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Papa Francisco a la comunidad internacional: “No permanezca inerte»

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Bendición «Urbi et Orbi» y llamamiento por la paz en el mundo y por los cristianos perseguidos

El Papa Francisco felicitó este domingo 5 de abril la Pascua y envió su mensaje Urbi et Orbi, con un especial recuerdo para todos los que sufren, para los que son perseguidos y los que viven en guerra. Durante su intervención, el Obispo de Roma hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que “no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria y los numerosos refugiados”.

“Jesucristo ha resucitado. El amor ha derrotado al odio. La vida ha vencido a la muerte”, comenzó su mensaje el Papa Francisco, que explicó cómo “Jesucristo, por amor, se ha despojado de su gloria divina, ha asumido la figura de siervo hasta la muerte en la cruz”.

En su parte más pastoral del mensaje, el Papa mostró cómo Jesús nos indica el camino de la vida y de la felicidad y destacó, una vez más, que esta vía es “la humildad que comporta la humillación”. “Este es el camino que conduce a la gloria, sólo quien se humilla puede ir hacia Dios”.

Precisamente sobre el orgullo y la humildad, el Papa Francisco explicó que “el orgulloso mira de arriba a abajo, el humilde de abajo a arriba” y pidió por que los cristianos sigan teniendo “el valor humilde del perdón”.

El sufrimiento de los hermanos perseguidos

El Papa Francisco continuó su mensaje acordándose de todos los que sufren y pidió la paz para Siria e Irak, “ para que cese el fragor de las armas y se restablezca la buena convivencia”. Sobre estos países, el Papa pidió a la comunidad internacional que “no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria y los numerosos refugiados”.

"Recemos por los que son perseguidos por su fe y por los que sufren injustamente las consecuencias de la guerra", continuó el Papa, implorando la paz también para "todos los habitantes de Tierra Santa”.

Tuvo un especial recuerdo también para Sudan del Sur, Nigeria y otros países que sufren violencia y guerra y pidió por “Ucrania y todos los que están sufriendo este sangriento conflicto”, por “las víctimas de los traficantes de droga y de armas” y por “los marginados, enfermos, los niños que sufren violencia”.

Mensaje de la Bendición "Urbi et Orbi"

Queridos hermanos y hermanas Jesucristo ha resucitado.

El amor ha derrotado al odio, la vida ha vencido a la muerte, la luz ha disipado la oscuridad. Jesucristo, por amor a nosotros, se despojó de su gloria divina; se vació de sí mismo, asumió la forma de siervo y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz. Por esto Dios lo ha exaltado y le ha hecho Señor del universo. Jesús es el Señor.

Con su muerte y resurrección, Jesús muestra a todos la vía de la vida y la felicidad: esta vía es la humildad, que comporta la humillación. Este es el camino que conduce a la gloria. Sólo quien se humilla pueden ir hacia los «bienes de allá arriba», a Dios (cf. Col 3,1-4). El orgulloso mira «desde arriba hacia abajo», el humilde, «desde abajo hacia arriba».

La mañana de Pascua, advertidos por las mujeres, Pedro y Juan corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Entonces, se acercaron y se «inclinaron» para entrar en la tumba. Para entrar en el misterio hay que «inclinarse», abajarse. Sólo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino.

El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer… Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos.

Esto no es debilidad, sino autentica fuerza. Quién lleva en sí el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor.

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