto de partida. Lo de ir a salir hacia las periferias no me parece que sea una intuición evangélica, sino más bien una estrategia pastoral del Papa. 

Además, hasta la fecha sus viajes por Europa se han caracterizado por la aplicación de esta estrategia.

El pasado 21 de marzo, el Papa estuvo en Nápoles en una jornada muy intensa de encuentros, baños de multitudes y de palabras impactantes…

En el contexto de la estrategia antes citada Nápoles ha sido una etapa muy importante ya que ha sido la primera ciudad europea a la que ha viajado; es una ciudad que se sitúa entre el gran sur de Río y de Buenos Aires y el gran norte de París. Nápoles tiene todas las características de gran ciudad del mundo global.

Asimismo, Francisco ha sido definido como el Papa de la misericordia y no es casualidad que haya convocado el Año Santo de la Misericordia…

Pablo VI observó que la espiritualidad del Concilio ecuménico Vaticano II estaba muy bien representada por la parábola del Buen Samaritano. Ahora, la convocatoria del Año Santo de la Misericordia significa invitar a todo el pueblo a pasar a través de la Puerta de la Misericordia. Es una gran intuición pastoral, es decir, una gran intuición del pueblo.

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