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Jubilación: ¿Y ahora qué hago?

© Chris JL / Flickr CC
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11 sugerencias prácticas

¿Qué voy a hacer con tanto tiempo libre? ¿Para qué voy a servir ahora? ¿A qué me voy a dedicar? ¿De qué voy a vivir? Estas son algunas de las dudas que surgen cuando llega el momento de la jubilación, una etapa en la que se pueden descubrir mil maneras para ser útiles a la sociedad, dedicando tiempo para amar, servir y ayudar a todos aquellos que nos necesiten.

Sin embargo, muchas personas ven este momento sólo desde el punto de vista de la pérdida de ingresos, del status social y de la identidad profesional. Sienten que su vida queda un tanto vacía, lo que les impide vivir plenamente esta etapa llena de oportunidades para el crecimiento y el desarrollo personal.

Diversos estudios señalan que si la llegada de la jubilación no se ve de forma positiva puede generar angustia por la incertidumbre del futuro, depresión por la soledad y sensación de abandono por las personas y los objetos con los que se tuvo contacto durante años.

El P. Rubén Sánchez Olmos, director de la  Fundación Cáritas para el Bienestar del Adulto Mayor, explica que la manera como se vive este momento depende mucho de la preparación previa, porque algunas personas reducen la vida productiva al empleo que, si bien es cierto es necesario para subsistir, muchas veces se convierte en un refugio, en una forma de huir de la realidad, de la familia y de los problemas.

Explicó que la gente vive esta etapa con mucho miedo, porque siente que si pierden la identidad del trabajo, también pierden el sentido de su existencia, lo cual no es real.

Indicó que lo más importante es descubrir que el valor de la persona no está en el trabajo y ver la jubilación como una oportunidad de descubrir otros campos de la vida productiva, a lo mejor no remunerada, pero sí solidaria; de establecer un lazo más fuerte con la familia, de realizar algunas actividades que antes no se podía por falta de tiempo.

“No debemos olvidar que depende de nosotros enfrentar los sentimientos negativos y encontrar la fortaleza para darle una orientación positiva a esta nueva etapa de la vida”, apuntó.

Desde el punto de vista de la fe, destacó que la espiritualidad es una gran oportunidad para descubrir el verdadero valor de la existencia.

“Cuando descubrimos la presencia de Dios vemos la vida como un regalo, la espiritualidad se traduce en un estilo de vida que nos lleva a buscar la dimensión trascendente, a saber si queremos pasar de este mundo como una persona que se encerró en sí misma, que no fue capaz de multiplicarse, o como una persona que se esforzó por ser feliz, por compartir su alegría, su existencia”.

El P. Sánchez Olmos considera que la Iglesia es un espacio muy rico en oportunidades para las personas que se enfrentan a la jubilación, una de ellas es profundizar en la fe mediante estudio de Teología o Biblia.

Agregó que muchos hombres y mujeres, después de esa formación, se convierten en catequistas, proclamadores de la Palabra, Ministros de la Eucaristía, animadores de la Pastoral Social… “la vida espiritual puede tener un abanico tan grande como nos lo propongamos”.

Recordó que cuando era niño había una señora de 83 años que trabajaba en el mercado y siempre decía: ‘no me quiero morir sin leer la Biblia. “Esto es una muestra de que lo importante es la motivación, no dejar que la desesperanza y el desamor llenen nuestro corazón, no dejar de buscar nuevos caminos”.

¿Qué hacer con nuestro tiempo?

El P. Sánchez Olmos invita a las personas que se encuentran en este dilema a no dejar que la desesperanza sea más fuerte que la posibilidad de amar y de servir, porque “en la medida que nos demos la oportunidad de compartir y de ser solidarios abriremos brechas que ni nosotros mismos habíamos pensado”.

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