Aleteia

Viernes Santo, Papa Francisco: “La Cruz de Cristo no es una derrota, es amor”

Il Vaticanese
Comparte

En las meditaciones del Vía Crucis, Jesús habla en primera persona a los pobres, los niños explotados y los cristianos perseguidos

El Papa Francisco ha presidido la Vía Crucis este 03 de abril en el Coliseo de Roma en ocasión de la celebración de la Pasión del Señor. “La Cruz de Cristo no es una derrota: la Cruz es amor y misericordia” tuiteó el Papa en las vísperas.  
 
Los textos de las meditaciones y de las oraciones propuestas este año para las estaciones de la Vía Crucis han sido preparados por monseñor Renato Corti, Obispo emérito de Novara, Italia.
 
Jesús habló en primera persona en las meditaciones y su voz ha sido eco de los que padecen varios sufrimientos, entre ellos, los cristianos perseguidos, las familias en dificultad y los niños explotados. 

Al final, el Papa Francisco realizó la siguiente meditación sobre la Pasión: 

La Cruz […]es el cumplimiento definitivo de la revelación y de la historia de la Salvación. El peso de tu cruz, Señor, nos libera de todos nuestros pesos.
 
De tu obediencia a la voluntad del Padre, nosotros podemos darnos cuenta de nuestra rebelión y desobediencia.
 
En ti vendido, traicionado, puesto en el crucifijo por tu gente y tus seres queridos, nosotros vemos nuestras cotidianas traiciones y nuestras frecuentes infidelidades.
 
De tu inocencia y tu corazón inmaculado, nosotros vemos nuestra culpabilidad.
 
En tu rostro golpeado, escupido, desfigurado, nosotros vemos la brutalidad de nuestros pecados.
 
En la crueldad de la Pasión, nosotros vemos la crueldad de nuestro corazón y de nuestras acciones.
 
En tu sentimiento de abandono, nosotros vemos a todos los abandonados por la familia, la sociedad, a los que sufren la falta de atención y solidaridad.
 
En tu cuerpo sacrificado, vilipendiado, martirizado,  nosotros vemos los cuerpos de nuestros hermanos abandonados en las calles, desfigurados por nuestra negligencia.
 
En tu sed Señor, nosotros vemos la sed de tu Padre misericordioso que en ti ha querido abrazar, perdonar y salvar a toda la humanidad.
 
En tu divino amor, vemos a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe, muchas veces bajos nuestra mirada  y silencio cómplice. 

Señor, cubre nuestros corazones de sentimientos de fe, de esperanza, de caridad, de dolor por nuestros pecados y llévanos a arrepentirnos de los pecados que te han llevado a la crucifixión.
 
Llévanos a trasformar nuestra conversión hecha de palabras en conversiones de vida y de obras.
 
Llévanos a custodiar en nosotros un recuerdo vivo de tu rostro desfigurado para no olvidarnos jamás del incalculable precio que has pagado para liberarnos.
 
Jesús crucificado, refuerza en nosotros la fe, que no se derrumbe de frente a las tentaciones. Revive en nosotros la esperanza, que no se pierda siguiendo las seducciones del mundo.
 
Defiende en nosotros la caridad, que no se deje engañar de la corrupción y la mundanidad.
 
Enséñanos que la Cruz es el camino de la redención, qué el Viernes Santo es el camino hacía la luz.
 
Enséñanos que Dios no olvida jamás a ninguno de sus hijos y no se cansa jamás de perdonarnos y de abrazarnos con su infinita misericordia.
 
Enséñanos también a no cansarnos nunca de pedir perdón y de creer en la misericordia sin límites del Padre.
 
Alma de Cristo santifícanos, Cuerpo de Cristo sálvanos, Sangre de Cristo embriáganos, Agua del costado de Cristo báñanos, Pasión de Cristo confórtanos, Oh querido bondadoso Jesús escúchanos.
 
Dentro de tus plagas escóndenos, no permitas que nos separemos de ti, del enemigo maligno defiéndenos.
 
En la hora de nuestra muerte llámanos y ordena que nosotros vengamos a ti hasta que te alabemos junto a los santos por los siglos de los siglos. Amén. 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.