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El Peor Cansancio es Cansarse de Uno Mismo, Papa a Sacerdotes en Misa Crismal

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Abril 2, 2015 | Jueves Santo

En su ministerio como Obispo de Roma, el Papa Francisco se ha reunido en la Basílica de San Pedro con los sacerdotes de su diócesis para celebrar la tradicional Misa Crismal de Jueves Santo,renovar juntos sus promesas sacerdotales y bendecir los santos óleos para todas las parroquias. 

El Santo Padre centró su homilía en el cansancio que representa el ministerio sacerdotal. Reconoció que “la tarea de ungir al pueblo fiel – de Dios – es dura, nos lleva al cansancio y a la fatiga. Lo experimentamos en todas sus formas: desde el cansancio habitual de la tarea apostólica cotidiana hasta el de la enfermedad y la muerte e incluso a la consumación en el martirio”.

Franciso señaló que piensa y ruega a menudo por el cansancio de todos los sacerdotes, de manera especial cuando él mismo se siente cansado. Advirtió también acerca de las cosas que pueden provocar cansancio: La gente, las multitudes, los enemigos de los cuales hay que defender el rebaño y el cansancio a uno mismo.

Tras ahondar en los tres primeros motivos de cansancio, el Papa en su acostumbrado tono jocoso, advirtió: "Y por último – último para que esta homilía no los canse demasiado – está también «el cansancio de uno mismo»". Y destacó que es este quizás el más peligroso de los cansancios " porque los otros dos provienen de estar expuestos, de salir de nosotros mismos a ungir y a pelear (somos los que cuidamos). En cambio, este cansancio, es más auto-referencial; es la desilusión de uno mismo pero no mirada de frente, con la serena alegría del que se descubre pecador y necesitado de perdón, de ayuda: este pide ayuda y va adelante. Se trata del cansancio que da el «querer y no querer», el haberse jugado todo y después añorar los ajos y las cebollas de Egipto, el jugar con la ilusión de ser otra cosa. A este cansancio, me gusta llamarlo «coquetear con la mundanidad espiritual». Y, cuando uno se queda solo, se da cuenta de que grandes sectores de la vida quedaron impregnados por esta mundanidad y hasta nos da la impresión de que ningún baño la puede limpiar. Aquí sí puede haber cansancio malo. La palabra del Apocalipsis nos indica la causa de este cansancio: «Has sufrido, has sido perseverante, has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor» (2,3-4).

Así pues, según Francisco el cansancio más peligroso para un sacerdote es este cansancio a uno mismo, que equivale en su opinión a coquetear con la mundanidad espiritual. No es coincidencia que en el rito de la renovación de las promesas sacerdotales, el obispo pregunta a sus presbíteros  – entre otras cosas  – si están dispuestos a vivir más unidos al Señor Jesús, negándose a sí mismos. El sacerdote que vive a manos llenas su vocación, debe sistemáticamente negarse a sí mismo si es que en verdad quiere parecerse a su Señor. Si decir "No" a uno mismo una sola vez cuesta trabajo a cualquier persona  – pensemos lo difícil que resulta para muchos rechazar un pastelillo –, negarse todos los días, de manera intencional, debe por fuerza ser desgastante con el tiempo.

Por eso, el Papa ve necesario el buen descanso para que los sacerdotes recuperen el aliento y logren perseverar hasta el final. Así, en su homilía propuso también una guía para aprender a descansar de las tareas sacerdotales:

"Tengamos bien presente que una clave de la fecundidad sacerdotal está en el modo como descansamos y en cómo sentimos que el Señor trata nuestro cansancio. ¡Qué difícil es aprender a descansar! En esto se juega nuestra confianza y nuestro recordar que también somos ovejas y también necesitamos del pastor, que nos ayude. Pueden ayudarnos algunas preguntas a este respecto.

¿Sé descansar recibiendo el amor, la gratitud y todo el cariño que me da el pueblo fiel de Dios? O, luego del trabajo pastoral, ¿busco descansos más refinados, no los de los pobres sino los que ofrece el mundo del consumo? ¿El Espíritu Santo es verdaderamente para mí «descanso en el trabajo» o sólo aquel que me da trabajo? ¿Sé pedir ayuda a algún sacerdote sabio? ¿Sé descansar de mí mismo, de mi auto-exigencia, de mi auto-complacencia, de mi auto-referencialidad? ¿Sé conversar con Jesús, con el Padre, con la Virgen y San José, con mis santos protectores amigos para reposarme en sus exigencias – que son suaves y ligeras –,  en sus complacencias – a ellos les agrada estar en mi compañía –, en sus intereses y referencias – a ellos sólo les interesa la mayor gloria de Dios –? ¿Sé descansar de mis enemigos bajo la protección del Señor? ¿Argumento y maquino yo solo, rumiando una y otra vez mi defensa, o me confío al Espíritu Santo que me enseña lo que tengo que decir en cada ocasión? ¿Me preocupo y me angustio excesivamente o, como Pablo, encuentro descanso diciendo: «Sé en Quién me he confiado»(2 Tm 1,12)?"

En la Santa Misa, El Obispo de Roma ha bendecido el Óleo de los Enfermos, con que se administra la unción de los enfermos; y el Óleo de los Catecúmenos, con que son ungidos quienes han recibido el bautismo. También ha consagrado el Santo Crisma, con que son ungidos quienes reciben los sacramentos del bautismo y confirmación. De igual manera, son ungidas con el Crisma las manos del nuevo sacerdote para consagrarlas a la santificación de las almas y a la ofrenda del sacrificio de Cristo. También con el Crisma se unge la frente de los obispos al recibir el Episcopado. Finalmente, los altares de las iglesias nuevas son ungidos por el obispo con este Crisma.

El Santo Crisma está compuesto por aceite de oliva, que representa la fortaleza, y por un bálsamo que le da una fragancia exquisita, que representa el suave olor de la vida cristiana.

¡Apasiónate por nuestra fe!

Mauricio I. Pérez
www.semillasparalavida.org
 

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