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Dos millones de personas presenciaron la Pasión de Cristo en el oriente de la Ciudad de México

© Eneas de Troya
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Casi cinco mil actores tomaron parte en esta representación

Hace 172 años comenzó la representación de la Pasión de Cristo en un populoso barrio al oriente de la enorme Ciudad de México, en aquél entonces todavía concebida como “la región más trasparente del aire” y ahora una de las ciudades más contaminadas del mundo.

Ayer Viernes Santo, a casi dos siglos de haber iniciado este complejo entramado de religiosidad popular y fe católica, de verismo y teatralidad, poco más de dos millones de personas se dieron cita en todo el pasaje del Calvario hasta la cima del Cerro de la Estrella, en donde el hombre que representó a Jesús fue crucificado.

Casi cinco mil actores –sin duda muchos más que los que participaron directamente en el juicio y el vía crucis, y desde luego más de los que estuvieron en la crucifixión—tomaron parte en esta representación que no está basada en los textos bíblicos pero tampoco es una puesta en escena teatral, sino que ha ido conformándose con el tiempo en una Pasión “a la mexicana”.

Al varón que hizo de Jesús, cuya preparación comienza desde el mes de enero pasado, le rodearon dos mil nazarenos que apuntaron sus pesadas cruces de madera hacia él cuando a las 4:30 de la tarde “expiró” en lo alto del Cerro de la Estrella.

La Pasión de Iztapalapa no se ahorra absolutamente ninguno de los momentos del relato: desde el Domingo de Ramos (que se celebró el domingo pasado) hasta la turbamulta que le exige a Pilatos que suelte a Barrabás. 

Al finalizar, el cielo se nubló

La jornada comenzó ayer a las 8 de la mañana con todo el juicio de Pilatos, su lavatorio de manos, su enfrentamiento con el pueblo, los azotes a Cristo, su presentación como “Ecce Homo” y, desde luego, el largo y tortuoso camino hacia el Gólgota, en este caso el Cerro de la Estrella. 

El Cristo de Iztapalapa recorre dos kilómetros desde el Jardín Cuitláhuac hasta la punta del promontorio. Cabe señalar que, según los historiadores, los antiguos habitantes del Valle de México se referían a este sitio como Huizachtecatl. Este lugar fue muy importante para los aztecas, pues en él se efectuaba la ceremonia del Fuego Nuevo, un rito fundamental en la concepción mitológica de los antiguos señores de estas tierras y que, paradójicamente, se celebra también la noche del Sábado Santo entre los cristianos, con el triunfo de Jesús sobre las tinieblas y la muerte. 

En esta ocasión, el honor de representar a Jesús en su Pasión le correspondió a Daniel, un joven originario del propio barrio de Iztapalapa quien fue cargando una cruz de 90 kilos de peso, elaborada en el taller de la familia Juárez, que lo ha hecho los últimos 40 años.

El tenor mexicano Fernando de la Mora interpretó el Ave María en el Cerro de la Estrella, mientras el cuerpo de Jesús, ya sin vida, seguía en la cruz. Luego, fue bajado y llevado al "santo sepulcro". Y como cada año sucede, el cielo del oriente de la Ciudad de México se nubló. Quizá también en señal de luto.

 

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